El impulso que vive México en la producción de fármacos biológicos, vacunas, bioinsumos y otros productos sensibles demanda a fabricantes y operadores logísticos mantener las condiciones controladas de temperatura desde la planta hasta el destino final. En este recorrido, el transporte refrigerado concentra una parte importante del riesgo, ya que un producto puede iniciar su trayecto en condiciones óptimas y, horas después, quedar expuesto a variaciones térmicas que pueden comprometer su calidad y afectar la continuidad de la cadena de frío.
Datos de la FAO señalan que 13% de los alimentos producidos a nivel mundial se pierde por la falta de cadenas de frío adecuadas, entendidas como una red integrada de transporte y almacenamiento refrigerado capaz de mantener los productos dentro de las condiciones requeridas.
Una cadena de frío puede contar con cámaras refrigeradas, vehículos especializados y sistemas de monitoreo y, aun así, ser vulnerable ante una falla eléctrica, una avería en los equipos de refrigeración, una congestión carretera, un retraso aduanero o un evento climático extremo. Ante la posibilidad de este tipo de interrupciones, José Carlos Gómez, director de Ventas LAR Norte de Thermo King, señala que una cadena de frío resiliente requiere anticiparse a los riesgos, establecer mecanismos de respuesta y contribuir a que los productos continúen su recorrido sin perder las condiciones de conservación necesarias.
El traslado, uno de los puntos más vulnerables de la cadena de frío
Uno de los puntos de vulnerabilidad de la cadena de frío aparece durante el traslado de mercancías. Hasta 20% de los productos sensibles a la temperatura pueden resultar dañados durante el transporte cuando se rompe la cadena de frío, de acuerdo con datos citados por la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA).
El riesgo se explica, en buena medida, por las condiciones cambiantes que enfrenta la mercancía una vez que sale de una instalación. Mientras en estos espacios gran parte de las variables pueden conocerse y controlarse previamente, durante el recorrido, factores como el tráfico, las condiciones climáticas, los tiempos de espera o una falla en el sistema de refrigeración pueden alterar las condiciones de conservación.
Para el experto de Thermo King, disponer de una flota de transporte refrigerado es apenas una parte de la operación. Para contribuir realmente a la continuidad de la cadena de frío, el transporte debe integrarse a una estrategia que contemple cómo preservar las condiciones de conservación y cómo responder ante los imprevistos que pueden surgir durante el trayecto. Añade que “una cadena de frío resiliente exige algo más que infraestructura; requiere visibilidad para identificar los riesgos, capacidad de respuesta para actuar ante una incidencia y una estrategia orientada a preservar la continuidad térmica y operativa”.
Elegir una unidad con capacidad de refrigeración continúa siendo indispensable, pero una operación resiliente requiere pensar también qué sucederá si el trayecto dura más de lo previsto, si cambia la temperatura exterior, si existe una demora en la entrega o si una ruta debe modificarse.
Más visibilidad durante el trayecto, pero también más capacidad de reacción
La tecnología ha permitido avanzar de una supervisión basada únicamente en registros puntuales hacia un seguimiento más continuo de las condiciones en las que se transportan los productos en la cadena de frío. Herramientas telemáticas y sistemas de monitoreo en tiempo real están ayudando a tener visibilidad en tiempo real de variables como la temperatura, y permiten una mejor trazabilidad y control operativo para ayudar a las empresas a optimizar las flotas, proteger la carga y mejorar la toma de decisiones.
A partir de esta información, es posible generar alertas cuando alguno de estos parámetros se desvía de los valores establecidos y detectar una incidencia mientras ocurre, en lugar de identificarla hasta que el producto llega a su destino. La información también permite dar seguimiento a la ruta, registrar eventos como aperturas de puertas y consultar el estado de los equipos, lo que amplía la capacidad de supervisar lo que sucede durante el trayecto. Esta visibilidad durante el traslado de productos es primordial, ya que las condiciones pueden cambiar rápidamente y existen factores que escapan al control del operador.
“Sin embargo, la tecnología por sí sola no hace resiliente a una cadena de frío”, señala Gómez. En su opinión, “la resiliencia requiere combinar visibilidad, protocolos, infraestructura y capacidad de respuesta; una operación puede disponer de información en tiempo real y continuar siendo vulnerable si no existen procedimientos para actuar ante una alerta”.
Ante nuevos retos operativos, una cadena de frío resiliente necesita poner mayor atención en lo que ocurre durante el trayecto. El transporte refrigerado, apoyado en monitoreo en tiempo real, permite detectar incidencias antes de que comprometan la carga; sin embargo, la diferencia está en la capacidad de responder a tiempo. La resiliencia no depende únicamente de mantener la temperatura, sino de actuar antes de que la cadena de frío se rompa.
