En un contexto marcado por la crisis energética y los impactos medioambientales ante el uso de combustibles fósiles, las biorrefinerías se perfilan como una alternativa viable, aunque no inmediata en México, consideró la doctora Graciela Carrillo González, profesora investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
La coordinadora de la obra Biorrefinerías y Economía Circular, editado por esta casa de estudios, reconoció que existen retos a considerar como altos costos de implementación, falta de escalamiento industrial y la necesidad de innovación tecnológica para hacer viables los procesos de compra y venta de biocombustibles y energía.
En entrevista, señaló que ante ese panorama se podría impulsar una estrategia basada en el desarrollo de proyectos a escala local y regional capaces de atender necesidades específicas como el suministro energético a comunidades o actividades productivas.
Muestra de ello es el uso de biodigestores que permiten transformar residuos orgánicos en biogás o electricidad, lo que contribuye tanto a la gestión de desechos como a la generación de energía.
Estas instalaciones industriales, explicó la académica adscrita al Departamento de Producción Económica de la Unidad Xochimilco, emplean una o varias fuentes de biomasa o residuos orgánicos para la obtención de diversos materiales y electricidad.
En función de los sustratos disponibles, este tipo de refinerías sustituyen el crudo, gas o carbón por los sustratos derivados de la biomasa, lo cual permite optimizar el uso de los recursos naturales al aprovechar los residuos de la agricultura y otros derivados que ya no son útiles en otras fases de procesos productivos comerciales.
“Las biorrefinerías evolucionaron en tres etapas, la primera se basó en el uso de cereales, cultivos como el maíz o la caña de azúcar para producir biocombustibles, lo que generó conflictos con la industria agroalimentaria; la segunda se centra en el empleo de residuos, y la tercera, explora el potencial de microalgas, aunque aún enfrenta altos costos y limitaciones tecnológicas”.
Es esta lógica de aprovechamiento, a partir del reciclaje y la producción en cascada, presente en el proceso de refinación, la que se integra a la idea de la circularidad de la economía, tal como lo sugiere la coedición de la Unidad Xochimilco y la Universidad Autónoma de Sinaloa.
“Uno de los principales aportes de la publicación es mostrar distintas perspectivas, desde los procedimientos técnicos hasta evaluaciones económicas, análisis de políticas públicas e investigación sobre competitividad que incluyen experiencias internacionales, tal es el caso de Brasil, que usa etanol como combustible de los automóviles, es un ejemplo consolidado de biorrefinería a gran escala”, detalló.
En el volumen se establece que en la última década la economía circular se ha convertido en una sistema con amplia aceptación en países de la Unión Europea, China, Japón y Estados Unidos, impulsada por organismos internacionales como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), al promover un modelo de producción y consumo cuyo objetivo es minimizar residuos y maximizar la reutilización, reparación y reciclaje de materiales para extender su duración.
Este trabajo desarrollado desde 2018 con base en investigaciones previas en ecología industrial y en colaboración con especialistas, reúne 11 capítulos y cuenta con la intervención de 26 autores de diversas disciplinas, como ingeniería, ciencias ambientales y ciencias sociales, provenientes de México, España y Portugal.
“Es un ejemplar colectivo que da una visión interdisciplinaria sobre el aprovechamiento de residuos y su papel en la transición hacia modelos más sostenibles”, dijo.
Reafirmó que si bien el discurso de sostenibilidad y economía circular ha ganado presencia en los últimos años, los avances concretos aún son limitados, y al existir rezago “es importante articular prospección, políticas públicas y participación social”.
