En el marco del Día de las Madres, Casa de la Amistad busca visibilizar una realidad de la que pocas veces se habla: detrás de cada niña, niño o jóven que atraviesa un diagnóstico de cáncer, hay una madre que muchas veces también tuvo que poner su vida en pausa.
Cuando llega un diagnóstico de cáncer infantil, no solo cambia la rutina de una familia; también se transforman los proyectos personales, laborales y educativos de quienes asumen el rol de cuidadoras principales. Detrás de cada tratamiento, hay madres que transforman por completo su rutina y dinámica familiar para convertirse en cuidadoras de tiempo completo, muchas veces separándose temporalmente de sus hogares y de otros integrantes de su familia.
Frente a esta realidad, Casa de la Amistad impulsa un programa educativo avalado por la SEP dentro de la fundación, con el objetivo de que niñas, niños y jóvenes puedan continuar con sus estudios durante el tratamiento. Además, esta iniciativa también brinda a las madres cuidadoras la oportunidad de retomar y continuar su educación mientras acompañan a sus hijos en el proceso. Más allá de un espacio académico, el programa busca convertirse en una herramienta para reconstruir oportunidades, fortalecer su autonomía y abrir nuevas posibilidades para su futuro.
“Hablar de cáncer infantil también implica hablar de las mujeres que sostienen emocional y económicamente a una familia durante uno de los momentos más complejos de su vida. Muchas veces, ellas también necesitan acompañamiento, herramientas y oportunidades para seguir construyendo su propio futuro”, menciona Lorenza Mariscal, Presidenta del Patronato en Casa de la Amistad.
En una fecha donde comúnmente se reconoce la maternidad desde el amor y el cuidado, Casa de la Amistad busca ampliar la conversación hacia las madres cuidadoras que enfrentan jornadas físicas y emocionales agotadoras, mientras intentan mantener estabilidad para sus familias.
A través de este modelo de acompañamiento integral, la organización no solo busca apoyar el tratamiento, sino también generar un impacto positivo en el entorno familiar, impulsando que las madres puedan retomar metas personales y educativas que habían quedado suspendidas por el proceso de enfermedad.
