Existe un fortalecimiento de discursos conservadores y antifeministas entre algunos sectores de la juventud al ofrecer identidades colectivas y respuestas simples frente a contextos de incertidumbre social, por lo que es uno de los principales retos para las democracias contemporáneas, alertó la doctora Estela Serret Bravo, investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

“La expansión de posiciones extremistas suele ir acompañada de expresiones crecientes de violencia, de ahí la importancia de fortalecer espacios de reflexión crítica y diálogo que contribuyan a la construcción de sociedades más igualitarias e incluyentes”, expresó en el Coloquio Internacional Odios, resentimientos y otros afectos: una mirada crítica de las subjetivaciones políticas de las derechas contemporáneas en la Unidad Iztapalapa.

Al impartir la conferencia magistral Los dilemas feministas frente a las nuevas derechas, abordó la relación histórica entre el feminismo y las tradiciones religiosas, así como los desafíos que enfrentan los movimientos por la igualdad.

Explicó que, contrario a las visiones simplificadas que presentan a las religiones como bloques homogéneos, la historia del cristianismo revela la existencia de múltiples corrientes de pensamiento que han sostenido posturas divergentes respecto de la dignidad humana, la igualdad y los derechos de las mujeres.

De acuerdo con la profesora investigadora de la Unidad Azcapotzalco, desde el siglo XVI, a partir de la Reforma Protestante y de los debates provocados dentro de la Iglesia Católica surgieron corrientes que comenzaron a reivindicar la plena dignidad de todas las personas, incluidas las mujeres y los grupos excluidos a lo largo de la historia.

Estas perspectivas, aunque marginales y enfrentadas a la ortodoxia religiosa, contribuyeron a abrir espacios de reflexión sobre la libertad individual y la igualdad.

La doctora Serret Bravo destacó la relevancia de figuras pioneras del pensamiento feminista como Marie de Gournay, quien en 1622 publicó un tratado sobre la igualdad entre hombres y mujeres, la filósofa inglesa Mary Astell, cuyas obras cuestionaron las interpretaciones religiosas que justificaban la subordinación femenina.

Asimismo, recordó el papel de Elizabeth Cady Stanton en el movimiento sufragista estadounidense del siglo XIX, quien impulsó la elaboración de La Biblia de la Mujer, obra colectiva que propuso lecturas feministas de diversos pasajes bíblicos con el propósito de demostrar que los textos podían interpretarse desde una perspectiva de igualdad y reconocimiento pleno de las mujeres como individuos.

La académica del Departamento de Sociología de dicha Unidad Universitaria se refirió al surgimiento de las teologías feministas en América Latina en la segunda mitad del siglo XX que buscaron demostrar que las ideas de libertad, dignidad y libre albedrío contenidas en la tradición cristiana debían incluir a las mujeres, en contraste con otras expresiones religiosas progresistas que, aunque comprometidas con la justicia social, mantuvieron reservas frente a las demandas feministas.

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