POR: periodista Rafael Cienfuegos Calderón
¿Qué importancia tiene Andrés López Beltrán en la política de México?
Sin sesgo ideológico de por medio, ninguna. Si no lo sabe, alguien que no sea allegado a su padre ni le deba nada a éste se lo debería de decir; cree ser lo que no es por mucho que pese su apellido y se da ínfulas de poder.
Como hijo del expresidente para muchos merece respeto, la presidenta lo respalda y defiende, y –seguramente- será diputado federal para protegerlo.
Sus ínfulas de poder y superioridad, es vox populi, son artificiales.
Aun así y en calidad de junior se quejó con Donald Trump, presidente de Estados Unidos, de que le retiraron la visa; la Embajada de Estados Unidos en México lo bajó de su nube. En un mensaje advirtió que su gobierno “cancelará cualquier visa cuando existan razones para hacerlo” sin importar a quién, dónde viva el titular, su ideología y sus opiniones políticas.
Luego, pretendiendo asumirse líder -¿de qué o de quiénes?- llamó a “organizarnos” ante la inminente embestida a la soberanía nacional por parte de Estados Unidos.
En su imaginación ha de anidar la idea de que como heredero de su progenitor puede adjudicarse un papel protagónico en la política nacional valiéndose del inventado proyecto de la transformación o en Morena, aunque como secretario de Organización fue responsable de las derrotas electorales en Durango y Coahuila.
La influencia que crea tener es menor a la que supone. Carece de una trayectoria consolidada por esfuerzo propio. Portar el apellido del expresidente no le otorga automáticamente autoridad moral ni liderazgo ni derecho a acaparar cargos de poder.
En la carta del día 13 a Trump, aseguró que la decisión de quitarle la visa fue del secretario de Estado, Marco Rubio y el subsecretario Christopher Landau y afirmó es de “carácter político, más bien politiquero y propagandístico, al estilo hitleriano”.
Ambos funcionarios –a su decir- “no cuentan con ninguna prueba” en su contra “acerca de algún acto inmoral o delictivo” y es una represalia contra países, gobiernos y políticos que “no se alinean o someten a sus afanes autoritarios, facciosos y a sus corruptelas”.
Expresó que no le causa “ningún problema no visitar Estados Unidos en estos tiempos decadentes y lamentables de odio, racismo, drogadicción, desintegración familiar, inconformidad social y tristeza”.
Le dice a Trump que le gustaría conocer su opinión sobre su caso “y ojalá no lo tome como un desafío”, pero consideró “que sería de elevado nivel moral y de interés público” que le contestara dos preguntas:
“¿Está usted enterado de lo que le estoy exponiendo? Y si lo estaba ¿no le parece un acto prepotente de su parte, que demuestra, como escribió mi padre, que usted es un gobernante en la actualidad, apático y distinto al que él conoció y trató?”.
La importancia política que no tiene “Andy” López Beltrán se la dan la presidenta de la República, la dirigencia de Morena, los gobernadores y legisladores al alegar persecución en su contra.
Sheinbaum precisó que el hijo del “presidente” no está siendo investigado en México por delito alguno y que “tampoco porque Estados Unidos le quite la visa le vamos a abrir una investigación”.
Retirar visas responde, desde la perspectiva del Gobierno de México, a un asunto político y un intento de injerencia en decisiones que corresponden exclusivamente a las autoridades mexicanas (conferencia de prensa 14-08-2026).
Por actitudes como estas “Andy” pierde el piso, es soberbio y se siente inmune.
