Las microalgas son una vía biotecnológica con amplio potencial para atender problemas asociados al cambio climático, la transición energética, la salud, la fabricación de alimentos y la explotación de residuos, planteó el doctor Pierre-Louis Emile Gorry, profesor investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), durante la conferencia Microalgas: soluciones biotecnológicas para la salud, energía y medio ambiente.
La ponencia, formó parte del seminario abierto organizado por el Departamento de Ciencias de la Salud de la Unidad Lerma, espacio académico en el que el especialista presentó un panorama general sobre estos microorganismos fotosintéticos, sus aplicaciones y los avances de proyectos que se desarrollan en esa sede académica y en la Unidad Cuajimalpa.
Pierre-Louis explicó que el punto de partida de estas investigaciones se ubica en la crisis ambiental derivada del cambio climático, cuyos efectos alcanzan a los ecosistemas, el ámbito sanitario, la disponibilidad de agua y la calidad del medio natural. En ese contexto, el dióxido de carbono (CO2) y otros gases de efecto invernadero ocupan un lugar central, por lo que resulta necesario reducir emisiones, capturar el carbono presente en la atmósfera y buscar alternativas energéticas con menor impacto ecológico.
Aunque existen tecnologías fisicoquímicas para capturar carbono a escala industrial, entre los que se incluyen procesos de separación, absorción o destilación criogénica, el docente dijo que estas soluciones enfrentan límites por sus altos costos de operación, infraestructura y alcance. Frente a ello, las biotecnologías basadas en estas formas de vida microscópicas abren una línea de trabajo con valor ambiental, productivo y científico.
Las microalgas son microorganismos fotosintéticos que pueden ser unicelulares o multicelulares, procariontes o eucariontes. No constituyen un grupo taxonómico único, pero se encuentran en cuerpos de agua dulce, marina, suelos húmedos y diversos ecosistemas. Su principal fuente de carbono es inorgánica, como CO2, bicarbonatos y carbonatos, aunque también es posible aprovechar fuentes orgánicas bajo ciertas condiciones.
Una de sus características de mayor interés es su capacidad para acumular lípidos ante situaciones de estrés, en particular por limitación nutricional. Estos lípidos son factibles de que sirvan como base para la elaboración de biocombustibles, entre ellos biodiésel, a través de mecanismos fisicoquímicos.
Estos organismos fotosintéticos tienen un papel clave en el planeta, pues los océanos, gracias a su presencia, participan de forma decisiva en la fijación de óxido de carbono y en la producción de más de la mitad del oxígeno mundial. Sus ciclos de cultivo son cortos, de uno a diez días, en contraste con los tiempos de maduración de plantas usadas para producir biocombustibles, como el maíz.
Su potencial productivo se extiende a diversos sectores. Pueden utilizarse en alimentación humana y animal, cosmética, farmacia, química, bioenergía, fertilización agrícola y generación de bioestimulantes. En algunos casos, generan compuestos de alta importancia, como PHB, un bioplástico con posibilidades para sustituir materiales derivados del petróleo.
Al hablar sobre la espirulina, detalló que es una microalga con propiedades antioxidantes, además de posibles efectos antiinflamatorios y neuroprotectores reportados en estudios especializados. En agricultura, su uso como bioestimulante permite reducir la dependencia de fertilizantes químicos, mejorar el desarrollo vegetal y favorecer la calidad de frutos, raíces y periodos reproductivos.
El experto en energías renovables presentó el concepto de biorrefinería, que se basa en el aprovechamiento integral de la biomasa. Bajo este modelo, esta especie se cultivan en fotobiorreactores que permiten el paso de luz para sostener la actividad fotosintética. La lógica consiste en utilizar todos los componentes producidos y aprovechar aguas residuales o gases de combustión, como fuente de nutrientes y así lograr una huella ambiental de tipo neutra.
