Con tres canchas inauguradas y 16 en desarrollo, love.fútbol busca demostrar que el impacto del fútbol puede continuar después del Mundial. El torneo terminó; la oportunidad de convertir esa emoción en comunidad apenas comienza.

El cierre del Mundial abre una nueva etapa para el fútbol en México. Después de semanas de atención internacional, estadios llenos y una amplia movilización social, el reto consiste en lograr que ese entusiasmo se traduzca en beneficios permanentes para las comunidades.

Si bien las obras deportivas, la derrama económica y la exposición internacional forman parte de los resultados de un torneo de esta dimensión, su legado también puede extenderse hacia los espacios donde niñas, niños y jóvenes juegan todos los días; lugares en los que una cancha puede favorecer la convivencia, la participación y la organización comunitaria.

En este contexto, love.fútbol impulsa 19 proyectos en Ciudad de México, Estado de México, Hidalgo, Puebla, Jalisco, Guanajuato y Quintana Roo, de los cuales tres ya fueron inaugurados y 16 continúan en desarrollo. En conjunto, permitirán que más de 5,500 personas utilicen semanalmente estos espacios, además de representar la mayor expansión de la organización desde que comenzó a trabajar en México hace diez años.

Sin embargo, el trabajo no se limita a renovar infraestructura; cada proyecto comienza con un proceso de escucha para conocer cómo se utiliza la cancha, qué necesidades existen y qué actividades pueden fortalecer su papel dentro de la comunidad. A partir de este diagnóstico se definen el diseño, la intervención y la activación del espacio.

“Una cancha puede modificar dinámicas muy concretas: niñas que comienzan a ocupar un espacio del que antes se sentían excluidas, familias que vuelven a reunirse en él y vecinos que pasan de señalar su deterioro a organizarse para cuidarlo. Ese es el legado que buscamos impulsar: no solamente una obra renovada, sino una comunidad con mayor capacidad para encontrarse, participar y tomar decisiones sobre el lugar que comparte”, señala Kenza Gravois, Directora Global de Desarrollo de love.fútbol.

La participación de las comunidades es un componente central del modelo. Su involucramiento en la toma de decisiones contribuye a generar apropiación, cuidado y continuidad, elementos necesarios para que una cancha permanezca activa más allá de su rehabilitación.

“Una cancha no genera impacto únicamente porque ha sido renovada. Para que permanezca activa, la comunidad debe participar, reconocerla como propia y contar con aliados que acompañen su uso y cuidado a largo plazo”, explica Gravois.

Los proyectos también responden a las características de cada territorio. En México, love.fútbol ha desarrollado espacios que incorporan una perspectiva de género, utilizan materiales reciclados, integran huertos comunitarios y cuentan con sistemas de captación de agua, mediante soluciones sociales y ambientales adaptadas a las necesidades locales.

Construir alianzas para ampliar el impacto

La construcción de un legado comunitario requiere la colaboración entre empresas, gobiernos, organizaciones sociales y comunidades, pues cada actor aporta recursos, conocimiento, capacidades técnicas y vinculación territorial. De esta manera, la inversión trasciende la entrega de infraestructura y contribuye a fortalecer capacidades locales que pueden sostenerse y crecer con el tiempo.

En este proceso, love.fútbol se posiciona como un aliado para articular esas capacidades: identifica comunidades, desarrolla diagnósticos participativos, diseña proyectos, coordina las intervenciones y acompaña la activación de los espacios.

“Las comunidades conocen aspectos que no pueden identificarse desde afuera: saben por qué un espacio dejó de utilizarse, qué limita la participación de ciertos grupos y qué tendría que cambiar para volver a integrarlo a la vida cotidiana. Incorporar ese conocimiento permite orientar mejor los recursos y desarrollar espacios que respondan a las necesidades reales de quienes los utilizan”, explica Gravois.

El siguiente paso consiste en ampliar estas alianzas, identificar nuevos espacios y desarrollar proyectos que contemplen no solo la rehabilitación física, sino también su uso, cuidado y sostenibilidad.

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