La pérdida de biodiversidad, la presión sobre los recursos naturales y los efectos del cambio climático están transformando la manera en que las empresas deben entender su relación con la naturaleza. Lo que antes se consideraba un tema ambiental hoy representa un factor económico que influye en la estabilidad de las cadenas de suministro, los costos operativos y la competitividad en los mercados internacionales.

“Las empresas ya no están frente a un tema exclusivamente ambiental. La naturaleza es parte de la infraestructura económica que sostiene sus operaciones: ignorar esta relación incrementa la exposición a riesgos, mientras que integrarla fortalece la competitividad en el mediano y largo plazo. Esa transformación requiere pasar de las declaraciones a la medición y la mejora continua”, señaló Javier Herrero, director ejecutivo de Sistema B México.

Movimiento B destaca que las empresas necesitan evolucionar de modelos enfocados únicamente en reducir impactos hacia estrategias que integren la gestión del capital natural y la regeneración de los ecosistemas como parte de su modelo de negocio.

Los nuevos estándares de la Certificación de Empresas B elevan el nivel de exigencia al requerir avances medibles en acción climática, gestión ambiental y mejora continua.  Estos estándares ofrecen un marco más robusto para que las organizaciones midan, gestionen y fortalezcan su desempeño ambiental, social y de gobernanza, contribuyendo a fortalecer la resiliencia de sus operaciones, reducir riesgos y facilitar su acceso a mercados cada vez más exigentes.

“Los nuevos estándares de la Certificación de Empresas B ofrecen un marco más robusto para medir, gestionar y mejorar ese desempeño con criterios transparentes y verificables”, agregó Herrero.

Estos estándares requieren que las empresas certificadas cuenten con un plan de acción climática alineado al límite de 1.5 °C, evalúen y reduzcan sus impactos ambientales en toda su cadena de valor, y establezcan metas de mejora continua a tres y cinco años. Con ello, las organizaciones cuentan con un marco más sólido para fortalecer la resiliencia de sus operaciones, responder a las expectativas de clientes e inversionistas y competir en mercados internacionales cada vez más exigentes.

De acuerdo con el Foro Económico Mundial, más de la mitad del PIB mundial —equivalente a alrededor de 44 billones de dólares en valor económico— depende, en mayor o menor medida, de los servicios que provee la naturaleza, como el agua, los suelos fértiles, la polinización, la regulación del clima y la biodiversidad. Esta dependencia está comenzando a redefinir la forma en que las empresas evalúan riesgos y oportunidades de crecimiento.

En el marco del Día Mundial de la Conservación de la Naturaleza, Movimiento B subraya que la relación entre economía y naturaleza ya no puede abordarse como dos dimensiones separadas. En un entorno donde los riesgos ambientales se traducen en riesgos financieros y operativos, la gestión del capital natural se está consolidando como un factor determinante de competitividad.

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