Cada 24 de julio, con motivo del Día Internacional del Autocuidado, las redes sociales se llenan de listas sobre todo lo que «deberíamos» hacer para sentirnos mejor. Dormir ocho horas, comer perfecto, hacer ejercicio todos los días, meditar, leer, tomar más agua, desconectarnos del celular…
Y aunque todas son recomendaciones valiosas, también pueden sentirse abrumadoras cuando la realidad incluye jornadas largas de trabajo, pendientes, tráfico, hijos, responsabilidades o simplemente cansancio. Entonces aparece la sensación de que cuidar nuestra salud implica exigirnos más, dedicarle más tiempo o cambiar por completo nuestra rutina.
Pero ¿y si el autocuidado empezara mucho antes y de forma mucho más realista?
Pensamos que para cuidar nuestra salud necesitamos hacerlo todo perfecto. El verdadero bienestar no es una lista interminable de hábitos rígidos ni una meta inalcanzable. Es la capacidad de proteger nuestra salud a través de decisiones cotidianas y hábitos alcanzables que ayudan a prevenir enfermedades, atender malestares menores de forma responsable y saber cuándo es momento de buscar atención médica.
Quizá el primer acto de autocuidado sean esas pequeñas cosas que hacemos o decisiones que tomamos en nuestro día a día: dejar de normalizar ese dolor de cuello o espalda que lleva semanas acompañándote y tomarte el tiempo para hacer pausas de estiramiento en esas largas jornadas frente a la computadora, decidir dormir media hora más en lugar de seguir contestando mensajes, elegir el producto más saludable en el supermercado o subir las escaleras en lugar de usar el elevador.
Porque así es como comienza la prevención, cuidándonos a nosotros mismos día a día. Y es que el autocuidado no consiste en hacerlo todo bien y a la perfección, consiste en incorporar pequeñas acciones que, repetidas con el tiempo, ayudan a proteger nuestra salud antes de que el cuerpo nos ponga un alto.
Es este sentido, es importante plantearnos metas realistas, objetivos que realmente podamos alcanzar. La Dra. Tania Stephenson, Gerente médica de Bayer México explica: “Siempre les digo a mis pacientes que la constancia vale más que la intensidad. Si tú de un día para otro le dices a tu cerebro, me voy a levantar dos horas antes para ir al gimnasio, hacer una hora de ejercicio y terminar completamente cansada y adolorida, lo más probable es que se resista y que termines dejándolo por una u otra razón. En cambio, si te propones levantarte 15 minutos antes para hacer 10 minutos de ejercicio en casa —unas cuantas sentadillas, lagartijas o abdominales—, es mucho más probable que tu cerebro lo perciba como algo alcanzable y diga: “Sí, esto puedo hacerlo”. Y ahí está la clave. Porque la mayoría de las veces lo difícil no es continuar, si no empezar. Comenzar poco a poco a incorporar hábitos saludables que se adapten a nuestra realidad y estilo de vida — no viceversa —, para que con el tiempo se conviertan en una parte natural de nuestra rutina diaria y no en una obligación más que añadir a una lista ya de por sí larga.
El autocuidado también es “saber” cómo cuidarnos. Escuchar a nuestro cuerpo, identificar las señales que nos envía antes de que aparezca un problema mayor y entender qué podemos hacer al respecto, también es una menara de cuidar nuestra salud. Por ejemplo, reconocer que ese dolorcito de cabeza que nos ha acompañado durante varios días podría estar relacionado con estrés y conocer algunas herramientas que pueden ayudarnos, desde técnicas de respiración o meditación hasta el uso responsable de medicamentos de libre venta para aliviar molestias menores. Porque eso también significa autocuidado, identificar y autogestionar malestares menores cotidianos con la ayuda de este tipo de medicamentos, siguiendo siempre las indicaciones del empaque o instructivo, respetando la dosis recomendada y saber cuándo ya es necesario acudir al médico si los síntomas persisten, empeoran o aparecen señales de alarma.
Además, cuando aprendemos a resolver de manera responsable los malestares menores y reconocemos cuándo es necesario acudir con un profesional de la salud, también contribuimos a que los servicios médicos puedan concentrar sus recursos en quienes realmente requieren atención especializada. El autocuidado no solo beneficia a quien lo practica; también fortalece un sistema de salud más eficiente para todos.
También es autocuidado saber que ese mismo estrés u otras condiciones como la diabetes u otras enfermedades crónicas pueden debilitar tu sistema inmune o incrementar los requerimientos nutricionales y que puedes ayudar a tu cuerpo con suplementos alimenticios para complementar la ingesta de nutrimentos como la vitamina C, el zinc o la vitamina D, siempre como parte de un estilo de vida saludable.
En otras palabras, autocuidarnos no solo es prevenir, sino también tomar decisiones informadas y responsables para proteger nuestra salud en el día a día.
«Uno de los mitos más comunes es pensar que el autocuidado debe verse igual para todas las personas. En realidad, debe adaptarse a las necesidades, el contexto y el momento de vida de cada persona. Esa flexibilidad es lo que permite que forme parte de la vida cotidiana«, señala la Dra. Stephenson.
Al final del día, quizá el mayor acto de autocuidado sea dejar de exigirnos tanto. Porque cuidar de nosotros mismos no debería sentirse como una tarea más en la lista, sino como una forma de vivir con mayor bienestar, entendiendo que estar bien es un proceso amable y humano.
