Azoteas, balcones, jardineras, huertos y escuelas se transforman en refugios capaces de proporcionar alimento y protección a distintas formas de vida, señaló la ingeniera agrónoma Blanca Estela Montiel Avilés en el marco del taller Diseño de jardines para polinizadores en espacios urbanos, impartido en la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

La especialista explicó que estas intervenciones no buscan solo una composición ornamental, sino establecer sistemas vivos sobre superficies cubiertas por concreto.

Abejas, colibríes, lagartijas, chinches, tijeretas, hormigas, libélulas, abejorros, avispas, mariposas, polillas, escarabajos, moscas florícolas y murciélagos requieren condiciones particulares para nutrirse, protegerse o reproducirse.

Insectos y aves enfrentan una crisis derivada del crecimiento metropolitano, la destrucción de hábitats, la reducción de especies botánicas y la fragmentación ambiental, advirtió la ponente.

Su desaparición alteraría el equilibrio ecológico, disminuiría la riqueza biológica y afectaría la formación de semillas, frutos y cultivos esenciales para la nutrición humana. Pese a ello, persiste poca conciencia acerca de la gravedad del problema.

La creación de rincones con vegetación en lugares pequeños constituye una alternativa viable para restaurar el patrimonio natural. Cada instalación funciona como fuente de provisiones, abrigo y cobijo para organismos locales.

El montaje no exige flores costosas ni especies comerciales. Conviene elegir ejemplares con corolas abiertas, colores visibles, aromas intensos, racimos abundantes, resistencia climática y adaptación al entorno.

El polen aporta proteína; el néctar, energía. Asimismo, la exposición solar ayuda a regular la temperatura de algunos visitantes alados.

Además recomendó planear una floración escalonada que garantice recursos en todas las estaciones, agrupar tres o más plantas iguales en puntos separados, combinar alturas y formar señales visuales accesibles.

Estas áreas deben incorporar sombra parcial, recipientes poco profundos con agua limpia, piedras para posarse y puntos resguardados del viento o la lluvia.

La integración de tales elementos contribuye al rescate y la revitalización del paisaje citadino. “Las ciudades también pueden prosperar”, afirmó.

El encuentro cerró la séptima edición de las Actividades para el Fortalecimiento del Aprendizaje en las Ciencias Biológicas y de la Salud, desarrolladas con la participación de personas egresadas que regresaron a las aulas para compartir experiencias profesionales.

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