Alphabet cayó con fuerza tras sus resultados y reavivó las dudas sobre si el gasto en inteligencia artificial se convertirá en rentabilidad, pero la caída no fue una huida del riesgo: más de 400 compañías del S&P 500 avanzaron. El ajuste ya llega a los bonos del Tesoro norteamericano, al oro, a Asia y a los emergentes, en un escenario de inflación persistente, petróleo sobre US$110 y una Fed que no cerró la puerta a un alza en diciembre. En América Latina, Brasil enfrenta una deuda neta cercana al 70% del PIB, México depende del ciclo tecnológico y Chile del cobre.
Qué ha pasado
Los mercados cerraron la jornada de ayer con presión sobre las acciones tecnológicas, en una sesión donde las dudas sobre la rentabilidad de las inversiones en inteligencia artificial comenzaron a extenderse a otras clases de activos. Resultados corporativos decepcionantes, expectativas monetarias restrictivas y tensiones geopolíticas aumentaron la diferenciación entre sectores. La corrección, sin embargo, no fue generalizada: las compañías de la economía tradicional tuvieron un mejor desempeño, lo que sugiere una rotación hacia negocios con mayor visibilidad de utilidades y generación de caja.
El principal catalizador fue el desplome de Alphabet, con una caída histórica atribuida a resultados inferiores a lo esperado en su segmento de búsqueda y publicidad y al rápido aumento de sus inversiones en infraestructura. La compañía sigue beneficiándose del crecimiento de la nube, pero el deterioro de su flujo de caja reavivó las dudas sobre cómo monetizará el enorme gasto en inteligencia artificial. La preocupación alcanzó a los fabricantes de semiconductores y a las empresas de software, especialmente tras los resultados de ServiceNow y Fortinet, y se extendió a las tecnológicas surcoreanas. Microsoft mostró un desempeño más favorable, con crecimiento de Azure y mayor disciplina en la generación de caja, aunque su plan de captar US$25.000 millones con una emisión de deuda evidencia las crecientes necesidades de financiamiento del sector.
El efecto va más allá de las valoraciones bursátiles. El ciclo de inversión en centros de datos, semiconductores e infraestructura tecnológica se convirtió en un soporte relevante para la actividad económica y los mercados de capitales, y las emisiones globales de bonos están en niveles récord en 2026, en parte por las necesidades de las grandes tecnológicas. Si esas compañías moderaran sus planes de inversión, se verían afectados los proveedores industriales, la demanda energética y el crédito. Por ahora, la rotación sugiere que los inversionistas diferencian entre empresas en lugar de reducir su exposición al riesgo en general. El mercado exige ahora evidencia de que las inversiones se traducirán en ingresos recurrentes, rentabilidad y flujo de caja sostenible.
La economía estadounidense siguió mostrando solidez: el PIB del tercer trimestre creció 3,4% anualizado, por encima de lo esperado, con apoyo del consumo y de la inversión en infraestructura tecnológica, y el índice de precios del consumo personal (PCE) mostró nuevas presiones en septiembre, con su componente subyacente por encima del objetivo de 2%. Con ese trasfondo, la Fed, que mantuvo la tasa en 3,75%-4,00% el miércoles sin dar señales claras sobre su próxima decisión en diciembre, tiene poca urgencia para entregar recortes del tipo rector, y los precios energéticos mantienen abierto el debate sobre prolongar o incluso reforzar la restricción.
En Europa, el Banco Central Europeo mantuvo su tasa en 2,5%, con un tono más cauteloso sobre el efecto del endurecimiento financiero en el crecimiento y la inflación. Christine Lagarde reconoció que en la reunión se consideró un nuevo incremento, lo que mantiene vigente la expectativa de una decisión más restrictiva en diciembre. Las preocupaciones fiscales en Francia llevaron al BCE a reiterar su disposición a usar los instrumentos disponibles ante episodios de desorden financiero. Las bolsas europeas fueron más resilientes que las norteamericanas por los resultados corporativos y una composición sectorial menos concentrada en las compañías de inteligencia artificial.
En divisas, el dólar se mantuvo relativamente estable, entre la demanda defensiva por la volatilidad bursátil y el retroceso de los rendimientos del Tesoro. En materias primas, las señales sobre el conflicto en Medio Oriente fueron contradictorias: las informaciones sobre negociaciones entre Washington y Teherán para un eventual acuerdo temporal moderaron los precios del crudo, pero las tensiones militares y los riesgos de suministro mantienen elevada la prima geopolítica. Los precios altos de la energía deterioran los márgenes de los sectores intensivos en energía, reducen el poder adquisitivo y complican las decisiones monetarias. El oro enfrentó fuerzas opuestas, entre la demanda de cobertura geopolítica y la presión de las tasas reales elevadas, mientras que el cobre conserva fundamentos favorables por las restricciones de oferta y la electrificación, aunque sigue expuesto al ciclo industrial chino y a una posible moderación del gasto tecnológico.
