Como parte de las labores de salvamento arqueológico en las obras del Tren de Pasajeros Ciudad de México-Querétaro, la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), consolida el análisis de los materiales recuperados en los 226.4 kilómetros del trayecto del sistema de transporte, mediante tres laboratorios especializados.
La secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, destacó que el salvamento arqueológico requiere una mirada de largo plazo. “Los materiales recuperados durante la construcción del Tren México-Querétaro están siendo estudiados por especialistas del INAH, para conocer cómo vivían, se relacionaban y se desplazaban las sociedades que habitaron esa región. Dar continuidad a esta investigación es una responsabilidad pública con nuestro patrimonio y con el conocimiento que podemos generar a partir de él”.
El coordinador del proyecto de salvamento, Víctor Francisco Heredia Guillén, explicó que se ha estudiado entre 60 y 70 por ciento del material cerámico, lítico y óseo, recuperado en alrededor de 140 sitios registrados, hasta el momento, a lo largo de la ruta, entre los que destacan El Venado (77), Ignacio Zaragoza (30) y Tula (17), Hidalgo, y Vista Real (28), en San Juan del Río, Querétaro, entre otros.
El Laboratorio de Cerámica, ubicado en la localidad de El Salto (Melchor Ocampo), municipio de Tepeji del Río de Ocampo, Hidalgo, se encarga de analizar los materiales para conocer su procedencia, temporalidad relativa, contexto y uso, y así determinar qué ocurrió en el sitio donde se encontraron y el tipo de relaciones sociales que pudo haber entre las personas que los elaboraron y utilizaron.
Participan 14 arqueólogos, a cargo de Fabiola de la Rosa Lozano, con Gustavo Nieto, Yatzín Montiel, Ana Karen Vázquez y Ana Karen Cabrera como cabezas de equipo. Se han registrado y examinado 3,800 bolsas con tiestos correspondientes a platos, cajetes, molcajetes, tecomates, ollas, urnas, malacates y figurillas, cuya datación abarca del Preclásico Tardío (400-100 a.C.) al Posclásico Tardío (1200-1521 d.C.).
Las culturas de procedencia son la teotihuacana, tolteca y mexica, con importante ocupación en la zona, y de regiones como el occidente, el Bajío, la Costa del Golfo y la Huasteca.
Asimismo, se han recuperado 308 piezas completas (vasijas, platos, patojos, vasos, jarras y cajetes efigie), procedentes de los sitios Ignacio Zaragoza, de filiación teotihuacana, y Tula, de las culturas tolteca y mexica en su parte más tardía. También, se han analizado 459 figurillas, las más comunes del tipo Mazapa (700-950 d.C.).
El Laboratorio de Antropología Física, en el ejido de Ignacio Zaragoza, en Tula de Allende, Hidalgo, resguarda los restos óseos de individuos recuperados en campo, para determinar su edad, sexo, patologías y huellas de actividad.
Conformado por cuatro especialistas, está a cargo del antropólogo físico José Manuel Cervantes Pérez, quien informó que se conservan los restos de 121 individuos, que se encontraron distribuidos en 78 entierros y 12 ofrendas, provenientes de Ignacio Zaragoza, Tula, y Vista Real. Del total se han analizado 48, de los cuales 39 corresponden a adultos y nueve a subadultos, es decir, menores de 21 años.
Tras la limpieza de los huesos, se restauran aquellos que puedan aportar datos en el análisis bioantropológico, lo que ha permitido identificar fracturas o huellas de inserción muscular para determinar las posibles actividades que realizaban los individuos. Asimismo, se han observado modificaciones culturales como modelados craneales y limado en los dientes superiores en algunos casos.
En el Laboratorio de Lítica, a cargo del arqueólogo Cuitláhuac Héctor Jiménez Valerio, se estudian objetos para conocer las actividades diarias de los antiguos habitantes de la región, prácticas rituales y funerarias, así como el tipo de materiales que utilizaban para el corte, desgaste, caza, alimentación, molienda o preparación de alimentos.
Localizado en Tula de Allende, en él trabajan ocho arqueólogos que han analizado más de 11,000 piezas, como puntas de proyectil, navajillas, raspadores, cuchillos, buriles y núcleos de sílex y obsidiana negra, verde, dorada y gris, procedente de yacimientos como Sierra de las Navajas (Hidalgo) y Otumba (Estado de México).
En cuanto a la lítica pulida se han encontrado metates, manos de metate, hachas, pulidores y un alisador de paredes, el cual se usaba para los encalados y enlucidos de los edificios, aún con rastros de cal; mientras que en la parte de lapidaria se han registrado cuentas y teselas de piedra verde y azul. Además, se han recopilado objetos malacológicos univalvos y bivalvos, procedentes del Golfo de México y el océano Pacífico.
