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Aprender a administrar el dinero no debería comenzar con el primer sueldo, la primera tarjeta de crédito o la primera deuda. Para Prestadero, la primera comunidad de préstamos entre personas por Internet en México, la Educación Financiera debe formar parte de la formación de niñas y niños desde la primaria, con contenidos que evolucionen de acuerdo con su edad y que les permitan comprender conceptos básicos como ahorro, presupuesto, consumo, crédito y planeación. La dimensión del reto puede observarse en los datos de la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (ENSAFI) 2023, realizada por el INEGI en colaboración con la CONDUSEF. El estudio reportó que 37% de la población de 18 años y más presentó un nivel alto de estrés financiero y 35% un nivel moderado, es decir, siete de cada 10 adultos se encontraban en alguno de estos dos niveles. El mismo estudio señaló que 36.9% de la población tenía algún tipo de ahorro y 48.4% contaba con algún tipo de deuda. Para Gerardo Obregón, Fundador y Director General de Prestadero, estos resultados muestran que la relación con el dinero requiere una formación que empiece mucho antes de que las personas tengan acceso a productos financieros. “La Educación Financiera no debería ser un conocimiento que adquirimos después de cometer nuestros primeros errores financieros. Desde la primaria podemos enseñar a los niños conceptos tan sencillos como diferenciar una necesidad de un deseo, establecer una meta de ahorro o entender que el dinero que se gasta ya no está disponible para otra cosa. Son aprendizajes que pueden acompañarlos durante toda su vida”, señala Obregón. La propuesta coincide con el enfoque de la Estrategia Nacional de Educación Financiera 2025-2030, que contempla fortalecer los conocimientos, habilidades, actitudes y comportamientos financieros de la población a lo largo de las distintas etapas de la vida y plantea una formación progresiva desde la educación básica. Para Prestadero, llevar las finanzas personales a las aulas no significa convertir la primaria en una clase de economía avanzada. Se trata de desarrollar hábitos cotidianos que posteriormente permitan comprender decisiones más complejas, como contratar un crédito, adquirir un seguro, comenzar a invertir o planear el retiro. 5 hábitos financieros que deberían aprenderse desde pequeños 1. Hacer un presupuesto antes de gastar. El primer aprendizaje debería ser entender que los recursos son limitados y que cada decisión de gasto tiene consecuencias. Un ejercicio tan sencillo como registrar cuánto dinero se recibe, cuánto se puede gastar y cuánto se quiere guardar permite introducir desde temprana edad el concepto de presupuesto. Conforme aumenta la edad, este ejercicio puede evolucionar hacia la identificación de gastos fijos y variables, la planeación mensual y el establecimiento de prioridades. “Un presupuesto no tiene que ser una hoja de cálculo complicada. Para un niño puede ser una lista de cuánto dinero tiene y cómo decidió distribuirlo. Lo importante es que aprenda que administrar significa tomar decisiones y establecer prioridades”, explica el directivo. 2. Convertir el ahorro en una decisión, no en lo que queda después de gastar. Otro concepto fundamental es entender que ahorrar no consiste únicamente en guardar el dinero que sobra. Una meta concreta —como comprar un libro, una bicicleta o financiar posteriormente una actividad— permite que el ahorro tenga un propósito. En la adultez, esta práctica puede transformarse en objetivos de mayor alcance, como construir un fondo para emergencias, realizar una compra importante o prepararse para el retiro. 3. Aprender que el crédito implica un compromiso futuro. El crédito es otra de las herramientas que debería enseñarse antes de que una persona tenga acceso a ella. Los primeros aprendizajes pueden ser sencillos: cuando se pide dinero prestado, existe la obligación de devolverlo y, dependiendo del producto, pueden existir intereses y otros costos. Posteriormente, el aprendizaje debe incorporar conceptos como tasa de interés, plazo, capacidad de pago, pago mínimo y Costo Anual Total (CAT). “No basta con enseñar que existe el crédito; hay que enseñar a leerlo. Una persona debe entender cuánto está solicitando, cuánto terminará pagando, durante cuánto tiempo y si sus ingresos le permiten asumir ese compromiso”, afirma Obregón. 4. Aprender a diferenciar necesidades de deseos. La Educación Financiera también está relacionada con las decisiones de consumo. Enseñar a distinguir entre una necesidad, un deseo y una compra impulsiva puede ayudar a que los futuros adultos comprendan mejor cómo sus decisiones cotidianas impactan sus finanzas. El objetivo no es evitar el consumo, sino desarrollar la capacidad de preguntarse antes de comprar: ¿lo necesito?, ¿lo puedo pagar?, ¿está contemplado en mi presupuesto? y ¿esta compra afecta alguna meta que considero más importante? 5. Establecer metas financieras desde temprana edad. Ahorrar, gastar o invertir tienen mayor sentido cuando están vinculados con objetivos. Por ello, otro aprendizaje fundamental es establecer metas con una cantidad y un plazo determinados. Una meta infantil puede ser ahorrar para comprar algo específico; durante la adolescencia puede convertirse en financiar estudios o un proyecto personal y, en la vida adulta, evolucionar hacia objetivos como crear un fondo de emergencia, comprar una vivienda o prepararse para el retiro. Entonces ¿por qué importa el manejo del dinero? |
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Para que la Educación Financiera tenga un efecto duradero, Prestadero considera que la formación escolar debe complementarse con experiencias cotidianas en casa. Hablar de dinero, explicar las decisiones de gasto familiar de acuerdo con la edad y permitir que los menores administren pequeñas cantidades puede convertir los conceptos teóricos en hábitos. La CONDUSEF ha señalado la importancia de acercar la Educación Financiera a las distintas etapas de la vida y cuenta con materiales y programas destinados a ampliar estos conocimientos entre la población. En octubre, cuando la conversación pública sobre Educación Financiera cobra especial relevancia a través de iniciativas como la Semana Nacional de Educación Financiera, el planteamiento para Prestadero es que el tema no debe limitarse a una campaña anual. “La Educación Financiera debería ser permanente. Octubre puede servir para poner el tema sobre la mesa, pero el verdadero cambio ocurre cuando estos conocimientos se convierten en hábitos y se practican durante todo el año. Si queremos adultos que tomen decisiones financieras informadas, tenemos que empezar a prepararlos desde niños”, concluyó Obregón. Más que enseñar a los menores cuánto dinero deben ahorrar o qué productos financieros deben utilizar, la Educación Financiera desde la primaria puede proporcionarles herramientas para comprender el valor del dinero, planear, evaluar alternativas y asumir las consecuencias de sus decisiones. Esa formación puede evolucionar conforme cambien sus necesidades y responsabilidades, desde la administración de una pequeña cantidad de dinero hasta las decisiones financieras de la vida adulta. |
