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Una amputación, especialmente de una extremidad inferior, puede tener implicaciones importantes para la salud cardiovascular, pero el riesgo depende mucho de la causa de la amputación, la edad, el nivel de amputación, la movilidad y enfermedades asociadas como diabetes, hipertensión, enfermedad arterial periférica o enfermedad renal.
Aunque no existe un dato oficial único en México, diversas entidades del sector salud como el Hospital Civil de Guadalajara con datos de Inegi estiman que en el país viven al menos 780,000 personas con amputaciones.
“Después de la diabetes, las enfermedades del corazón e incidentes cardiovasculares son la segunda causa de amputación en nuestros pacientes, especialmente en personas entre 50 y 64 años”, destaca Renée Govea, licenciado en prótesis y órtesis, egresado del Instituto Nacional de Rehabilitación, director de Academy Ottobock, quien explica que antes de utilizar una prótesis es esencial conocer la causa de la amputación y la condición física del usuario, para que el gasto de energía no sea excesivo ni riesgoso para su corazón.
Un estudio poblacional publicado por el gobierno de los Estados Unidos indica que, en personas con amputación, hay un 30% más de riesgo de infarto, 27% más de insuficiencia cardiaca y 17% más de fibrilación auricular frente a personas sin amputación.
¿Por qué puede aumentar el riesgo cardiovascular?
“Una persona amputada, de un solo miembro y de la rodilla para abajo, gasta hasta 5 veces más energía para caminar que una no amputada. Cuando, la amputación es hasta la rodilla gastará 8 veces más energía; pero si la pérdida del miembro ocurre desde la cadera, tendrá un gasto cardiaco 10 veces mayor”, indica Govea, experto de Ottobock, empresa alemana especializada en prótesis, órtesis y sillas de ruedas.
También es importante distinguir entre dos tipos de pacientes, los que presentan una amputación causada por una enfermedad vascular o diabetes, para los que el riesgo cardiovascular ya suele ser elevado; y por otro lado los que tuvieron una amputación traumática. Para éstos últimos también puede existir un aumento del riesgo cardiovascular, aunque la relación es menos directa y depende de otros factores.
“El esfuerzo energético y cardiovascular que implica caminar con una prótesis puede limitar la actividad física y dificultar recuperar la condición cardiorrespiratoria”, explica el experto, quien agrega que el incremento del sedentarismo favorece el aumento de peso, la pérdida de masa muscular, un peor control de glucosa y presión arterial y menor capacidad cardiovascular.
Recomendaciones de ortesistas y protesistas
Por eso, desde Ottobock y el sector de órtesis, prótesis y sillas de ruedas, recomiendan prestar atención a los siguientes cuidados cardiovasculares:
1. Control médico periódico: conviene realizar seguimiento con atención primaria y, dependiendo del caso, cardiología o medicina vascular. Se deberían controlar periódicamente signos como la presión arterial; el colesterol y los triglicéridos; la glucosa/HbA1c si existe diabetes o riesgo de diabetes; la función renal; el peso y composición corporal; la capacidad para realizar ejercicio y síntomas cardiovasculares. Las guías de rehabilitación recomiendan mantener seguimiento cardiovascular a largo plazo y reducir activamente los factores de riesgo.
2. Ejercicio adaptado a la persona: es probablemente uno de los puntos más importantes. La rehabilitación debería incluir progresivamente entrenamiento aeróbico, fuerza, equilibrio y entrenamiento funcional, adaptados al nivel de amputación y a la capacidad cardiovascular. “No necesariamente tiene que ser caminar: pueden utilizarse bicicleta de brazos, ergómetro de miembros superiores, ejercicios sentados, piscina cuando sea seguro, fortalecimiento y posteriormente entrenamiento con prótesis”, detalla Govea.
3. No intentar recuperar la actividad demasiado rápido: la prótesis puede aumentar considerablemente la demanda cardiovascular. Por eso, si la persona tiene cardiopatía, hipertensión no controlada, arritmias o una capacidad física muy reducida, el programa debe establecerse con profesionales de rehabilitación y, cuando corresponda, con cardiología.
4. Controlar los factores de riesgo: especialmente si la amputación estuvo relacionada con diabetes o enfermedad vascular: no fumar; mantener la presión arterial controlada; mantener colesterol LDL en el objetivo indicado por el médico; controlar adecuadamente la diabetes; mantener un peso saludable; seguir una alimentación de tipo mediterráneo o cardioprotectora; tomar estatinas, antiagregantes u otros medicamentos solamente cuando estén indicados por el médico.
“En paralelo al aprendizaje y adaptación al uso de la prótesis, es de gran importancia estar vigilantes por si aparecen dolor u opresión en el pecho, falta de aire desproporcionada, desmayo, palpitaciones importantes, sudor frío o un deterioro brusco de la tolerancia al ejercicio. En caso de dolor intenso en el pecho, dificultad respiratoria grave o pérdida del conocimiento, se debe solicitar atención de urgencia”, recuerda Govea, quien recalca que también es fundamental supervisar el miembro restante.
“En una persona cuya amputación fue consecuencia de enfermedad arterial periférica o diabetes, el otro pie y la otra pierna pueden estar en riesgo. Las heridas, ampollas, cambios de color o temperatura y lesiones que no cicatrizan deben valorarse pronto”, indica el experto y concluye que el objetivo no debería ser solamente aprender a utilizar la prótesis, sino establecer un programa de prevención cardiovascular de por vida.

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