Las lesiones de rodilla no son exclusivas de atletas de alto rendimiento. Muchas mujeres experimentan dolor al subir escaleras, al comenzar una rutina de ejercicio o incluso en actividades cotidianas como cargar bolsas del supermercado. Durante años, este fenómeno se explicó con una idea equivocada: que las mujeres tienen “rodillas más débiles”. Hoy la evidencia científica demuestra algo distinto. El mayor riesgo no está relacionado con fragilidad, sino con diferencias anatómicas, biomecánicas y hormonales del cuerpo femenino.

Diversos estudios han mostrado que las mujeres pueden tener entre 2 y 8 veces más riesgo de sufrir lesiones del ligamento cruzado anterior (LCA) en comparación con los hombres ante movimientos similares, especialmente cuando hay giros o cambios bruscos de dirección.

Pero ¿qué significa esto en términos sencillos?

Las mujeres, en promedio, tienen la pelvis un poco más ancha. Esto cambia ligeramente la alineación entre la cadera y la rodilla, generando un ángulo (conocido como ángulo Q) que suele ser mayor que en los hombres.

En palabras simples: la rodilla tiende a dirigirse un poco más hacia adentro al moverse. Esa pequeña variación aumenta la tensión sobre los ligamentos que estabilizan la articulación, especialmente ante movimientos repetidos o inesperados.

“No solo importa la estructura, sino la forma en que el cuerpo utiliza sus músculos. En general, muchas mujeres activan más el músculo frontal del muslo (cuádriceps) y menos la parte posterior (isquiotibiales). Cuando no hay un buen equilibrio entre ambos, la rodilla puede quedar menos protegida”, explica el Dr. Carlos Suárez Ahedo, ortopedista especialista en cirugía de cadera y rodilla.

Además, si los músculos de la cadera y los glúteos no están suficientemente fuertes, la rodilla puede “colapsar” ligeramente hacia adentro al hacer esfuerzo. Ese pequeño gesto repetido con el tiempo puede aumentar la probabilidad de lesión.

Aunado a esto, el cuerpo femenino cambia a lo largo del mes. Las variaciones en hormonas como el estrógeno pueden hacer que los ligamentos sean ligeramente más elásticos en ciertas fases del ciclo menstrual. Esa mayor elasticidad, aunque es parte normal del funcionamiento del cuerpo, puede disminuir temporalmente la estabilidad de la rodilla ante cargas intensas.

Esto no significa que se deba evitar la actividad física, sino que entender estos cambios ayuda a diseñar mejores estrategias de prevención. Es por ello que el Dr. Carlos Suárez Ahedo, comparte algunas acciones que se pueden realizar para proteger la rodilla en mujeres de todas las edades y niveles de actividad:

  • Entrenamiento de fuerza equilibrado:no basta con fortalecer las piernas; es importante trabajar también la parte posterior del muslo y la cadera. Ejercicios como puentes de glúteo, desplantes controlados o peso muerto ligero ayudan a distribuir mejor la carga y a proteger la articulación.
  • Movimiento consciente en la vida diaria: al subir o bajar escaleras, conviene vigilar que la rodilla no se desplace hacia adentro. Al levantar objetos, se recomienda flexionar cadera y rodillas manteniendo buena alineación.
  • Fortalecimiento de glúteos y abdomen: estos músculos funcionan como estabilizadores del cuerpo. Si están débiles, la rodilla compensa. Sentadillas bien ejecutadas, planchas y ejercicios con bandas elásticas pueden mejorar la postura y el control del movimiento.
  • Ejercicios de equilibrio y coordinación:pararse en un pie, realizar movimientos lentos y controlados o incorporar ejercicios de estabilidad mejora la respuesta del cuerpo ante tropiezos o movimientos inesperados.

Estas acciones no son exclusivas de deportistas. Benefician a cualquier mujer que quiera reducir su riesgo de lesión y mantener la movilidad a largo plazo.

Hay que aclarar que las mujeres no tienen rodillas más débiles; tienen cuerpos con características distintas. Comprender esas diferencias permite dejar atrás mitos y avanzar hacia una prevención más informada y personalizada. La clave no está en limitar la actividad, sino en fortalecer, alinearse y moverse mejor para cuidar la salud articular a lo largo de la vida.

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