México genera cada año entre 1.1 y 1.5 millones de toneladas de residuos eléctricos y electrónicos (RAEE), equivalentes a cerca de 12 kilogramos por habitante. Este volumen coloca al país entre los principales generadores de residuos electrónicos de América Latina y evidencia la necesidad de fortalecer su recolección, aprovechamiento y disposición adecuada.

El desafío crece a medida que aumenta el número de dispositivos utilizados en hogares, empresas, industrias e instituciones. A escala mundial, la generación de residuos electrónicos alcanzó 62 millones de toneladas y solo 22.3% fue documentado como formalmente recolectado y reciclado, de acuerdo con el Global E-waste Monitor 2024, elaborado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y UNITAR.

Este escenario cobra especial relevancia cada 14 de octubre, Día Internacional de los Residuos Electrónicos, una iniciativa que busca generar conciencia sobre la reutilización, reparación, recuperación y reciclaje de los aparatos eléctricos y electrónicos que llegan al final de su vida útil.

En empresas, industrias, instituciones y espacios públicos, el crecimiento de la infraestructura tecnológica amplía también el reto de gestionar adecuadamente los equipos durante todas sus etapas de uso. Radios de comunicación, cámaras de videovigilancia, monitores, pantallas, equipos de grabación, sistemas de alarma y otros dispositivos forman parte de sistemas que requieren mantenimiento, actualización y, eventualmente, sustitución para responder a nuevas necesidades de seguridad, conectividad y operación.

Para Jonathan Morera, director general de Radiosys, el reto no consiste únicamente en determinar qué hacer con un equipo cuando deja de funcionar, sino en gestionar correctamente toda su vida útil. “Cuando hablamos de tecnología también tenemos que hablar de su ciclo de vida. Un equipo que recibe mantenimiento adecuado, que se utiliza de acuerdo con sus capacidades y que puede actualizarse tiene mayores posibilidades de permanecer operativo durante más tiempo. En infraestructura crítica, como la radiocomunicación o la seguridad electrónica, esto además permite mantener la continuidad de las operaciones y aprovechar mejor las inversiones realizadas”.

El manejo de estos residuos representa además un desafío ambiental. En México, la NOM-161-SEMARNAT-2011 incluye diversos aparatos eléctricos y electrónicos dentro de los residuos de manejo especial sujetos a planes de manejo. Una disposición inadecuada puede ocasionar que materiales con potencial de aprovechamiento terminen como desechos y que determinados componentes que requieren tratamiento especializado generen impactos ambientales.

El potencial de recuperación depende del tipo de dispositivo, de sus componentes y del proceso de reciclaje utilizado. Como referencia internacional, la regulación europea sobre residuos de aparatos eléctricos y electrónicos establece objetivos mínimos de recuperación de entre 75% y 85% del peso de los equipos, dependiendo de su categoría. Más que una tasa aplicable de manera uniforme, estos parámetros muestran el potencial que existe para recuperar materiales cuando los residuos son sometidos a procesos adecuados de tratamiento y valorización.

Sin embargo, la recuperación de materiales representa apenas una parte de la solución. Antes de sustituir una infraestructura completa, las organizaciones pueden evaluar alternativas como el mantenimiento preventivo, la actualización de equipos, la integración de nuevos componentes o la renovación gradual de determinados dispositivos.

“La innovación tecnológica no necesariamente significa desechar todo lo que ya existe. Una estrategia adecuada permite identificar qué equipos todavía pueden mantenerse operativos, cuáles pueden actualizarse y cuáles realmente necesitan ser sustituidos. Para las empresas, esta visión ayuda a equilibrar seguridad, desempeño, inversión y responsabilidad ambiental”, explicó Vania Arroyo, directora estratégica de Radiosys.

La evolución de las soluciones tecnológicas permite incorporar nuevas funcionalidades, mejorar capacidades de monitoreo y comunicación e integrar diferentes sistemas. Por ello, la planeación de la infraestructura puede considerar desde su diseño aspectos como escalabilidad, mantenimiento, compatibilidad y vida útil, con el propósito de reducir sustituciones innecesarias y aprovechar durante más tiempo los recursos instalados.

La gestión de los residuos electrónicos implica, además, una responsabilidad compartida entre fabricantes, distribuidores, empresas usuarias, instituciones y consumidores. El reto comienza mucho antes de que un aparato se convierta en residuo y está relacionado con las decisiones de compra, mantenimiento, actualización y disposición que se toman durante todo su ciclo de vida.

Para Radiosys, avanzar hacia una gestión más responsable de la tecnología requiere cambiar la perspectiva sobre la renovación de infraestructura.

“La tecnología puede ser parte de la solución cuando se piensa de manera integral. Elegir equipos adecuados para cada operación, mantenerlos, actualizar la infraestructura cuando sea posible y establecer procesos responsables para los dispositivos que llegan al final de su vida útil permite reducir desperdicios y, al mismo tiempo, construir sistemas tecnológicos más eficientes y duraderos”, concluyó Morera.

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