Para muchos padres, llevar a su pequeño o pequeña por primera vez a la guardería significa abrirle la puerta a nuevas experiencias: sus primeros amigos, juegos diferentes, nuevas rutinas y mucha independencia. Pero también puede traer una preocupación muy conocida por las familias: los días en los que un resfriado, una infección o una molestia digestiva significan quedarse en casa.
Cuando hablamos del bienestar de los pequeños, pocas veces pensamos en el papel que tiene su microbiota intestinal. En ella viven millones de microorganismos que interactúan con el organismo y forman parte de procesos importantes para su bienestar. Por eso, los probióticos han despertado interés en la nutrición infantil. Entre ellos se encuentra Lactobacillus rhamnosus, una bacteria probiótica estudiada por su relación con el bienestar digestivo y el funcionamiento del sistema inmunológico.
De acuerdo con investigaciones realizadas por la doctora croata Iva Hojsak, este probiótico puede ayudar a reducir hasta en un 40% el ausentismo en guarderías debido a enfermedades comunes*. Esto no significa que un probiótico evite que los niños se enfermen —algo que forma parte natural de esta etapa—, pero sí pone sobre la mesa la importancia de incluir una alimentación que acompañe sus necesidades mientras crecen, exploran y conviven con otros niños.
Verónica Copka, experta en nutrición infantil de NIDO, comenta que “Estamos conscientes de que para mamá y papá, cada nuevo episodio puede generar preocupación. Sin embargo, cuidar a un pequeño no significa mantenerlo alejado de todo lo que pueda enfermarlo, sino crear las condiciones y hábitos que acompañen su bienestar mientras desarrolla nuevas habilidades y conoce el mundo. Y entre todos esos hábitos, la alimentación tiene un papel importante”.
Acompañar a los niños en este regreso a la guardería requiere amor, paciencia y una rutina nutricional adecuada a sus necesidades de crecimiento. Por esto, los especialistas de NIDO recomiendan tres pilares sencillos para apoyar su desarrollo:
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Mantener horarios constantes de sueño y descanso: Un descanso reparador es indispensable para que el cuerpo reponga energía y mantenga las defensas activas.
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Promover el juego al aire libre y el lavado de manos: Enseñarles a lavarse las manos como un juego ayuda a crear hábitos de higiene sin generar estrés.
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Ofrecer una nutrición especializada para su edad: a partir del primer año, el estómago de los niños continúa en desarrollo. Acompañar su alimentación diaria con productos diseñados para su etapa ayuda a asegurar el aporte de nutrientes clave. Una buena opción es NIDO® Kinder 1+, que integra en su fórmula el probiótico L. rhamnosus, además de inmunonutrientes como vitaminas A, C, D, zinc y hierro. Lo que apoya la protección digestiva y el sistema inmunitario de los niños, permitiéndoles disfrutar de sus días de aprendizaje, juego y convivencia con menor interrupción.
El regreso a la guardería no tiene por qué ser una época de preocupaciones constantes. Con el acompañamiento adecuado, una alimentación balanceada y el cuidado de su bienestar digestivo, los pequeños pueden continuar descubriendo el mundo como los pequeños exploradores que son.
