Cuando se restringen otros canales para la discusión, la expresión artística puede convertirse en un territorio donde el registro histórico, la reflexión crítica y la intervención ciudadana encuentran nuevas posibilidades. Esta idea articuló el conversatorio Libertad en resistencia, realizado en la Galería Metropolitana de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), como parte del programa público de la exposición Estados de confinamiento. El arte relacional de Luis Manuel Otero Alcántara.
Moderado por la doctora Grethel Domenech Hernández, la sesión reunió a la historiadora del arte y activista Yanelys Núñez Leyva, la investigadora Hilda Landrove, la doctora Yissel Arce Padrón, coordinadora general de Difusión de la UAM, y al doctor Henry Eric Hernández, subdirector de Artes Visuales de la Galería Metropolitana, para analizar cómo las prácticas creativas pueden preservar el recuerdo colectivo, fortalecer el tejido colectivo y abrir los espacios de autonomía.
Yanelys Núñez compartió el origen del Museo de la Disidencia, fundado en 2016 con el propósito de recuperar historias ausentes y propiciar la actividad entre creadores, periodistas y activistas. Aquella iniciativa dio paso a proyectos colaborativos que privilegiaron el intercambio de nociones, el trabajo colectivo y los procesos creativos compartidos como formas de involucramiento colectivo.
Desde ese proceso, explicó que las intervenciones en el espacio común, el uso de redes sociales y la colaboración con las comunidades buscaron acercar estas propuestas a la vida cotidiana. Más que producir obras, esas acciones aspiraban a crear lazos y demostrar que la actividad artística también puede operar en una forma de organización.
Esa dimensión colectiva fue retomada por la doctora Landrove, quien planteó que la creación adquiere un significado especial cuando disminuyen las posibilidades de intervenir en el debate. En entrevista, sostuvo que este lenguaje conserva la facultad de propiciar conversaciones, compartir procesos e imaginar otras maneras de comprender el entorno.
«En contextos donde hay pocas oportunidades de accionar en el discurso público, las manifestaciones creativas tienen ese rol fundamental de incidir en el imaginario de la sociedad y cuentan con herramientas para poner en circulación distintos planteamientos».
Durante la sesión de preguntas, la doctora Arce Padrón recordó que conoció el trabajo de Luis Manuel Otero Alcántara desde 2013, antes de que alcanzara proyección internacional. A partir de esa vivencia, resaltó la solidez conceptual de una obra que se apropia de símbolos muy arraigados en la cultura cubana para replantear sus significados y proponer otras lecturas de su entorno.
Añadió que una de las principales aportaciones del artista consiste en trasladar su trabajo fuera de los espacios tradicionales. Al ocupar calles, plazas y otros escenarios cotidianos, sus intervenciones invitan a personas ajenas a los circuitos culturales a participar en una experiencia compartida.
En ese mismo sentido, Henry Eric Hernández consideró que el Movimiento San Isidro trascendió el ámbito artístico al generar un análisis sobre la responsabilidad de creadores e intelectuales frente a las problemáticas comunitarias de su tiempo.
Para Landrove, ese potencial de formular preguntas constituye uno de los mayores aportes de la creación. Más que ofrecer respuestas definitivas, desafía certezas, invita a observar el presente desde perspectivas distintas y mantiene viva la ruta de imaginar futuros diferentes, incluso en los escenarios más complejos.
