María Fernanda Díaz Sea
La búsqueda de alternativas para reducir los residuos plásticos también llega al ámbito de la investigación. Durante una visita al Instituto de Ingeniería de la UNAM, especialistas de la universidad explicaron procesos para evaluar bolsas y otros materiales, incluidos estudios con larvas de insectos. La visita contó con la participación de DiDi México y Bioelements, y permitió conocer la bolsa que DiDi ya utiliza en su servicio de entregas.
Uno de los temas principales fue el trabajo de la Dra. María Neftalí Rojas Valencia, investigadora del Instituto de Ingeniería, quien junto con su equipo estudia el comportamiento de distintos materiales mediante larvas de insectos, como Tenebrio molitor y Zophobas morio.
En estas investigaciones se observa si las larvas consumen las muestras y se analizan posibles cambios en los materiales. El procedimiento también contempla el estudio de sus excrementos para identificar modificaciones en la composición química. Sin embargo, que las larvas consuman una bolsa no significa que esta se haya biodegradado por completo.
Durante la explicación se abordaron tres tipos de bolsas: biodegradables, compostables e hidrosolubles. Aunque suelen presentarse como alternativas al plástico convencional, sus características son distintas. Las biodegradables se descomponen mediante procesos biológicos; las compostables requieren condiciones específicas de compostaje, mientras que las hidrosolubles están diseñadas para disolverse en agua. Disolverse no garantiza que un material se biodegrade por completo ni que sea inocuo para el ambiente.
Por ello, las etiquetas no deben ser el único criterio para determinar los beneficios ambientales de un empaque. La Dra. Rojas Valencia advirtió: “No debemos confiar a ciegas en cualquier empaque solo porque tenga la leyenda de ‘biodegradable’”. La evaluación científica permite conocer mejor las características de los materiales y las condiciones que necesitan para degradarse.
Durante el recorrido por el laboratorio también se presentaron prototipos elaborados a partir del reciclaje de bolsas y proyectos desarrollados por dos alumnas. Entre las propuestas había botes de basura y bloques estructurales que podrían explorarse para la construcción de viviendas sustentables. Por ahora, estas ideas continúan en una etapa de pruebas a pequeña escala.
Uno de los retos es determinar cuánto costaría fabricar estos productos en mayores cantidades y conseguir que sean accesibles. Sobre el tema, la Dra. Rojas Valencia explicó: “Ya tenemos un estimado aproximado, aunque aún no es exacto, pero la meta principal de este proyecto es buscar que sean totalmente accesibles para la gente”.
Por su parte, Andrés Macher, director de DiDi Shop Latinoamérica, habló sobre la incorporación de las bolsas de Bioelements al servicio de entregas de la empresa. “La contaminación por plásticos es un problema urgente y aportar un granito de arena puede marcar una diferencia enorme para el medio ambiente”, comentó.
Macher explicó que eligieron estas bolsas en lugar de las tradicionales de papel por su practicidad y resistencia para transportar productos de mayor peso, lo que reduce el riesgo de que el empaque se rompa durante los trayectos. Sin embargo, estas características no determinan por sí solas su impacto ambiental; también es necesario considerar su composición y el manejo que requieren después de utilizarse.
Otro desafío es conseguir financiamiento e inversionistas que permitan continuar las investigaciones y llevar los proyectos fuera del laboratorio. La falta de recursos puede dificultar que las propuestas pasen de las pruebas a una producción más amplia.
Los estudios con larvas y los prototipos presentados en el Instituto de Ingeniería de la UNAM muestran distintas formas de investigar y aprovechar los residuos plásticos. Su aplicación a mayor escala dependerá de los resultados obtenidos, la viabilidad de su producción y los recursos disponibles para continuar su desarrollo.

