Cuando Verónica Martínez comenzó a cultivar jitomate en Santiago Mexquititlán, Querétaro, lo hizo en un pequeño invernadero de apenas 15 metros cuadrados y sin experiencia en agricultura comercial. Lo que parecía un proyecto modesto pronto se convirtió en una oportunidad de crecimiento para ella y su hermana Nancy, quien decidió sumarse construyendo su propio espacio de cultivo.

Como ocurre con muchos pequeños productores, el reto no terminaba con la cosecha. Aunque lograban producir, dependían de intermediarios para vender sus productos y enfrentaban dificultades relacionadas con la calidad del suelo, los costos de producción y el acceso limitado a mercados formales.

La historia comenzó a cambiar cuando Nancy conoció el Programa Pequeño Productor de Fundación Walmart de México. A partir de ese momento, ella y Verónica recibieron capacitación para fortalecer sus prácticas agrícolas, incorporar técnicas de agricultura regenerativa y mejorar la calidad de su producción.

Este acompañamiento les permitió avanzar al mercado formal al integrarse a la agroempresa Unión Queretana, con la que realizaron su primer envío de más de 10,800 kilogramos de jitomate en 2025. Hoy, con ventas acumuladas de más de 62,500 kilogramos a julio de 2026, las hermanas ya no solo hablan de la siguiente cosecha, sino de reinvertir, ampliar sus invernaderos y consolidar un negocio familiar para las próximas generaciones.

Más allá de mejorar sus procesos productivos, Verónica y Nancy desarrollaron nuevas capacidades para comercializar sus cosechas. Aprendieron a ver sus productos no solo como alimento, sino como una oportunidad de negocio. Gracias a ello, fueron reduciendo gradualmente su dependencia de los llamados intermediarios informales y lograron convertirse en proveedoras directas de cadenas comerciales como Walmart de México y Bodega Aurrera.

Este paso representó mucho más que incrementar sus ventas: significó abrir la puerta a nuevas oportunidades de desarrollo para sus familias. Hoy participan directamente en las cadenas de valor del sector alimentario y son ejemplo de cómo el acceso al conocimiento, a mejores prácticas agrícolas y a mercados formales puede transformar la realidad de las comunidades rurales y generar prosperidad de largo plazo.

 

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