La carrera global por los minerales críticos para baterías, vehículos eléctricos, semiconductores y redes de energía ha puesto a la minería en el centro de la transición energética mundial. En este escenario, México destaca como uno de los principales productores de plata, oro, cobre y zinc en América Latina, con exportaciones mineras de aproximadamente USD 17.6 mil millones, lo que representa cerca del 4.7% del PIB nacional. El análisis forma parte del estudio inédito «La Nueva Ecuación de la Minería en América Latina: Los Límites Invisibles entre Energía y Operación», lanzado por Aggreko, líder global en soluciones de energía.
El informe reúne entrevistas a profundidad con ejecutivos y expertos de grandes mineras en Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, México y Perú, y demuestra que la seguridad energética ha dejado de ser únicamente una variable de costo para convertirse en un factor que influye directamente en la continuidad operativa, la productividad y la capacidad de expansión de las empresas.
De acuerdo con la investigación, el 66% de los líderes entrevistados asocia el futuro energético del sector directamente con la sustentabilidad, el uso de fuentes renovables y la eficiencia operacional.
En cuanto a la huella de carbono, la transición hacia matrices más limpias en la minería ha ganado impulso no solo por la presión ambiental, sino como un diferenciador competitivo clave. El sector ha asimilado que la fuente de energía utilizada en la mina afecta directamente la huella de carbono final del producto, un factor que pesa cada vez más para compradores y mercados internacionales. El informe señala, sin embargo, que el ritmo de este cambio depende del equilibrio relacionado con la viabilidad económica.
En México, esta transformación ocurre en un contexto donde el sector combina grandes faenas mineras ya establecidas con nuevos proyectos en desarrollo, pero enfrenta obstáculos vinculados a la infraestructura energética, el acceso al agua, la seguridad, el licenciamiento y los cambios regulatorios.
Uno de los principales cuellos de botella es la limitada capacidad para sostener una transición acelerada hacia fuentes alternativas de energía: la fuerte dependencia de los hidrocarburos sigue moldeando las operaciones industriales del país, mientras que la limitada oferta de proveedores de gas, concentrada en pocos actores, limita la competitividad y la seguridad del suministro. La falta de inversión en las redes de transmisión ha llevado a que parte de las plantas revisen su estrategia de abastecimiento, buscando soluciones más personalizadas y de menor escala que les garanticen el suministro a un precio competitivo.
A pesar de estos desafíos, se observa un aumento en el número de proyectos orientados a la sustitución parcial de fuentes de hidrocarburos. Más empresas están evaluando la viabilidad económica de conectarse a matrices con mayor participación de energías verdes, favorecidas por el actual ciclo positivo en los precios de los metales, que amplía la capacidad de inversión del sector.
En México, el sector percibe que la fuente de energía utilizada en la operación afecta la huella de carbono final del producto, y esto importa cada vez más para compradores y mercados internacionales.
«El estudio muestra que la competitividad del sector ya no depende únicamente de la disponibilidad de recursos minerales, sino también de la capacidad para garantizar seguridad energética, eficiencia operativa y resiliencia en entornos cada vez más complejos. Estos factores serán determinantes para sostener el crecimiento de la minería y aprovechar las oportunidades que crea la transición energética», señala José Albornoz, Gerente Regional de Minería de Aggreko en América Latina.
Con este nuevo informe, Aggreko consolida su liderazgo en el sector energético, concluyendo una trilogía de análisis profundos sobre las verticales más estratégicas de América Latina en los últimos años: Transición Energética (2024), Petróleo y Gas (2025) y, ahora, Minería (2026).
