Fotoautomat llega a la Ciudad de México para revivir la magia de la fotografía analógica y transformar cada instante en un recuerdo.

Desde hace casi dos siglos, la fotografía ha sido una de las formas más poderosas de conservar memorias. En el marco del Día Mundial de la Fotografía “19 de agosto”, Fotoautomat celebra esa historia con una propuesta que recupera el encanto de las tradicionales cabinas fotográficas.

En una época en la que millones de fotografías se almacenan en dispositivos móviles y pocas llegan a imprimirse, Fotoautomat propone una pausa para volver a experimentar el ritual de entrar a una cabina, correr la cortina, posar frente a la cámara y esperar, con emoción, el instante en que una tira fotográfica aparece revelada. Un proceso sencillo que convierte unos cuantos segundos en un recuerdo que puede conservarse durante toda la vida.

Ubicada en Sadi Carnot 98, colonia San Rafael, la cabina reúne historia, diseño y fotografía en un mismo lugar. Su propuesta recupera una tradición que marcó a distintas generaciones y la presenta a un nuevo público que hoy encuentra en lo analógico una forma más auténtica de crear y compartir momentos.

Una historia que cruzó continentes

El origen de Fotoautomat comenzó durante un viaje por Nueva York y Florencia, donde una visita a una cabina fotográfica despertó una pregunta: ¿por qué una experiencia tan icónica había desaparecido de las calles de México?

La respuesta dio inicio a una búsqueda que terminó en Västervik, Suecia, donde fue encontrada la cabina fotográfica análoga. Sin imaginar el camino que recorrería, la máquina emprendió un viaje hasta la Ciudad de México para comenzar una segunda vida.

Bautizada como Lupita, llegó con importantes daños después del traslado. Durante cinco meses fue restaurada cuidadosamente mediante un proceso artesanal que implicó desmontar piezas, realizar ajustes mecánicos, trabajar con químicos fotográficos y superar innumerables pruebas hasta devolverle su funcionamiento original.

Hoy, Lupita vuelve a hacer aquello para lo que fue creada hace más de un siglo: capturar momentos reales y convertirlos en recuerdos impresos. Un legado que comenzó con el inventor Anatol Josepho, creador de la primera cabina fotográfica automática, y que ahora encuentra un nuevo capítulo en México.

Más que una fotografía

Cada sesión produce una tira de fotografías irrepetible, creada mediante un proceso completamente análogo en el que cada imagen conserva pequeñas variaciones que la hacen única. Sin filtros, sin ediciones y sin repeticiones, cada retrato refleja la espontaneidad del momento.

Con una estética retro y un espíritu contemporáneo, Fotoautomat busca convertirse en un punto de encuentro para amantes de la moda, el arte, la música, el diseño y la cultura urbana, consolidándose como una de las experiencias creativas más originales de la Ciudad de México.

Porque hay recuerdos que no fueron hechos para quedarse en una pantalla, sino para conservarse entre las manos y acompañarnos toda la vida.

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