Hay lugares que se disfrutan más cuando conoces las historias que esconden. El Gran Acuario Mazatlán Mar de Cortés es uno de ellos. Más allá de ser el acuario dedicado al Mar de Cortés más grande de América Latina, hay detalles sobre su arquitectura, el recorrido y las historias de sus habitantes que pueden cambiar la manera de descubrirlo. Antes de incluirlo en tu próximo itinerario por Mazatlán, estas son algunos detalles que vale la pena conocer.
- Si al verlo tienes la impresión de estar frente a una estructura que emerge de la tierra, no es casualidad. La arquitecta mexicana Tatiana Bilbao tomó como inspiración los mundos de Julio Verne para diseñar un recinto que parece una ruina del futuro, cubierta de vegetación como si siempre hubiera formado parte del paisaje. El agua que cae sobre algunas de sus paredes refuerza la sensación de que el edificio está emergiendo de las profundidades marinas. Así, incluso antes de entrar, la arquitectura comienza a contar la historia de la relación entre tierra, agua y naturaleza que recorre todo el espacio.
- El recorrido está pensado como un viaje que va de la tierra al mar. Comienza entre reptiles en el hábitat Tierra, para después acercarse a la zona Intermareal y el hábitat Costa, donde podrás conocer la textura de especies que habitan las costas rocosas y aprender sobre los manglares. Más adelante, la Bahía de las Rayas permite acercarse a estos animales bajo supervisión, antes de continuar hacia los ambientes marinos. En el hábitat Mar y el gran espacio Oceánico, encontrarás una recreación de arrecife de coral, una cueva de morenas verdes y el salón de las medusas. La secuencia no es casual: la intención es mostrar cómo cada ecosistema está conectado con el siguiente y cómo la vida del Mar de Cortés comienza mucho antes de llegar al océano.
- El Gran Tanque Oceánico es uno de los puntos más impresionantes del recorrido: su ventana de 13 metros de ancho por siete metros de altura permite observar un espacio que contiene 2.8 millones de litros de agua. Pero llegar hasta él también forma parte de la experiencia. El camino lleva por un sistema de olas artificiales que recrea el movimiento natural del océano. Mientras avanzas, el sonido y el movimiento del agua generan una transición gradual, haciendo que la llegada al tanque sea más que detenerse frente a una enorme ventana: es una inmersión progresiva en el ambiente que estás a punto de observar.
- Cuando encuentres a Chanel, una mono araña; a Tekú, un ocelote; a Bambina y Teo, dos venados cola blanca; o a los tucanes pico de canoa, es fácil pensar que siempre formaron parte del acuario. En realidad, varios de ellos llegaron tras ser rescatados y, por distintas circunstancias, ya no pudieron regresar a la vida silvestre. Hoy reciben cuidados especializados y ayudan a acercar a los visitantes a las historias detrás de la conservación. También conocerás a pingüinos de Humboldt, entre los que destacan tres ejemplares nacidos en Mazatlán, así como a los sociables capibaras. Entender cómo llegaron aquí cambia la manera de conocerlos.
- Aquí son los animales quienes deciden cómo será tu visita. En el Gran Acuario Mazatlán Mar de Cortés no hay dos recorridos iguales, ya que los animales mantienen sus rutinas y el bienestar de cada especie está por encima del espectáculo. Tal vez encuentres a los pingüinos lanzándose una y otra vez al agua, a los capibaras descansando junto al estanque, o a Tekú atento desde un rincón antes de salir a explorar. Observar esas espontaneidad es parte de la experiencia y hace que ningún recorrido sea igual al anterior.
El Gran Acuario Mazatlán Mar de Cortés guarda mucho más de lo que se descubre en una primera visita. A veces, conocer un lugar no significa recorrerlo de principio a fin, sino saber qué mirar cuando estás ahí.
