Como cada 16 de octubre, el Día Mundial de la Alimentación invita a reflexionar sobre el reto de garantizar el acceso a los alimentos para una población en crecimiento, frente a factores como el cambio climático, la sobreexplotación de los recursos y las desigualdades que persisten. Ante este panorama, no solo importa producir lo suficiente, sino también encontrar formas de hacerlo que permitan aprovechar mejor los recursos disponibles.
Hablar de una alimentación consciente implica también mirar más allá del producto que llega a nuestro plato. Conocer de dónde proviene, cómo fue producido y qué prácticas existen detrás de él permite tomar decisiones de consumo más informadas y entender el impacto que tienen las distintas formas de producción.
En este sentido, los alimentos provenientes del mar tienen un papel relevante. De acuerdo con el último informe sobre el Estado Mundial de la Pesca y la Acuicultura (SOFIA 2026) de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 89% de la producción de animales acuáticos se destina al consumo humano y aporta al menos una quinta parte de la proteína animal consumida por 3,100 millones de personas en el mundo. En el caso de los pescados, la acuacultura responsable abre posibilidades para mantener una producción planificada y constante, apoyada en la ciencia, la tecnología y la trazabilidad.
Por ello, Santomar, empresa pionera en acuacultura regenerativa, comparte cinco claves para entender qué hay detrás de los alimentos que elegimos y cómo aspectos como su origen, sus procesos de cultivo y el conocimiento de las especies pueden contribuir a una alimentación más consciente:
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El valor de un alimento también se encuentra en la calidad de sus nutrientes.
La nutrición es un componente fundamental de una alimentación equilibrada, y conocer el aporte de los alimentos que consumimos también forma parte de ella. Entre las distintas opciones disponibles, los pescados y mariscos pueden contribuir a una dieta equilibrada por su contenido de proteína y otros nutrientes.
La composición nutricional es distinta en cada especie. Por ejemplo, el Huachinango Santomar® contiene aproximadamente 23 gramos de proteína por cada 100 gramos, un nutriente esencial para el mantenimiento y desarrollo de distintas funciones del organismo. Incorporar diferentes productos del mar a la alimentación permite diversificar las fuentes de proteína que consumimos.
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Saber de dónde viene lo que comemos también importa
Conocer el origen de lo que consumimos también forma parte de una alimentación consciente. Por ejemplo, en la acuacultura, la trazabilidad nos permite conocer la procedencia de las especies y dar seguimiento a las distintas etapas de su producción.
En Santomar®, las especies cultivadas cuentan con trazabilidad a lo largo de su ciclo de vida, desde sus primeras etapas de desarrollo hasta el producto final. Este proceso permite mantener información sobre su origen y recorrido durante el cultivo, la cosecha, el procesamiento y la distribución, aportando mayor claridad sobre cómo y dónde fueron producidas.
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Producir durante todo el año permite contar con un suministro más constante
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Contar con productos disponibles de manera regular es uno de los retos de los sistemas alimentarios actuales. La oferta de pescados puede variar por factores como las temporadas de captura, las vedas o las propias condiciones del entorno. Frente a ello, la acuacultura sustentable permite planificar los ciclos de cultivo y complementar el abastecimiento proveniente de poblaciones silvestres.
En el caso de Santomar®, el cultivo de distintas especies permite planificar sus ciclos de acuerdo con sus características y necesidades. Esto contribuye a diversificar las alternativas de abastecimiento y muestra cómo comprender los ciclos biológicos también forma parte de la planificación de los sistemas de producción.
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La forma de producir también cuenta
El modelo de producción de Santomar® integra investigación, tecnología y procesos de monitoreo a lo largo de las distintas etapas de cultivo de sus especies, desde su nacimiento hasta su desarrollo en viveros en mar abierto. Como parte de este modelo, se utilizan herramientas como drones submarinos y sistemas automatizados que apoyan el cuidado y manejo de los ejemplares.
A estos procesos se suman prácticas y protocolos que responden a las características y necesidades de cada especie. La operación cuenta con la certificación Best Aquaculture Practices (BAP) de cuatro estrellas, que comprende distintas etapas de la cadena productiva y establece criterios en materia ambiental, bienestar animal, inocuidad y trazabilidad.
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Cada especie requiere un conocimiento específico
Cada especie tiene ciclos de vida, necesidades y características particulares. La investigación permite comprender mejor estos factores y desarrollar prácticas adecuadas para su cultivo.
En Santomar®, este conocimiento se aplica en el manejo de especies como el huachinango, la totoaba y los ostiones. Su monitoreo continuo permite fortalecer los procesos de producción y ampliar la información disponible sobre las especies y los entornos en los que se desarrollan.
En este Día Mundial de la Alimentación, el reto no está únicamente en responder a una demanda creciente, sino en hacerlo de una manera que pueda sostenerse en el tiempo. En ese camino, encontrar nuevas formas de producir y aprovechar responsablemente los recursos disponibles será clave para avanzar hacia sistemas alimentarios capaces de responder a las necesidades del futuro.
