México produce más innovación de la que sugieren sus condiciones para innovar, pero todavía tiene el reto de convertirla en valor propio. Esa es la lectura de ClarkeModet, grupo especializado en gestión de la innovación y propiedad intelectual, sobre los resultados del Índice Mundial de Innovación 2026 de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI).

Este año, México se ubicó en el lugar 65 de 139 economías. En 2025 estaba en el 58 y en 2024 en el 56. Aun así, se mantiene como la tercera economía más innovadora de América Latina, detrás de Chile y Brasil. El dato que más llama la atención está en el detalle del índice: el país ocupa el lugar 53 en resultados de innovación, pero el 81 en las condiciones que la hacen posible.

«México tiene una gran capacidad para producir y exportar innovación. Pero en pleno auge del nearshoring, si el país solo fabrica y no se queda con las patentes, el diseño o el software, la mayor parte del valor se genera fuera. El reto ya no es solo atraer plantas, sino asegurar que lo que se crea aquí también se proteja y se aproveche aquí«, señaló Martín Pereyra, Regional Managing Director de ClarkeModet México.

El país tiene fortalezas claras. Ocupa el quinto lugar mundial en exportación de bienes creativos y el 11 en manufactura de alta tecnología, y la Ciudad de México figura entre los 100 principales clústeres de innovación del mundo. Sin embargo, la inversión de las empresas en investigación y desarrollo sigue siendo baja: equivale a apenas 0.05% del PIB.

Para ClarkeModet, esa brecha representa una oportunidad, sobre todo para las pequeñas y medianas empresas: «Muchas empresas mexicanas innovan todos los días en sus procesos, productos y marcas, pero no siempre lo reconocen como un activo. Cuando una empresa protege lo que crea, puede licenciarlo, atraer inversión y competir en otros mercados con mayor solidez«.

El índice también muestra hacia dónde se mueve la inversión: la inteligencia artificial concentró 53% del valor del capital de riesgo global en 2025, mientras que en México el número de operaciones de capital de riesgo cayó 26.5% en el último año. Para ClarkeModet, esto hace más urgente que las empresas mexicanas identifiquen y protejan sus desarrollos tecnológicos, porque son justamente los activos que buscan los inversionistas.

«Lo que pone en evidencia el índice es que la innovación no se mide solo por lo que se produce, sino por el valor que se logra capturar. Ahí es donde la propiedad intelectual deja de ser un trámite y se convierte en una herramienta de crecimiento«, concluyó Pereyra.

La posición del país revelada en este índice representa una oportunidad para las empresas mexicanas. Por ello, ClarkeModet recomienda empezar por identificar qué activos intangibles ya tienen, como procesos, desarrollos tecnológicos, software, diseños o marcas, y evaluar cuáles conviene proteger antes de salir al mercado o buscar inversión. También sugiere integrar la propiedad intelectual desde las primeras etapas de cada proyecto y no al final, así como considerar las opciones de licenciamiento como una vía para generar ingresos adicionales. De esta manera, la innovación que hoy se produce en México puede convertirse en un activo que fortalezca la competitividad de las empresas y del país.

 

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