El mecanismo de seguimiento anual conjunta del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) no constituye una medida extraordinaria ni anticipa la desaparición del entendimiento trilateral, sino que forma parte de las disposiciones establecidas desde su entrada en vigor en 2020, aseguró el maestro Lorenzo Arellano Paredes, profesor investigador del Departamento de Estudios Institucionales de la Unidad Cuajimalpa de la UAM.

En entrevista para el Semanario de la UAM, órgano informativo de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), el especialista explicó que el acuerdo contempla una evaluación sexenal con dos posibles escenarios: la renovación automática por 16 años adicionales o el inicio de revisiones periódicas si alguna de las partes manifiesta su desacuerdo.

En ese contexto, señaló que la postura adoptada por el gobierno estadounidense responde, en mayor medida, a dinámicas comerciales y económicas vinculadas con su déficit comercial y la pérdida de competitividad frente a otros países.

Arellano Paredes mencionó que la economía de ese país acumula un saldo negativo cercano a 81 mil millones de dólares con México entre enero y mayo de 2026, situación que ha generado preocupación en distintos sectores políticos de ese país. “Tratan de implementar políticas complementarias y medidas no arancelarias para intentar, de alguna manera, mitigar el desbalance en el intercambio que tiene Estados Unidos con México y Canadá”, aseveró.

Sobre el esquema de seguimiento, Arellano Paredes afirmó que los mercados ya contemplaban esa posibilidad desde la firma del tratado, por lo que descartó afectaciones significativas en la inversión extranjera o en la capacidad competitiva de la actividad productiva nacional. En su opinión, factores internos, como la certidumbre jurídica y el fortalecimiento del Estado de Derecho, inciden con mayor intensidad en las decisiones de los capitales.

En el ámbito internacional, destacó que la competencia comercial entre la administración de Donald Trump y China continuará influyendo en las conversaciones entre los socios de América del Norte. Precisó que el país asiátivo concentra hoy el 22 por ciento del comercio mundial, mientras que Estados Unidos mantiene una participación del 25 por ciento, lo que evidencia el peso de las dos principales potencias.

Al respecto, indicó que nuestro país cuenta con la oportunidad de diversificar sus espacios de exportación hacia regiones como la Unión Europea y Asia, además de fortalecer sus vínculos económicos con Japón.

Al abordar los desafíos que enfrenta el instrumento de intercambio, Arellano Paredes sostuvo que las posturas proteccionistas impulsadas por el presidente Donald Trump constituyen el principal riesgo para el sistema multilateral de la actividad mercantil.

Advirtió que una política sostenida de aranceles generales del 10 por ciento y específicos del 20 por ciento para los envíos nacionales de acero, aluminio y autopartes tendría repercusiones en el mediano plazo, al reducir el potencial de crecimiento del país. “Dentro de tres o cuatro años sí vamos a tener efectos significativos en el desempeño de la economía mexicana y quizá, en vez de crecer a tasas del 2 por ciento, podría hacerlo a tasas anuales de 1.5 por ciento”, puntualizó.

Pese a ello, considera improbable una salida de Estados Unidos del entendimiento trilateral antes de 2036, ya que posee vigencia legal hasta esa fecha y cualquier intento por abandonarlo requeriría la aprobación del Congreso estadounidense.

El académico subrayó que el T-MEC constituye uno de los principales motores de la expansión de la actividad productiva nacional, al vincularse con ventas al exterior equivalentes a cerca de una tercera parte del Producto Interno Bruto nacional. Ante este panorama, ponderó el papel de las instituciones de educación superior en la formación del capital humano necesario para incrementar la productividad y aprovechar las oportunidades derivadas del tratado.

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