En América Latina, Brasil siguió concentrando las preocupaciones tras la reelección de Luiz Inácio Lula da Silva. El Ibovespa prolongó su racha de pérdidas, y el real y la deuda soberana reflejaron una reevaluación de las perspectivas fiscales por la incertidumbre sobre el gasto público y la sostenibilidad de la deuda. Las mayores primas de riesgo y las presiones sobre los rendimientos de largo plazo muestran que los inversionistas exigen más compensación por el riesgo soberano. La definición del equipo económico y las primeras señales de disciplina presupuestaria determinarán si la corrección se estabiliza o deriva en un deterioro más persistente de las condiciones financieras.
El peso mexicano fue una de las monedas de peor desempeño de la jornada, por la reducción de posiciones de riesgo y la incertidumbre sobre las tasas estadounidenses; su alta liquidez y su integración con los mercados internacionales amplifican su sensibilidad al apetito global por riesgo. En Colombia, la reciente emisión de deuda soberana volvió a destacar las necesidades de financiamiento del Gobierno en un contexto de presiones fiscales; su exposición al petróleo implica un equilibrio delicado, porque menores precios energéticos podrían aliviar la inflación, pero también reducir los ingresos externos y fiscales. En Chile, el peso siguió condicionado por el dólar, los rendimientos estadounidenses y el cobre, cuyos fundamentos respaldan los términos de intercambio y los ingresos externos.
Qué se viene hacia adelante
Los mercados se encaminan a cerrar octubre con un deterioro en el apetito por riesgo. La reevaluación del ciclo de inversión en inteligencia artificial ya no se limita a las acciones tecnológicas: también mueve los bonos soberanos, las monedas y las materias primas. Los resultados corporativos aumentaron las dudas sobre si los enormes compromisos de inversión generarán retornos proporcionales, y las tensiones en Medio Oriente siguen empujando los precios de la energía. La caída del crecimiento esperado favorece a los bonos del Tesoro norteamericano, mientras las presiones de costos mantienen abierta la posibilidad de nuevas alzas de tasas.
En EE.UU., los resultados de Amazon e Intel profundizaron las inquietudes que dejó Alphabet: mayor gasto de capital, deterioro del flujo de caja y dificultad para justificar las valoraciones actuales. La demanda por servicios de la nube, capacidad computacional y semiconductores especializados sigue siendo dinámica, pero crecer en demanda no garantiza una mejora proporcional de la rentabilidad, sobre todo cuando las inversiones tardan en madurar y el costo de financiamiento es cada vez más alto. Por eso los inversionistas están siendo más selectivos entre las compañías que capturan directamente los beneficios de la inteligencia artificial y las que deben financiar infraestructura antes de recibir retornos.
Esta corrección muestra la alta dependencia del mercado del sector tecnológico. Durante gran parte del año, la inversión en inteligencia artificial se interpretó como un motor del crecimiento estadounidense y de las utilidades, pero el capital comprometido eleva la demanda de financiamiento y genera dudas sobre los balances. En ese sentido, una revisión significativa de las expectativas de monetización podría reducir los gastos de capital, con consecuencias para los proveedores de semiconductores, los fabricantes de equipos, las energéticas y el crédito. Eso no implica que el ciclo termine, pero las expectativas incorporadas en las valoraciones serían vulnerables si las empresas priorizan la rentabilidad sobre la ampliación de capacidad.
Las bolsas asiáticas muestran que la reevaluación es global. Taiwán y Corea del Sur, expuestos a los fabricantes de semiconductores y componentes avanzados, sufren presiones ante la posibilidad de que una moderación de la inversión estadounidense reduzca su demanda. La bolsa taiwanesa se aproxima a una corrección técnica y la surcoreana se ajusta tras una recuperación muy intensa. Los fabricantes de memorias todavía muestran demanda significativa y restricciones de capacidad, de modo que la caída parece reflejar una revisión de expectativas y de posicionamiento; su persistencia dependerá de que los grandes compradores mantengan sus compromisos de inversión y de que los proveedores preserven sus márgenes.
