El reparto justo de las responsabilidades del hogar permite que todos sus miembros tengan más tiempo libre para actividades de ocio, desarrollo personal y relaciones sociales, lo que se traduce en una mejor calidad de vida, externó la académica de la Facultad de Trabajo Social de la UNAM, Cinthya Karina Castro García.
También genera un ambiente más armonioso y colaborativo, pues todos los integrantes se sienten valorados y corresponsables del bienestar del hogar, expuso al ofrecer la conferencia “Corresponsabilidad familiar y cuidados: responsabilidades compartidas”, organizada por el Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información.
Además, niños y niñas aprenden habilidades importantes para la vida, como responsabilidad, cooperación y trabajo en equipo, agregó la doctorante del posgrado de Ciencias Antropológicas de la Escuela Nacional de Antropología e Historia.
De igual forma, contribuye a superar los roles tradicionales de género y a promover la igualdad. Y en la medida en que se cuestiona la “masculinidad hegemónica”, más hombres participan de las actividades de cuidado, la crianza y el trabajo doméstico.
Castro García enfatizó que las nuevas masculinidades reconocen que no existe una única forma de ser hombre, sino una diversidad de experiencias con las cuales construyen su identidad y su rol en la sociedad.
Por ejemplo, de ser proveedores sin responsabilidades domésticas y figuras que imponen autoridad en la casa, ahora pueden desarrollar una relación cercana con sus hijas e hijos, compartir el rol de crianza con la madre, educar con el ejemplo e imponer una disciplina positiva.
Así, se busca cambiar realidades como las documentadas por la Organización de las Naciones Unidas, que en 2016 reportó que las mujeres realizaban, al menos, 2.5 veces más trabajo doméstico y de cuidado no remunerado que los varones.
Equilibrar deberes
En México, añadió, en 2020 cada una efectuó trabajo no remunerado en labores domésticas y de cuidados que alcanzó 69 mil 128 pesos anuales, mientras que cada hombre lo equivalente a 27 mil 175 pesos, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
Estos cambios de la masculinidad ayudan a crear sociedades más justas e igualitarias. Los integrantes de la familia pueden participar en estas actividades, de acuerdo con la etapa de vida en que se encuentran: las infancias en ordenar sus juguetes y ayudar con acciones básicas de limpieza; los adolescentes realizar las compras, limpiar o cuidar a sus hermanos menores, lo que les permite desarrollar su autonomía, prepararse para la vida adulta y fortalecer los lazos familiares.
Los adultos jóvenes deben equilibrar sus responsabilidades personales, académicas o laborales con las encomiendas domésticas y de cuidado; mientras que las personas mayores posiblemente necesiten de asistencia para algunas labores.
La experta universitaria detalló que existen indicadores para detectar las cargas de trabajo como son: porcentaje de tiempo dedicado a las tareas domésticas y de cuidado por género; número de horas destinadas a acciones específicas por integrante; percepción de la carga de trabajo; y la satisfacción con la distribución de las responsabilidades.
