La falta de sueño se proyecta como una de las principales crisis de salud pública en los próximos 5 a 10 años, siendo calificada ya como una «epidemia» por organismos internacionales. Este problema, impulsado por el uso de tecnología, estilos de vida acelerados y factores socioeconómicos, tiene un impacto en la salud física y mental, afectando a más del 40% de la población mundial.
En el marco del Día Mundial del Sueño, a celebrarse el viernes 13 de marzo, la neuropsicóloga clínica y doctora en neurociencias de la conducta, Minerva Gutiérrez Martiñón, profesora del Colegio de Psicología de la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ), destacó que se trata un fenómeno natural y biológico, que ocurre a través de un proceso activo y se organiza mediante ciclos estructurados; no es simplemente de un estado pasivo de «apagado» del cerebro.
Explicó que el sueño es un estado fisiológico natural, cíclico y reversible, que nos permite desconectarnos un poco de los estímulos del ambiente y está asociado algunas de las funciones como la consolidación de la memoria, el regular algunos procesos metabólicos, inclusive, hasta con el descanso, procesos que favorecen el rendimiento o la actividad durante la vigilia.
Organizaciones como Naciones Unidas —cuyo lema de campaña de 2026 para el Día Mundial del Sueño es “Duerme bien, vive mejor: el sueño como pilar de la salud mental”—, proyectan que, para la próxima década, el abordaje del sueño no será solo una cuestión de descanso individual, sino una estrategia crítica para la sostenibilidad del sistema de salud y la calidad de vida poblacional.
“Dormir activa uno de los mecanismos más importantes de restauración del organismo, del que dependen la memoria, el metabolismo, la salud cardiovascular y la fortaleza emocional. Pese a ello, en una cultura dominada por la prisa y las múltiples obligaciones, el sueño suele relegarse como si fuera opcional”, aseveró la responsable del Laboratorio de Neurociencias de la UCSJ.
Según datos de la Facultad de Medicina de la UNAM, en México, más del 45% de los adultos padecen mala calidad del sueño o insomnio; 4 de cada 10 mexicanos sufren algún trastorno del sueño, con mayor prevalencia en zonas urbanas. El promedio de sueño es de 6 horas y 37 minutos.
La especialista destalló que el sueño se distingue por una actividad eléctrica cerebral particular y se divide en dos grandes fases: sueño no REM y sueño REM (siglas en inglés de movimientos oculares rápidos). El sueño no REM se compone de tres etapas: las dos primeras corresponden a un sueño ligero y la tercera a un sueño profundo. En esta fase, la actividad eléctrica del cerebro se vuelve más lenta y de menor frecuencia, lo que se asocia con el descanso físico.
En cambio, durante la fase REM la actividad eléctrica cerebral es más rápida y se asemeja a la que se presenta cuando estamos despiertos. Es en este momento cuando suelen aparecer los sueños más vívidos, en los que surgen imágenes, recuerdos y escenas relacionadas con la experiencia personal. A lo largo de la noche, el cerebro alterna entre estas fases en ciclos que se repiten aproximadamente entre cuatro y seis veces.
Lejos de apagarse, el cerebro permanece activo durante el sueño. En este estado se llevan a cabo procesos fisiológicos fundamentales, como el procesamiento de la información adquirida durante el día, el aprendizaje y la consolidación de la memoria. Por ello, dormir bien resulta clave para el rendimiento cognitivo. Los sueños vívidos, además, no son premonitorios ni necesariamente positivos o negativos: forman parte de un proceso natural del organismo que también se observa en otras especies.
Aunque algunas personas recuerdan sus sueños y otras no, el contenido de las ensoñaciones sigue siendo en gran medida un misterio. Existen teorías que intentan explicarlo, pero su interpretación suele depender de la experiencia subjetiva de cada individuo. Por ello, creencias populares —como que soñar con la caída de los dientes anuncia algo malo— carecen de fundamento científico; el significado de los sueños está más relacionado con la historia personal y las vivencias de quien sueña.
Al respecto, la inteligencia artificial ya está incursionando en el ámbito de los sueños, pasando de la teoría a aplicaciones prácticas que permiten registrar, visualizar e incluso influir en la actividad onírica a partir de la integración de neurotecnología con IA.
El sueño es fundamental porque permite al cerebro procesar la información del día, fortalecer el aprendizaje, regular las emociones y participar en la síntesis de ciertas hormonas. Sin embargo, para que realmente sea reparador no basta con dormir unas horas o tomar siestas ocasionales: es importante mantener una buena higiene del sueño, como descansar en un ambiente oscuro y tranquilo, evitar pantallas y líquidos antes de dormir y procurar horarios regulares para acostarse y despertarse.
En el marco de la Semana de la Concienciación sobre el Cerebro (Brain Awareness Week), campaña global celebrada cada marzo para educar al público sobre los beneficios de la investigación cerebral, actividad respaldada por Dana Fundation, el Colegio de Psicología realizará diversas actividades.
El día 18 de marzo de 9 a 11 horas, tendrá lugar el evento “¿Te gustaría ver tu cerebro en acción?”, donde los asistentes podrán ver en tiempo real la actividad eléctrica de su cerebro a través de actividades vivenciales. Actividad que requiere de un registro en el siguiente formulario: https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSfwHq9Wdb4Dcg3df-ROY0OERz8NV6IbmUOHN61jPsSAD12TNQ/viewform?usp=dialog
A las 13 horas se realizará la charla “Autismo y trastorno por déficit de la atención en la adultez: dificultades que no terminan en la infancia”, impartida por Armando Rodríguez Pulido. Media hora después, se llevará a cabo la ponencia “Psicofisiología de la teoría de la mente”, por Daniel Jerónimo González Sánchez.