El contagio llega también a otros activos. La caída de las acciones aumenta la demanda por bonos soberanos considerados de refugio, y algunos inversionistas reducen posiciones en activos líquidos para compensar pérdidas o bajar su exposición total. Eso explica por qué el oro descendió por debajo de los US$4.000 por onza pese a la incertidumbre geopolítica: cuando hay que vender para cubrir pérdidas o generar liquidez, hasta los activos refugio caen, a lo que se suman los altos rendimientos reales y la persistencia inflacionaria. La incertidumbre geopolítica sigue sosteniendo la demanda defensiva; una caída sostenida de los rendimientos reales favorecería al metal, mientras nuevas sorpresas inflacionarias limitarían su alza.
En renta fija estadounidense, los bonos del Tesoro se recuperan en vista de la mayor demanda por activos defensivos y por la revisión de las perspectivas de crecimiento. La tasa del tesoro a diez años se acerca a 4,9% y los vencimientos cortos también encuentran soporte ante la posibilidad de que las preocupaciones financieras limiten nuevas alzas de tasas. No obstante, esa recuperación convive con una inflación exigente y con altas necesidades de financiamiento fiscal. Hacer esta distinción es clave porque si las tasas bajan por menor inflación, favorece a los activos de riesgo; si es por temor al crecimiento o a la estabilidad financiera, es mucho menos favorable para las bolsas y el crédito corporativo.
La composición del crecimiento de EE.UU. añade matices. La inversión residencial sigue debilitada por los altos costos hipotecarios y el gasto de los consumidores mostró señales de moderación hacia el cierre del período, mientras una parte importante del dinamismo depende de inversiones tecnológicas extraordinarias. Si las compañías revisan sus planes de expansión, el impulso sobre la actividad podría moderarse en los próximos trimestres, aun si la demanda final por aplicaciones de inteligencia artificial continúa creciendo. Para la Fed, el desafío es determinar si los mayores costos de transporte, producción y abastecimiento se trasladan de forma persistente a los precios de los servicios y a las expectativas de inflación. Los inversionistas siguen evaluando nuevas alzas, aunque la corrección tecnológica y el endurecimiento acumulado de las condiciones financieras podrían favorecer una postura más cautelosa.
En Europa, el crecimiento es frágil y los costos energéticos y las tensiones fiscales siguen pesando. La economía de la zona euro creció en el tercer trimestre más de lo esperado, pero con resultados dispares: Francia registró una contracción por la debilidad de la inversión y la incertidumbre política, mientras otras economías mostraron mayor resiliencia. La región no tiene aún una recuperación suficientemente amplia para absorber un nuevo shock energético, y la debilidad industrial y las restricciones fiscales limitan el margen de respuesta de las autoridades.
Tras la reunión del BCE, su comunicación confirmó que las presiones inflacionarias siguen siendo una preocupación importante. El encarecimiento del petróleo y del gas natural deteriora el poder adquisitivo de los hogares y aumenta los costos de producción. Algunos miembros del Consejo de Gobierno, señalaron que podrían ser necesarios nuevos incrementos si las presiones no se moderan, aunque los niveles de tasa actuales ya afecta la inversión y el crédito y limita una respuesta agresiva. El desafío será determinar si el shock energético se mantiene concentrado en ciertos precios o comienza a afectar salarios, márgenes empresariales y expectativas de inflación.
Los futuros del gas natural volvieron a superar los €100 por megavatio-hora, por las amenazas de nuevas interrupciones de suministro y las informaciones sobre una eventual intensificación de las operaciones militares estadounidenses contra Irán. Aumentan así los riesgos para la competitividad de sectores intensivos en energía como químicos, metales y manufacturas. Las medidas que evalúan las autoridades para contener los costos de hogares y empresas podrían aumentar las presiones fiscales y difícilmente resolverán de inmediato las restricciones físicas de abastecimiento. Si los precios altos persisten durante el invierno, el crecimiento seguiría débil con inflación persistente, lo que complicaría la política monetaria.
En divisas, el dólar sigue respaldado por diferenciales de tasas atractivos, aunque las monedas asiáticas más expuestas al ciclo tecnológico, como el dólar taiwanés, enfrentan presiones por la salida de capitales de sus bolsas. El euro se estabiliza tras alcanzar mínimos de varios meses, por la moderación de las posiciones cortas y la expectativa de que el BCE mantenga una sesgo relativamente restrictivo, aunque el débil crecimiento y los costos energéticos limitan su recuperación. El yen se fortalece tras la decisión del Banco de Japón, que mantuvo su tasa en 1,25%, revisó al alza sus proyecciones de inflación y dejó abierta la posibilidad de nuevos incrementos. Un mayor devengo de los activos japoneses puede reducir el atractivo del carry trade financiado en yenes, generar ajustes de posiciones y aumentar la volatilidad de las monedas con altos diferenciales de tasas.
