xr:d:DAF-KGMQHDY:167,j:362960578448120167,t:24030609

La obesidad es una enfermedad crónica que afecta a millones de personas en todo el mundo y que sigue en aumento debido a factores sistémicos que van más allá de las decisiones individuales. Según la ENSANUT, en México cerca de 80 millones de adultos tienen sobrepeso u obesidad, y la prevalencia de esta enfermedad ha crecido casi 58 por ciento en los últimos 23 años. Hoy, el país ocupa el quinto lugar en el mundo en obesidad, lo que la convierte en un problema urgente de salud pública.

Los sistemas oficiales de salud han fallado, no es culpa del individuo, es el mensaje que la World Obesity Federation (WOF) ha definido para este 4 de marzo, Día Mundial de la Obesidad. Factores como el acceso limitado a tratamientos, políticas de salud insuficientes y la falta de regulación sobre información de tratamientos efectivos han perpetuado la crisis.

El Dr. Simón Barquera, presidente de la World Obesity Federation, señaló que “es momento de dejar de culpar a las personas y dirigir la atención hacia los cambios estructurales necesarios para combatir esta enfermedad de manera integral”.

Se informó que la automedicación es otro reto en el contexto actual, que ha llevado a muchas personas a recurrir a soluciones riesgosas sin supervisión médica. Por ello, es fundamental no dejarse llevar por tendencias en redes sociales o soluciones que prometen resultados rápidos sin evidencia o con baja experiencia científica sobre todo en la seguridad. La salud no debe ponerse en juego con recomendaciones genéricas o automedicación.

Consultar a un profesional de la salud comprometido con la obesidad no solo con las comorbilidades asociadas, es la única manera de recibir un tratamiento seguro, efectivo y accesible, adaptado a las necesidades de cada persona.

El médico es el único profesional capacitado para evaluar los riesgos y definir el tratamiento adecuado para cada paciente con obesidad. La automedicación, especialmente con fármacos no indicados por un profesional, puede tener consecuencias graves, sobre todo en personas con enfermedades metabólicas o cardíacas.

La revista The Lancet, en su más reciente definición de obesidad, distingue dos tipos con necesidades específicas: la obesidad clínica, que implica daños en órganos o limitaciones funcionales y requiere tratamiento correctivo; y la obesidad preclínica, en la que aún no hay complicaciones, pero existe un alto riesgo de desarrollar enfermedades, por lo que el enfoque debe ser la prevención y el acompañamiento médico.

«Las guías de tratamiento deben ser una herramienta de apoyo, no una camisa de fuerza. El verdadero desafío radica en combinarlas con un enfoque clínico personalizado, donde cada paciente reciba la atención que realmente necesita, sin caer en tratamientos rígidos y poco accesibles», afirma el Dr. Ricardo Luna. miembro comisionado en Lancet para la Definición y Criterios diagnósticos de obesidad clínica, informó que considerar únicamente a la obesidad puede llevar a una evaluación incorrecta del exceso de grasa corporal y por lo tanto a tratamientos inadecuados, afectando tanto a quienes viven con este problema como a la sociedad. “La obesidad no es una condición homogénea, por lo tanto, se requiere de un enfoque personalizado. Mientras algunos pacientes solo requieren cambios en el estilo de vida, otros pueden necesitar medicamentos, cirugías u otras intervenciones”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *