A 45 años de su fundación, Pronatura México inicia una nueva etapa para ampliar las soluciones de conservación que han demostrado funcionar. Las preocupaciones ambientales también han cambiado: a la protección de especies y ecosistemas se suma la urgencia de reducir riesgos climáticos que afectan el agua, las comunidades y las actividades económicas. Preparar los territorios para los próximos 45 años exige reconocer a la naturaleza como una infraestructura esencial y adaptar la conservación a condiciones climáticas cambiantes.
Esta necesidad cobra relevancia ante pronósticos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) indican que fenómenos como El Niño podría alcanzar una intensidad muy fuerte, con una probabilidad cercana al 100% de persistir hasta febrero de 2027, alterando los patrones de lluvia y temperatura y aumentando el riesgo de fenómenos extremos. Aunque es un fenómeno natural, hoy sus efectos se combinan con el calentamiento global. México ya registró en 2024 su año más cálido o el segundo más cálido, según el conjunto de datos utilizado.
Las consecuencias económicas del deterioro ambiental refuerzan la necesidad de actuar. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), los costos por agotamiento y degradación ambiental en México ascendieron a 1.34 billones de pesos en 2023, equivalentes a 4.2% del PIB. Pronatura combina ciencia y conocimiento territorial con imágenes satelitales, drones y análisis de datos para identificar riesgos y orientar acciones antes de que se conviertan en pérdidas.
“Después de 45 años, hemos aprendido que conservar la naturaleza significa proteger las condiciones que hacen posible nuestra vida. Las necesidades de las próximas décadas exigirán soluciones que evolucionen con los riesgos climáticos y fortalezcan las capacidades de las comunidades. Nuestro siguiente paso es llevar lo que funciona a una escala mayor, combinando ciencia, conocimiento local, tecnología y alianzas para proteger el agua, los territorios y los medios de vida”, afirmó Kathy Gregoire, directora ejecutiva de Pronatura México.
En el marco de esta celebración, Pronatura invitó a Francisco Estrada Porrúa, investigador titular del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM, miembro del Consejo de Cambio Climático del Gobierno Federal (C3) y especialista en las causas y consecuencias económicas del cambio climático, quien, desde una perspectiva científica, abordó los principales retos que plantea el cambio climático y la importancia de fortalecer el papel de las organizaciones de la sociedad civil frente a estos desafíos.
Al respecto Estrada Porrúa, comentó: «Estamos observando en ocho años cambios que antes tomaban 80, con sequías más prolongadas y episodios de lluvias más intensos. Esa velocidad exige que México articule la mitigación y la adaptación bajo una meta de daños netos cero: reducir emisiones, prevenir pérdidas y compensar los impactos que persistan. Cada decisión de política climática debe evaluarse por su capacidad para proteger a las personas, los ecosistemas y la economía, y por los beneficios que puede generar para las comunidades»
La naturaleza también es infraestructura
El agua muestra con claridad esta relación. Antes de llegar a una vivienda, una industria o un campo de cultivo, su disponibilidad depende de procesos naturales que ocurren en bosques, suelos, humedales y cuencas, como la captación de lluvia, la infiltración y la regulación de escurrimientos.
En México, más de 40% del territorio y casi una tercera parte de la población están expuestos a amenazas naturales como huracanes, tormentas, inundaciones, terremotos y erupciones volcánicas, de acuerdo con el Banco Mundial. Además, cerca de 30% del PIB está expuesto a tres o más amenazas naturales.
A escala global, Swiss Re estima que las catástrofes naturales generaron 220 mil millones de dólares en pérdidas económicas durante 2025, de las cuales 107 mil millones estuvieron aseguradas.
Llevar las soluciones que funcionan a una escala mayor
Durante el encuentro se presentaron casos del portafolio de Pronatura que muestran cómo la conservación, la adaptación y la regeneración atienden retos concretos: Alianzas Climáticas, que trabaja con productores de Michoacán y Xochimilco para fortalecer sus capacidades productivas y el uso eficiente del agua; Sierra de Guadalupe Resiliente, donde Pronatura ha entregado las primeras 18 presas filtrantes de un sistema proyectado de 80, como parte de acciones orientadas a retener agua de lluvia y favorecer su infiltración; y “Al rescate de las Ciénegas y la Mascarita del Lerma”, que vincula la recuperación de esta ave endémica con la conservación del humedal del que depende.
La organización considera que una solución ambiental sólo puede sostenerse en el tiempo cuando quienes habitan los territorios cuentan con las capacidades, herramientas y condiciones necesarias para mantenerla. Por ello Pronatura busca fortalecer la participación de las comunidades como protagonistas de las estrategias de conservación y adaptación.
Esta visión adquiere relevancia frente a la brecha mundial de financiamiento climático. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) estima que los países en desarrollo necesitarán entre 310 mil millones y 365 mil millones de dólares anuales para adaptación hacia 2035, mientras que el financiamiento público internacional destinado a adaptación fue de apenas 26 mil millones de dólares en 2023.
Para Pronatura, el reto es pasar de proyectos aislados a modelos de conservación que puedan replicarse, escalarse y medirse, con alianzas que integren al sector privado, comunidades, instituciones académicas y otros actores.
Después de 45 años, la organización plantea así una nueva etapa: utilizar la ciencia, los datos y la tecnología para ampliar el impacto de la conservación y demostrar que proteger la naturaleza también significa proteger el agua, reducir riesgos, fortalecer comunidades y preservar el capital natural del que depende el desarrollo del país.