En materias primas, el petróleo vuelve a avanzar ante nuevas amenazas sobre la seguridad del transporte marítimo en el estrecho de Ormuz y las informaciones sobre una eventual reanudación de operaciones militares estadounidenses contra Irán. Las gestiones diplomáticas continúan, pero no hay señales suficientes de una normalización sostenida del suministro, y el Brent se mantiene sobre los US$110 por barril. Esos riesgos afectan a la vez las expectativas de inflación, los costos de producción y las decisiones monetarias.
El cobre también cede durante la jornada, afectado por la corrección tecnológica y las dudas sobre el crecimiento global. Sus fundamentos de largo plazo siguen respaldados por restricciones de oferta y por la expansión de la infraestructura eléctrica, pero el deterioro del sentimiento hacia la inteligencia artificial genera dudas sobre algunas fuentes de demanda industrial: incluso las materias primas con buenas perspectivas pueden corregir cuando los inversionistas reducen su exposición a activos cíclicos. Para Chile, el cobre es clave porque ha sostenido los ingresos externos y el peso, compensando parcialmente el deterioro de los términos de intercambio por el petróleo caro.
En América Latina, Brasil sigue concentrando la atención tras la fuerte corrección posterior a la reelección de Lula. Las últimas cifras fiscales mostraron una deuda neta del Gobierno cercana al 70% del PIB en septiembre, con pagos de intereses que son una carga considerable para las cuentas públicas. Las tasas altas aumentan el costo del servicio de la deuda y dificultan la consolidación fiscal, mientras las preocupaciones sobre el gasto mantienen elevadas las primas exigidas. El próximo mandato deberá demostrar que puede implementar una trayectoria presupuestaria creíble sin profundizar la desaceleración, con las restricciones políticas y sociales que enfrenta cualquier programa de ajuste. En un entorno internacional con poco margen para absorber incertidumbre política, el episodio subraya el peso de los fundamentos domésticos.
En Chile, el peso muestra una resiliencia relativa frente a otras monedas regionales, respaldado por la orientación más cautelosa del Banco Central y por los fundamentos del cobre. La autoridad mantuvo la tasa en 4,5% esta semana y destacó que el encarecimiento energético y las presiones externas sobre los costos elevan los riesgos inflacionarios, lo que reduce el margen para flexibilizar en los próximos meses. Esa postura refuerza el atractivo de los diferenciales de tasas, aunque plantea desafíos a los sectores domésticos más sensibles al financiamiento. La corrección reciente del cobre y el menor apetito por riesgo global podrían limitar la recuperación del peso, sobre todo si la volatilidad tecnológica provoca una reducción más amplia de la exposición a emergentes.
En México, la atención está en la estimación preliminar del PIB del tercer trimestre, que mostrará si el dinamismo exportador se traduce en una recuperación más amplia de la actividad. Las últimas cifras comerciales mostraron una expansión significativa de las exportaciones manufactureras, especialmente de equipos de cómputo e infraestructura tecnológica, reflejo de la creciente integración con las cadenas de suministro de EE.UU. Por eso el auge exportador de México depende del ciclo de inversión en inteligencia artificial: una revisión a la baja de los planes de las grandes plataformas estadounidenses podría reducir la demanda por ciertos componentes y equipos, aunque los compromisos de infraestructura ya anunciados darían soporte en los próximos trimestres. Para el peso, los diferenciales de tasas siguen siendo relevantes, pero su evolución también dependerá del crecimiento estadounidense y de las negociaciones comerciales bilaterales.
En Colombia, el Banco de la República decide hoy su política monetaria, con la inflación muy por encima del objetivo y un crecimiento que se modera. La autoridad debe contener las expectativas de inflación sin profundizar las restricciones sobre hogares y empresas. Las preocupaciones fiscales siguen condicionando a los activos, sobre todo tras las recientes emisiones internacionales de deuda: el país mantiene acceso al mercado, pero el menor apetito por riesgo emergente podría aumentar los costos de refinanciamiento y exige una
La próxima semana, la atención pasará a las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre, que podrían modificar las expectativas fiscales y regulatorias. Asimismo, se conocerán datos del mercado laboral de EE.UU. y a las decisiones del Banco de Inglaterra y del Banco de la Reserva de Australia. El conflicto en Medio Oriente seguirá como riesgo transversal, porque las elecciones podrían cambiar los incentivos políticos y diplomáticos de las partes.

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