Nueve de cada diez personas en América Latina considera que el desperdicio de alimentos es un problema relevante. Es un consenso casi unánime en México, Chile, Argentina y Colombia. Y sin embargo, ese consenso no está cambiando lo que pasa en la cocina: según el Segundo Informe Regional sobre Percepción del Desperdicio de Alimentos de Cheaf, quienes califican el problema como «crítico» tiran comida al menos una vez por semana casi en la misma proporción (39.6%) que quienes lo consideran poco relevante, con 38%. La diferencia entre ambos grupos es de apenas 1.6 puntos porcentuales.

Es el hallazgo central de la segunda edición del estudio liderado por Cheaf, la plataforma que conecta a comercios con excedentes de alimentos tales como supermercados, restaurantes y panaderías, con consumidores dispuestos a comprarlos a precio reducido, que este año amplió su muestra a más de 4,500 respuestas y sumó por primera vez a Colombia junto a México, Chile y Argentina, los tres países que ya habían medido en 2025.

Uno de los principales hallazgos de esta nueva medición es que la conciencia sobre el desperdicio de alimentos ya está instalada en la región: el 91% de las personas encuestadas lo considera un problema al menos relevante, mientras que un 19% lo califica como “crítico”. Sin embargo, esta preocupación no parece ser suficiente para modificar las conductas cotidianas. Solo un 12% afirma no tirar comida nunca, mientras que un 33% reconoce hacerlo una o dos veces por semana y otro 6% dice desperdiciar alimentos con mayor frecuencia.

“El principal desafío que vemos este año es que la conciencia ya no es el problema. Las personas saben que desperdiciar alimentos tiene consecuencias ambientales, sociales y económicas, pero eso no necesariamente cambia lo que ocurre en la cocina o al momento de comprar. La pregunta ahora es cómo hacemos que la opción de no desperdiciar sea también la opción más fácil”, explica Kim Durand, fundador y CEO de Cheaf.

Esta brecha entre preocupación y comportamiento es uno de los resultados más significativos de la investigación. Entre quienes consideran que el desperdicio de alimentos es un problema “crítico” o “muy relevante”, un 40% reconoce desperdiciar comida semanalmente, una cifra prácticamente idéntica al 38% registrado entre quienes le asignan una menor importancia. A esto se suma que las campañas de concientización aparecen entre las medidas menos priorizadas por las personas: solo un 9.5% las menciona.

“Esto nos muestra que no solo estamos frente a un problema de falta de información, sino también de falta de facilitadores. Una cosa es saber que desperdiciar alimentos está mal y otra es contar con información, herramientas y alternativas que permitan actuar de manera diferente. Ahí es donde las soluciones concretas pueden cerrar la brecha entre lo que pensamos y lo que hacemos”, sostiene Durand.

El bolsillo entra con fuerza en la conversación sobre desperdicio

La investigación también revela que el contexto económico de los distintos países de la región está teniendo un impacto directo en la manera en que las personas compran y aprovechan los alimentos. El 54% de los encuestados señala que el alza de los precios de los alimentos fue el principal factor que influyó este año en sus decisiones de compra, muy por encima de otros factores como las promociones, el clima o la falta de tiempo. En Chile, esta cifra llega incluso al 62%, mientras que en México alcanza el 59%. Argentina reporta el mayor golpe al ingreso disponible (32% dice que su presupuesto cayó) y Colombia es el país más sensible a las promociones por volumen (30%).

México, además, es el único de los cuatro países donde lo que más termina en la basura no son frutas y verduras, sino comida ya preparada y sobrantes, un patrón que el estudio detalla país por país. Este escenario abre una nueva dimensión para las estrategias de reducción del desperdicio: ya no se trata únicamente de una preocupación ambiental y/o ética, sino también de una oportunidad económica para hogares y comercios.

“En un contexto en que los alimentos son cada vez más relevantes para el presupuesto de las familias, desperdiciar comida significa también desperdiciar dinero. Por eso creemos que rescatar alimentos, acceder a productos con descuento o encontrar alternativas para aprovechar excedentes puede generar un círculo virtuoso: las personas ahorran, los comercios recuperan valor y, al mismo tiempo, evitamos que alimentos que todavía pueden consumirse terminen en la basura”, plantea el CEO de Cheaf.

La encuesta muestra, además, que algunas prácticas habituales de compra pueden contribuir directamente al desperdicio: las ofertas tipo 2×1 son el principal detonante de sobrecompra en la región, reconocido por 43% de las personas, y quienes caen en ellas tiran comida cada semana en mayor proporción que quienes no (36%).

Asimismo, frente a un producto próximo a su fecha de vencimiento o consumo preferente, un 37% afirma que lo compraría únicamente si tiene descuento, mientras que solo un 9% declara adquirirlo con la intención de conservarlo. Estos datos reflejan que existe una disposición relevante a utilizar el descuento como una forma de aprovechar alimentos próximos a su fecha.

Durand señala que estos datos muestran que el consumidor ya entiende y acepta el descuento como una forma de aprovechar alimentos próximos a su fecha. “El desafío para el retail es convertir esa oportunidad en una estrategia sistemática, acompañándola de información que facilite la conservación y el consumo. No se trata solamente de vender un producto más barato, sino de evitar que un alimento termine convertido en desperdicio”, indica.

Supermercados, en el centro de las expectativas

Cuando se pregunta quién debería resolver el problema, la respuesta es contundente en los cuatro países: 74% señala a los supermercados y grandes cadenas, muy por encima de gobiernos (33%) u hogares (37%). Pero esa exigencia convive con un vacío casi total de información: sólo 4.6% de las personas encuestadas dice conocer si existen leyes contra el desperdicio en su país, y 82% no considera claras las reglas para donar, vender con descuento o rescatar alimentos antes de que se pierdan.

Lo que sí queda claro es cómo prefiere la región que se resuelva: con incentivos, no con castigos. 52% pide estímulos para que los negocios donen o rescaten alimentos; apenas 10% pide multas a las grandes empresas.

“Hay una expectativa muy clara hacia las empresas, particularmente hacia el retail, pero también hay una señal respecto de cómo la sociedad quiere que se aborde este desafío: con incentivos y herramientas que permitan actuar, más que solamente con sanciones. Para nosotros, eso significa avanzar desde la conversación sobre el problema hacia la construcción de soluciones que hagan posible rescatar y redistribuir alimentos a una escala mucho mayor”, concluye Durand.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *