Más de cuatro décadas de investigación permitieron pasar del exterminio del lobo mexicano a su retorno a vida silvestre, a través de una estrategia que articula ciencia, gestión pública y participación de comunidades forestales.
El doctor Jorge Ignacio Servín Martínez, profesor investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), presentó los alcances del proyecto durante el VI Encuentro Itinerante de Alumnas y Alumnos del Doctorado en Ciencias Biológicas y de la Salud realizado en la Unidad Xochimilco.
En la conferencia La investigación en ecología y conservación en la academia de la UAM: el proyecto de largo plazo del lobo en México, el especialista reconstruyó la historia de una especie que habitó desde Alaska hasta Oaxaca, pero quedó al borde de la extinción.
La persecución, el uso de veneno, la cacería y el cambio de uso del suelo redujeron las poblaciones de la especie, aunado a la falta de leyes ambientales y políticas públicas para la protección y el manejo de la fauna silvestre.
El programa binacional comenzó en la década de 1970, tras la inclusión del lobo mexicano en la lista estadounidense de especies en peligro. Siete ejemplares capturados en Durango y Chihuahua formaron la base de una población bajo el cuidado humano.
El proyecto conserva el perfil genético de cada ejemplar y emplea bancos de germoplasma, reproducción asistida y cruzas planificadas, con estas acciones se protege los linajes escasos, además de que evita la pérdida de variabilidad y sostienen poblaciones aptas para su liberación.
Por lo anterior, el proyecto obtuvo un primer premio internacional en 2010, en un congreso de biología de la conservación. Este reconocimiento distinguió un modelo que no solo aumentó el número de ejemplares, sino que preservó la calidad genética de la población.
La trayectoria del académico adscrito al Departamento del Hombre y su Ambiente ha recibido el Premio Estatal al Mérito Ecológico, la Medalla Benito Juárez de la Universidad Juárez del Estado de Durango y el Premio al Mérito Científico de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.
A estos galardones se suma una mención honorífica del Premio a la Conservación Biológica, otorgada por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas.
La iniciativa cuenta con alrededor de 350 lobos bajo resguardo y una cifra similar en libertad. Para encontrar hábitats aptos, el grupo analizó registros geográficos, clima, relieve, cobertura forestal, presas, caminos, ganado y presencia humana.
Los bosques del estado de Durango tienen condiciones adecuadas, por lo que, el equipo abrió una agenda social y económica, pues la conservación requería acuerdos con ejidos y comunidades, propietarios legales de las tierras.
Una comunidad del norte del estado aceptó el plan tras un diálogo de 15 años. La asamblea, que en una primera etapa rechazó al depredador, aprobó por unanimidad la nueva fase y autorizó la construcción de recintos de preliberación.
Los ejemplares recibieron presas como guajolotes, pecaríes y venados cola blanca para recuperar patrones de cacería. Los primeros cuatro, fueron liberados y salieron con collares satelitales, que registran seis ubicaciones al día y aportan pruebas ante denuncias por ataques al ganado.
La propuesta busca restaurar procesos del bosque, ya que la estancia del depredador modifica la conducta de los herbívoros, reduce el consumo continuo de plántulas y favorece la regeneración vegetal. Por otra parte, esta iniciativa, también estudia escarabajos que reciclan excrementos y devuelven nutrientes al suelo.
El trabajo apoya bonos de carbono y explora esquemas de biodiversidad como fuente de ingresos. El cuidado del territorio puede complementar la producción de madera, la ganadería y la agricultura. De acuerdo con el especialista estos proyectos de largo plazo forman recursos humanos y producen conocimiento útil.
