La primera infancia, comprendida desde el nacimiento hasta los cinco años, constituye una etapa decisiva para la evolución emocional, cognitiva y social de las personas.

Investigadoras de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) destacaron que en este periodo se establecen las bases del aprendizaje, la identidad y la capacidad de relacionarse con el entorno; por ello, el acompañamiento familiar y social resulta esencial.

La maestra Fabiola Soto Villaseñor, profesora del Departamento de Atención a la Salud, explicó que en la actualidad no solo se habla de madres o padres, sino de “personas responsables del cuidado”, ya que en numerosos hogares esta tarea recae en abuelos, tíos u otros parientes encargados del bienestar de pequeños.

La especialista en Desarrollo Infantil, destacó que la presencia de adultos significativos cumple una función primordial, al satisfacer necesidades básicas como alimentación, protección y salud, además de estructurar vivencias que favorecen el progreso integral. “Estas figuras median la relación del niño con el mundo y le proporcionan herramientas para expandir su potencial”, afirmó.

Investigaciones internacionales demuestran que el apego temprano con quienes ejercen la parentalidad influye en aspectos centrales de la vida futura, como la seguridad emocional, la construcción de la identidad y la capacidad de establecer lazos afectivos.

El Center on the Developing Child, de Harvard University, indica que durante los primeros años se desarrolla 90 por ciento del cerebro junto con las conexiones neurológicas, el lenguaje, las funciones cognitivas superiores, la memoria, la toma de decisiones y diversos procesos metabólicos que guiarán el resto de la vida.

La doctora Ivonne Areli García Santa Olalla, profesora de la Licenciatura en Enfermería de la misma Unidad, subrayó que debido a su acelerada evolución, esta fase demanda la participación activa de las figuras materna y paterna.

Aunque la madre establece una conexión biológica inicial asociada al embarazo y la lactancia, la evidencia científica resalta la intervención del padre en la formación de los bebés como un factor determinante para su equilibrio emocional y social.

“La presencia de ambos progenitores contribuye a formar individuos más adaptables y con mayor estabilidad emocional”, indicó la también especialista en salud pública, quien advirtió que la ausencia de alguno de ellos puede generar vacíos afectivos e incidir en la configuración de la personalidad.

Pobreza afecta a infancias

La maestra Soto Villaseñor explicó que en la actualidad se habla de competencias parentales, entendidas como las habilidades que los adultos adquieren para acompañar el crecimiento. Estas se agrupan en cuatro dimensiones.

La primera corresponde al vínculo emocional, es decir, al bienestar cariñoso y sensible, el cual implica interacción constante, uso de palabras afectuosas, contacto físico y capacidad de reconocer y atender las demandas de la niñez. Estas prácticas propician un apego seguro y estabilidad emocional.

La formación y la estimulación del aprendizaje son parte de la segunda dimensión. Actividades cotidianas como jugar, conversar, explorar o convivir favorecen el desarrollo de habilidades cognitivas fundamentales. Por lo tanto, advirtió que el uso excesivo de dispositivos electrónicos a edades tempranas puede limitar las oportunidades de aprendizaje a través del juego y la interacción directa.

El tercer componente alude a la protección y está orientado a garantizar la seguridad y el bienestar de los hijos e involucra el acceso a servicios de salud, la prevención de accidentes y la construcción de ambientes libres de violencia.

La cuarta dimensión, denominada reflexiva, invita a madres, padres y tutores a analizar sus prácticas de crianza y evitar la reproducción de patrones negativos adquiridos en la niñez.

La transformación de las dinámicas familiares y laborales ha modificado la manera de ejercer la formación de los hijos. Jornadas laborales extensas, cambios en la estructura del hogar y la disminución de redes de apoyo tradicionales han generado nuevos desafíos.

Para Soto Villaseñor, esta labor no debe entenderse como una responsabilidad exclusiva de la madre. “El resguardo de los descendientes también compete a la comunidad y a las instituciones”. Hizo hincapié en la importancia de fortalecer redes de apoyo social y servicios especializados que permitan equilibrar las obligaciones laborales y consanguíneas.

Las condiciones socioeconómicas también inciden en la calidad de la asistencia infantil. Los hogares en situación de vulnerabilidad enfrentan mayores dificultades para acceder a servicios de salud, educación temprana o centros especializados, lo que puede afectar la evolución plena de la niñez.

De acuerdo con el Pacto por la Primera Infancia, colectivo que reúne a más de 500 organizaciones de la sociedad civil al servicio del bienestar y el progreso de las niñas y los niños menores de 6 años, en México existen 12.4 millones en este grupo etario; más de dos millones están en riesgo de no alcanzar su potencial, casi la mitad carece de esquemas completos de vacunación y alrededor de siete millones viven en condiciones de pobreza.

En materia de salud, solo tres de cada diez infantes de seis meses reciben lactancia materna, uno de cada diez en el rango de cinco años padece desnutrición crónica y cuatro de cada diez presenta anemia.

Asimismo, solo tres de cada diez niñas y niños por debajo de los cinco años cuentan con al menos una evaluación de su desarrollo temprano; de cada cien correspondientes a tres años, noventa y siete no asisten a programas de educación inicial y tres de cada diez, de entre tres y cinco años, no acuden a preescolar.

Servicios gratuitos en el centro Xilotl

El respaldo de familiares y especialistas adquiere especial trascendencia cuando los hijos presentan alguna condición relacionada con el neurodesarrollo o la discapacidad, ya que estas situaciones implican mayores exigencias de tiempo, recursos y orientación profesional.

La académica Soto Villaseñor destacó que uno de los principales retos en México es la insuficiencia de servicios de supervisión temprana. En este contexto, espacios como el Centro de Promoción y Atención al Desarrollo Infantil Xilotl https://www.facebook.com/centro.xilotl/, son de suma relevancia. Este brinda diagnóstico y tratamiento en trastornos del neurodesarrollo de forma gratuita con el apoyo de la UAM, el Instituto Nacional de Pediatría (INP) y la alcaldía Tlalpan.

Ambas expertas coincidieron en la necesidad de fortalecer dichos servicios y ampliar la información confiable para progenitores y cuidadores, con el fin de mejorar las condiciones de crecimiento pleno en el país.

Las entrevistadas hicieron un llamado a impulsar políticas públicas para favorecer la crianza, tales como licencias parentales equitativas, sistemas de atención accesibles y ambientes laborales sensibles a las prioridades familiares.

La maestra Soto Villaseñor hizo hincapié en la importancia de evitar formas de violencia ejercidas con gritos, amenazas o contacto físico.

También recomendó identificar señales de alerta como la sobrecarga del cuidado, situación que ocurre cuando éste recae en una sola persona y puede generar estrés, ansiedad, depresión o sensación de incompetencia.

De igual forma, la presencia de agresiones o consumo de sustancias alteran la estabilidad del hogar y expone a la niñez a contextos adversos.

“Si se identifica alguno de esos casos es importante buscar orientación y recursos de apoyo”, recomendó Soto Villaseñor.

Para la doctora García Santa Olalla invertir en la primera infancia equivale a apostar por el bienestar futuro de la sociedad. “Trabajar en ella es ocuparnos del porvenir. Si queremos adultos más sanos y sociedades más incluyentes, debemos comenzar desde los primeros años de vida”.

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