Cada temporada de lluvias, los deslaves vuelven a convertirse en una preocupación para miles de familias en Tijuana. Las laderas inestables provocan daños en viviendas, cierres de vialidades y ponen en riesgo la seguridad de quienes viven cerca de barrancas y taludes.
Ante este panorama, REDD, la unidad especializada en infraestructura verde de Nación Verde, promueve soluciones sustentables para estabilizar taludes mediante un enfoque que combina ingeniería, restauración ecológica y especies vegetales nativas.
A diferencia de las soluciones temporales, REDD diseña intervenciones que ayudan a controlar la erosión, mejorar la infiltración del agua de lluvia y fortalecer la estabilidad del terreno. Para lograrlo, emplea herramientas como geoceldas o geomantas cuando son necesarias, mulch para proteger el suelo y revegetación con plantas nativas adaptadas a las condiciones de Baja California.
Uno de los principales retos es la creencia de que cualquier planta puede evitar un deslave. Un ejemplo es el Dedo Moro (Carpobrotus edulis), especie que con frecuencia se recomienda para este fin. Aunque forma una cubierta vegetal sobre el suelo que ayuda a disminuir la erosión superficial, por las características de su sistema radicular, compuesto por raíces poco profundas y de escasa capacidad de anclaje, no puede retener ni estabilizar un talud de riesgo por sí sola. Además, se trata de una especie invasora que desplaza la vegetación nativa, reduce la biodiversidad y altera el equilibrio de los ecosistemas de Baja California.
«Un talud no se estabiliza únicamente plantando vegetación», explican especialistas de REDD. Factores como el drenaje, la pendiente, el manejo del agua y la selección de especies adecuadas son fundamentales para reducir el riesgo de deslaves.
A través de soluciones basadas en la naturaleza, REDD busca transformar taludes degradados en infraestructura verde que contribuya a proteger a las comunidades, recuperar biodiversidad y hacer de Tijuana una ciudad más resiliente frente a los efectos de las lluvias.
En una ciudad con una geografía tan compleja como Tijuana, prevenir los deslaves requiere pasar de acciones correctivas a estrategias de prevención que trabajen con la naturaleza y respondan a las condiciones reales del territorio.
Ante este panorama, REDD, la unidad especializada en infraestructura verde de Nación Verde, promueve soluciones sustentables para estabilizar taludes mediante un enfoque que combina ingeniería, restauración ecológica y especies vegetales nativas.
A diferencia de las soluciones temporales, REDD diseña intervenciones que ayudan a controlar la erosión, mejorar la infiltración del agua de lluvia y fortalecer la estabilidad del terreno. Para lograrlo, emplea herramientas como geoceldas o geomantas cuando son necesarias, mulch para proteger el suelo y revegetación con plantas nativas adaptadas a las condiciones de Baja California.
Uno de los principales retos es la creencia de que cualquier planta puede evitar un deslave. Un ejemplo es el Dedo Moro (Carpobrotus edulis), especie que con frecuencia se recomienda para este fin. Aunque forma una cubierta vegetal sobre el suelo que ayuda a disminuir la erosión superficial, por las características de su sistema radicular, compuesto por raíces poco profundas y de escasa capacidad de anclaje, no puede retener ni estabilizar un talud de riesgo por sí sola. Además, se trata de una especie invasora que desplaza la vegetación nativa, reduce la biodiversidad y altera el equilibrio de los ecosistemas de Baja California.
«Un talud no se estabiliza únicamente plantando vegetación», explican especialistas de REDD. Factores como el drenaje, la pendiente, el manejo del agua y la selección de especies adecuadas son fundamentales para reducir el riesgo de deslaves.
A través de soluciones basadas en la naturaleza, REDD busca transformar taludes degradados en infraestructura verde que contribuya a proteger a las comunidades, recuperar biodiversidad y hacer de Tijuana una ciudad más resiliente frente a los efectos de las lluvias.
En una ciudad con una geografía tan compleja como Tijuana, prevenir los deslaves requiere pasar de acciones correctivas a estrategias de prevención que trabajen con la naturaleza y respondan a las condiciones reales del territorio.
