En 2026, la salud corporativa en México enfrenta la presión de sostener beneficios médicos útiles en un entorno de costos crecientes. La Encuesta Global de Tendencias Médicas 2026 de WTW advierte que los costos de salud seguirán creciendo a doble dígito a nivel mundial y que América Latina registrará la aceleración más pronunciada, al pasar de 10.5% en 2025 a 11.9% en 2026. Para las empresas, el desafío es asegurarse de que pueda usarse de manera efectiva.

Ese cambio de enfoque obliga a revisar el papel del Seguro de Gastos Médicos Mayores y Menores dentro de los paquetes de compensación. Aunque sigue siendo una de las prestaciones más valoradas, su diseño responde principalmente a eventos de alto costo. La Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) ha señalado que estos productos cumplen una función distinta a la de los seguros de salud orientados a consultas, prevención y seguimiento médico. Una cosa es proteger ante contingencias mayores y otra, facilitar la atención cotidiana.

El problema aparece cuando la cobertura principal tiene barreras de entrada que desincentivan su uso. De acuerdo con la Radiografía de la salud laboral en México, elaborada por Sofía, 30% de las áreas de Recursos Humanos atribuye el bajo uso de estas coberturas a costos altos o deducibles elevados; 29% considera que no responden a necesidades reales, y 25% señala que los empleados no saben que existen o cómo funcionan.

“Durante años, muchas empresas evaluaron sus beneficios médicos por el costo de contratación, no por su nivel de uso. Hoy esa lógica empieza a cambiar, porque una cobertura con barreras altas puede parecer suficiente en papel, pero tener un impacto limitado en la práctica”, señala Sebastian Jimenez Bonnet, cofundador de Sofía.

Jiménez explica que una prestación subutilizada también pierde capacidad para incidir en bienestar, prevención y continuidad operativa. Bajo esa lógica, la sostenibilidad financiera ya no se mide solo por el monto de la prima, también cuenta la posibilidad real de activar la cobertura antes de que un problema médico escale en complejidad, costo y tiempo fuera de operación.

Ahí es donde el modelo de “cero deducible” tiene un papel clave. Al eliminar la barrera económica, facilita la atención desde etapas más tempranas y acerca la cobertura al momento en que realmente se necesita. Para las empresas, ese acceso a los servicios de salud puede traducirse en una prestación más accesible, pero también en una estrategia más funcional para atender necesidades frecuentes sin esperar a que se conviertan en casos de mayor impacto.

En un entorno de inflación médica persistente y mayor presión sobre los presupuestos corporativos, el modelo de cero deducible se perfila como una respuesta más alineada con tres exigencias del entorno laboral actual: acceso, uso y sostenibilidad financiera.

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