El creciente auge del ajolote como símbolo cultural, turístico y comercial de la Ciudad de México es una oportunidad para visibilizar su relevancia, pero también implica riesgos relacionados con la desinformación, la mercadotecnia excesiva y el comercio irresponsable, advirtió el doctor José Antonio Ocampo Cervantes, jefe del Centro de Investigaciones Biológicas y Acuícolas de Cuemanco (CIBAC) de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

En entrevista, detalló que la Casa abierta al tiempo impulsa programas de protección desde hace más de tres décadas a través del CIBAC y como parte de estos esfuerzos se trabaja en la liberación de cerca de 800 ejemplares del Ambystoma mexicanum en el Lago Huetzalin del Parque Ecológico de la demarcación, con el objetivo de establecer un grupo reproductor en condiciones silvestres.

El proyecto es resultado de más de tres años de monitoreo ambiental para evaluar aspectos como calidad del agua, disponibilidad de alimento y viabilidad del entorno natural y la meta es hacerlo hacia finales de este año, antes del inicio de la temporada reproductiva.

“Si se consigue que sobreviva entre 10 y 20 por ciento será un logro muy importante porque podrían reproducirse y contribuir al restablecimiento de poblaciones silvestres”, indicó.

La iniciativa cuenta con el respaldo de la empresa farmacéutica Boehringer Ingelheim por medio de donaciones, así como con la colaboración académica del doctor Alfredo Cruz Ramírez del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), quien participa en estudios sanitarios y de variabilidad genética de las colonias mantenidas por la Universidad.

Sobre el fenómeno de la denominada “ajolotización”, señaló que aunque su imagen es utilizada en campañas publicitarias, artículos  e imágenes, esta popularidad no siempre se traduce en beneficios para su salvaguarda.

“Muchas personas ubican al anfibio mexicano por videojuegos, caricaturas o productos promocionales, esto no implica que conozcan su situación real en la naturaleza ni los problemas que enfrenta su ecosistema”.

Uno de los principales peligros, añadió, es que el aumento en la demanda de especímenes como mascotas incentive la captura ilegal o su adquisición sin conocer los cuidados especializados que requieren, de ahí la importancia de adquirirlos en unidades de manejo autorizadas por la Dirección General de Vida Silvestre, donde se garantiza su procedencia  y adecuada crianza.

El doctor Ocampo Cervantes puntualizó que pese a que el anfibio de Xochimilco (Ambystoma mexicanum) se encuentra catalogado en peligro de extinción, no significa que la especie desaparezca a nivel biológico en el corto plazo, ya que existen colonias en laboratorios, acuarios y organismos de labor científica de distintas naciones del mundo.

“El verdadero riesgo es la extinción ecológica de las poblaciones silvestres y de su hogar original. Si desaparecen los espacios donde vive, se pierde un elemento fundamental del patrimonio biológico y genético de México”.

El investigador recordó que nuestro país alberga 17 especies, de las cuales 16 son endémicas. Si bien la mayor parte de la atención pública se concentra en el ejemplar de esa alcaldía, otras variedades permanecen poco estudiadas y enfrentan amenazas similares.

Entre los principales factores que han provocado su disminución se encuentran la pérdida y fragmentación del hábitat, la reducción de cuerpos de agua, la contaminación, el uso de plaguicidas y la introducción de fauna invasora.

Para el especialista, su preservación depende de la protección de los humedales de Xochimilco, Tláhuac y zonas aledañas. Asimismo, hizo un llamado a la ciudadanía para adoptar prácticas responsables durante sus visitas a estas áreas naturales y evitar actividades que contribuyan al deterioro ambiental.

“El ajolote es un símbolo de identidad nacional, pero su conservación no depende de que aparezca en más objetos o campañas, sino de que logremos preservar los sistemas ecológicos donde aún sobrevive de manera silvestre”, expuso el experto.

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