La mitad de los agricultores que han participado en la mayor encuesta internacional del sector realizada hasta la fecha afirman que no reciben un precio justo por lo que producen, y casi uno de cada cuatro asegura que sus ingresos han caído con fuerza durante el último año, según la encuesta Voice of the Farmer 2026 («La voz del agricultor 2026»).
La encuesta, realizada por la plataforma de conocimiento agrícola Wikifarmer, recogió las respuestas de 10.234 agricultores de 158 países entre noviembre de 2025 y marzo de 2026. Les preguntó, con sus propias palabras, por los precios que reciben, por sus ingresos, por los daños climáticos que han sufrido, por el apoyo que reciben de sus gobiernos y por cómo afecta su trabajo a su bienestar.
El retrato que emerge es el de una profesión sometida a una presión económica y ambiental sostenida, y que se siente en gran medida desamparada por las instituciones que deberían respaldarla.
Una sensación generalizada de estar mal pagados
Entre los agricultores que respondieron a la pregunta sobre los precios, el 51,1% afirmó no recibir un precio justo por su producción. Los ingresos apuntaban en la misma dirección: el 45,1% declaró que su renta neta de este año era peor que la del año anterior, y el 24,1% la calificó de «mucho peor». Solo el 9,4% dijo que sus ingresos habían mejorado mucho, de modo que el grupo de «mucho peor» es más de dos veces y media mayor que el de «mucho mejor».
La caída fue más acusada en Europa, donde el 55,7% de los agricultores declaró menores ingresos: más del doble que en Oceanía (27,1%). Les siguieron el sur de Asia (44,1%) y África (43,4%).
Casi la mitad de los encuestados (47,5%) situó su propia seguridad financiera en los peldaños más bajos de una escala de cinco puntos.
Los daños climáticos ya son la norma
Las pérdidas por el clima y las plagas fueron casi universales. Entre quienes respondieron, el 83,0% declaró haber perdido parte de su producción de este año por fenómenos meteorológicos o plagas, y uno de cada cuatro (25,2%) afirmó haber perdido más de una cuarta parte de su cosecha o cabaña. Entre los países con más respuestas, las mayores tasas de pérdidas graves se registraron en Grecia, Italia, Afganistán, la India y Colombia. Cada fenómeno climático adicional que declaraba un agricultor se asociaba con una mayor probabilidad de notificar una caída de ingresos.
La sequía fue el fenómeno más dañino: entre quienes la sufrieron, el 37,4% declaró pérdidas graves. Le siguieron el calor, las inundaciones, las tormentas y las heladas.
Gobiernos suspendidos de lleno, en países muy distintos
Los agricultores se mostraron muy críticos con el apoyo que reciben del Estado. En una escala de cinco puntos, el 63,4% valoró el apoyo de su Gobierno con un 1 o un 2, y casi la mitad (47,7%) le otorgó la peor puntuación posible. Solo un 13% lo valoró de forma positiva.
Llama la atención que el malestar atravesara fronteras políticas y económicas muy distintas. Los cinco países peor valorados —agrupados entre el 1,66 y el 1,73 sobre 5— fueron Camerún, la República Democrática del Congo, Grecia, Polonia y Perú: un conjunto de naciones muy diferentes cuyos agricultores describieron experiencias sorprendentemente parecidas.
La encuesta constató, además, que la valoración del apoyo público guardaba una estrecha relación con la realidad económica de los agricultores, más que con un descontento general. Quienes situaban ese apoyo en lo más bajo eran unos 34 puntos porcentuales más propensos a declarar una mala seguridad financiera y precios injustos que quienes lo valoraban bien.
Un coste para la salud mental que se dispara a media carrera
La tensión se extendió también al bienestar. Más de uno de cada cinco agricultores (21,4%) eligió la puntuación máxima en la escala de estrés, y más de un tercio (34,9%) se situó en los dos niveles más altos. La puntuación media de estrés fue de 3,17 sobre 5.
El estrés no se mantuvo constante a lo largo de la vida agrícola: fue aumentando en la primera etapa adulta, alcanzó su punto máximo entre los 41 y los 50 años (41,8% con estrés elevado) y remitió ligeramente a partir de los 60.
La venta online destaca
El análisis dejó también una nota positiva. Tras controlar de forma simultánea la región, el tamaño de la explotación, la edad, la certificación y la exposición al clima, los agricultores que vendían directamente a sus clientes por internet tenían un 35% menos de probabilidades de declarar una caída de ingresos: el factor de protección más potente de todas las variables del modelo. La venta en mercados de productores también se asoció con menores probabilidades de caída (un 20% menos), aunque el efecto de la venta online fue el mayor.
Contra los tópicos
Los patrones regionales desafiaron las ideas habituales sobre la vulnerabilidad agrícola. Los encuestados de África y el sur de Asia declararon percibir precios justos en mucha mayor medida que los de Europa y América Latina: el efecto geográfico más marcado de toda la encuesta.
Una de las señales estadísticas más sólidas de la encuesta tiene que ver con el tamaño de la explotación. En contra de la idea de que las explotaciones más grandes son más resilientes desde el punto de vista económico, quienes gestionaban fincas de 50 hectáreas o más declararon niveles medios de estrés sustancialmente más altos que quienes trabajaban menos de una hectárea: la mayor diferencia entre grupos de todo el conjunto de datos.
«Esta encuesta indica que las presiones que están transformando la agricultura son más amplias y más complejas de lo que muchos suponen», afirma Georgios Myrisis, responsable de contenidos de la Biblioteca de Wikifarmer. «En todas las regiones y tamaños de explotación, un gran número de agricultores nos han dicho que no se sienten pagados de forma justa por lo que producen. Ese debería ser el punto de partida de un debate serio sobre el futuro de los sistemas alimentarios. Varias ideas muy extendidas sobre la vulnerabilidad tampoco se sostuvieron con nuestros datos: las explotaciones más grandes de la muestra declararon a menudo más estrés que las pequeñas, lo que demuestra que la presión sobre el conjunto de la agricultura está cambiando de formas que el sector necesita comprender mejor».
Quién ha respondido
Los encuestados eran en su mayoría pequeños agricultores a tiempo completo: el 81,9% se dedicaba a la agricultura a tiempo completo y el 54,5% trabajaba cinco hectáreas o menos. África fue la región más representada (38,0%), seguida de Europa (22,1%), América Latina (18,7%) y el sur de Asia (15,9%). Pakistán, Francia, Argelia, Uganda y México aportaron el mayor número de respuestas.
La encuesta se realizó a través de la red de agricultores de Wikifarmer, organizaciones colaboradoras y publicidad digital de pago en Meta, Google y LinkedIn. La muestra es autoseleccionada y refleja a los agricultores accesibles por estos canales; no constituye una muestra probabilística de la población agrícola mundial. Los resultados se presentan como las opiniones de los agricultores participantes y no se extrapolan a poblaciones nacionales o mundiales.
Todos los porcentajes utilizan denominadores por pregunta e intervalos de confianza de Wilson del 95%. Los resultados por país, con sus intervalos de confianza, están disponibles para los 29 países con mayor número de respuestas.
El conjunto completo de datos, la nota metodológica y el dosier de gráficos están a disposición de los medios acreditados, bajo embargo, a través del contacto para medios. Los investigadores también están disponibles para entrevistas y análisis posteriores.

