El crecimiento manufacturero asociado al nearshoring está abriendo una nueva etapa para el Bajío. Después de concentrar esfuerzos en atraer inversiones, construir plantas y ampliar la capacidad productiva, la región enfrenta ahora el desafío de desarrollar la infraestructura técnica necesaria para sostener sus operaciones con continuidad y eficiencia.
Durante años, la competencia en el mercado de maquinaria industrial estuvo determinada principalmente por el precio, el rendimiento y las características de los equipos. Sin embargo, las compañías con operaciones continuas han comenzado a incorporar otros criterios en sus decisiones de compra, como los tiempos de respuesta, la cercanía de los talleres, la disponibilidad inmediata de refacciones y el acceso a unidades de respaldo.
“En una operación industrial de 24 horas, el valor de una máquina también se mide por la rapidez con la que puede volver a producir. Contar con técnicos cercanos, refacciones disponibles y equipos de respaldo convierte el servicio posventa en una herramienta directa de productividad”, afirmó Luis Jorge Pons, Director de Estrategia de Vegusa Maquinaria.
La relevancia de la actividad manufacturera permite dimensionar esta necesidad. De acuerdo con los Censos Económicos 2024 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), Guanajuato concentra 7.7% del personal ocupado en las manufacturas del país. A escala nacional, la fabricación de automóviles, camiones y autopartes representa 29.2% de la producción bruta manufacturera.
En industrias con procesos continuos, una falla puede afectar no solo a una planta, sino también a proveedores y clientes vinculados a una misma cadena productiva. Por ello, la capacidad de mantenimiento y respuesta posventa comienza a adquirir mayor peso en la selección de maquinaria.
“Tener maquinaria de alto desempeño es solo una parte de la ecuación; el cliente también necesita saber cuánto tardará en recibir atención, si la pieza está disponible y qué alternativa tendrá para continuar trabajando durante una reparación”, explicó Pons.
El directivo señaló que las empresas deben considerar la continuidad operativa desde el momento en que seleccionan sus equipos. Esto implica identificar la maquinaria para cada proceso, establecer inventarios mínimos de refacciones, programar mantenimientos preventivos fuera de los periodos de mayor actividad y definir mecanismos de sustitución para enfrentar posibles fallas.
La estrategia también requiere una coordinación más estrecha entre plantas, parques industriales y proveedores, así como indicadores concretos sobre tiempos de atención, disponibilidad de componentes y cobertura técnica. Con ello, el mantenimiento puede dejar de ser únicamente una respuesta ante fallas y convertirse en una herramienta para proteger la productividad.
El Bajío ha demostrado su capacidad para atraer inversiones y desarrollar una plataforma manufacturera de alcance internacional. La siguiente prueba será consolidar un ecosistema capaz de acompañar a las plantas durante toda su operación. En esta etapa, la competitividad regional dependerá no solo de ampliar la capacidad instalada, sino también de anticipar necesidades, responder con rapidez y reducir el riesgo de interrupciones en la producción.
