¿Por qué tantos futbolistas profesionales, como Cristiano Ronaldo o Lamine Yamal, llegan al estadio con audífonos con cable, como si hubieran resistido el paso de dos décadas? Más allá de quienes argumentan, sin evidencia comprobada, que las ondas de los dispositivos inalámbricos afectan su rendimiento, los audífonos con cable ofrecen ventajas concretas: mayor fidelidad de audio, latencia cero y la tranquilidad de no depender de una batería.
Y si eso no fuera suficiente razón para volver al cable, hay otra ventaja que va más allá del deporte: los audífonos con cable duran más y no generan basura electrónica. Los inalámbricos, en cambio, llevan baterías de ion-litio y componentes miniaturizados difíciles de reparar o reciclar. Su vida útil suele ser corta y, al final, se convierten en basura electrónica, el flujo de residuos que más rápido crece en el mundo.
En 2022 se generaron 62 millones de toneladas de e-waste (basura electrónica) a nivel global, y menos del 23% se recicló formalmente. Los audífonos con cable, en cambio, duran años, no dependen de una batería y se reparan con más facilidad. Menos tecnología desechable, más sentido común.
Y si hablamos de futbol sostenible, hay un club que se lleva la Copa. El Forest Green Rovers, de la cuarta división inglesa, fue reconocido por la ONU como el primer equipo carbono neutral del mundo. La FIFA lo llama “el club de fútbol más ecológico del planeta”. ¿Qué han hecho? Juegan en un estadio con energía 100% renovable, paneles solares, agua de lluvia reutilizada, cancha orgánica sin pesticidas y menú completamente vegano para jugadores y aficionados. Incluso su césped lo corta un robot eléctrico.
El Forest Green demuestra que no se necesita ser un gigante millonario para actuar con conciencia ambiental. Sólo hace falta decisión, pero a veces eso es más difícil que anotar en un tiro de esquina.
Pero el futbol es apenas una ventana para mirar un problema mucho más grande. Porque, al final del partido, lo que ocurre dentro del estadio termina conectándose con lo que pasa fuera de él. Y ahí, el reto sigue siendo el mismo: qué hacemos con la basura que generamos.
MPS promueve la economía circular
En México se producen más de 120 mil toneladas de residuos sólidos urbanos cada día. Sólo 9.6% se recicla. El resto termina en rellenos sanitarios, tiraderos a cielo abierto o, peor aún, en barrancas y océanos. De esas 120 mil toneladas, cerca de 38 mil podrían recuperarse o aprovecharse para generar energía, si existiera una gestión adecuada.
Cuando los residuos se separan y se gestionan bien, pueden volver a la cadena productiva. Cuando no, todo se va al vertedero, y el daño ambiental se multiplica. Un residuo mal gestionado se transforma en basura; es el origen de buena parte de la contaminación que ya no podemos ignorar.
Precisamente lo que hace MPS es evitar que un residuo se convierta en basura y lo transformamos en materia prima. Esto es economía circular aplicada, con métricas, tecnología y resultados.
En este mes del Medio Ambiente, y con el Mundial de Futbol como telón de fondo, vale la pena ir más allá de los gestos simbólicos. Usar audífonos con cable no salvará al planeta por sí solo, pero el cambio de hábitos sí suma.
MPS, una empresa líder en soluciones de economía circular para el sector marítimo, invita a medios, empresas y ciudadanos a hacer consciencia a través de dos acciones: informarse y actuar.
Apoyar modelos como el Forest Green es fácil; el reto es trasladar esos principios a lo cotidiano: separar, reducir, reciclar y, sobre todo, exigir que los materiales tengan una segunda vida.

