El pollo se ha consolidado como una de las principales fuentes de proteína animal para las familias mexicanas. De acuerdo con datos del Consejo Mexicano de la Carne, México se mantiene entre los mayores consumidores de carne de pollo en el mundo, con un consumo per cápita superior a los 34 kilogramos anuales. Sin embargo, detrás de cada producto que llega a la mesa existe un factor determinante que pocas veces es visible para el consumidor: una buena nutrición de las aves.
La alimentación representa entre el 60% y 70% de los costos de producción en una granja avícola y es uno de los elementos que más influyen en el desempeño de las aves, su bienestar y la calidad final de la carne. Una estrategia nutricional adecuada permite optimizar el crecimiento, fortalecer la salud intestinal, mejorar la conversión alimenticia y favorecer características que el consumidor asocia con calidad, como la uniformidad, la apariencia (color) y la frescura del producto.
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la demanda mundial de proteína animal continuará creciendo durante las próximas décadas, impulsando la necesidad de sistemas productivos más eficientes, sostenibles y capaces de maximizar el aprovechamiento de los recursos, contexto sobre el cual, la nutrición animal juega un papel estratégico para responder a las necesidades alimentarias futuras.
De cara a esto, ADM desarrolla programas de nutrición animal diseñados para acompañar cada etapa de crecimiento de los pollos de engorda, incorporando ingredientes funcionales y tecnologías que contribuyen a mejorar el desempeño productivo, la resiliencia de las aves y la calidad final del producto, donde, a partir de compuestos bioactivos naturales de origen vegetal, ayudan a fortalecer la salud intestinal y el desempeño fisiológico de las aves, favoreciendo una producción más eficiente y alineada con las necesidades actuales de la industria.
«La nutrición es mucho más que alimentar a un ave para que crezca. Hoy representa una herramienta integral que permite mejorar la salud, la eficiencia productiva y la calidad del producto final. Cada nutriente, ingrediente funcional y programa alimenticio tiene un impacto directo en lo que finalmente recibe el consumidor», señala el doctor Ángel Ornelas, gerente de Nutrición para Avicultura y Acuicultura en ADM México.
Uno de los atributos que mejor refleja la relación entre nutrición y calidad es la pigmentación de la piel del pollo. En regiones como el centro y sureste de México, los consumidores suelen asociar una coloración amarilla uniforme con frescura, calidad y buena alimentación del ave.
“Esta pigmentación se obtiene a partir de carotenoides naturales presentes en ingredientes de origen vegetal como el maíz, la alfalfa o la flor de cempasúchil. En nuestras soluciones las integramos a través del alimento, donde estos compuestos son absorbidos por el organismo del ave y depositados en la piel, picos, tarsos y los tejidos grasos, contribuyendo a la apariencia característica que demanda el mercado”, acota el doctor.
Sin embargo, hay otros factores a considerar, como la salud intestinal, la condición de las materias primas, el manejo productivo, el control de enfermedades y la conservación adecuada del alimento, lo que influye directamente en la capacidad de las aves para absorber y aprovechar los nutrientes, lo que resalta a la alimentación como uno de los pilares más importantes para alcanzar estándares elevados de calidad.
En un contexto donde la seguridad alimentaria, la sostenibilidad y la calidad son prioridades crecientes para productores y consumidores, la nutrición animal continuará desempeñando un papel fundamental para garantizar el acceso a proteínas de alta calidad y contribuir al futuro de la alimentación.

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