POR: Rafael Cienfuegos Calderón

Que 50.3% de la población adulta esté descontenta e insatisfecha con el servicio que prestan las instituciones de salud pública -IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar- es preocupante. Denota estado de crisis en el Sistema de Salud por las fallas estructurales acumuladas en décadas pero que se agravaron con los gobiernos cuatroteros por los experimentos a los que se ha sometido para “supuestamente” mejorarlo.

Se trata de deficiencias en la atención a derechohabientes y no derechohabientes, del desabasto de medicamentos, insumos, instrumental y equipos de laboratorio, de inseguridad laboral de miles de enfermeras, médicos y administrativos, de déficit de ambos profesionales, de falta de especialistas, de bajos salarios y de insuficiente presupuesto para operar hospitales, clínicas y centros de salud.

Las quejas e insatisfacción se central en saturación y largas filas en hospitales y clínicas, falta y escasez de medicamentos, y deficiencias en la calidad de la atención médica general.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), publicó (21de mayo 2026) los resultados de la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) 2025 que señalan en relación la salud, que 50.3% de la población adulta está descontenta y reprueba el servicio que reciben.

En consecuencia -hay evidencias- la asistencia al IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar es menor a la demanda real dado que derechohabientes y millones de personas que se pueden beneficiar de la universalidad y gratuidad del servicio prefieren acudir a consultorios privados anexos a farmacias -que proliferaron durante la pandemia- aunque tengan que realizar un gasto de bolsillo para pagar médico y medicamentos.

Los datos del Inegi –que no de la oposición, no de los detractores del gobierno y no de grupos extranjeros intervencionistas- son contundentes, concisos y macizos.

La ENCIG 2025 del Inegi indica que la población satisfecha con el servicio del IMSS es de 43.3%; la del ISSSTE, de 45.9%; y la del IMSS-Bienestar, de 47%; seis de cada diez personas no se declaran satisfechas con la institución.

Ninguna institución pública alcanza 50% en disponibilidad de medicamentos. El IMSS registra 42.8%; el ISSSTE 42.3%; y el IMSS-Bienestar, 34.1%. Los datos de la encuesta contradicen la narrativa del 97% de abasto en los hospitales del IMSS o ISSSTE, o el 80% del IMSS Bienestar.

En el IMSS, 81.7% de los usuarios percibe clínicas y hospitales saturados; en el ISSSTE, 75.5% y en el IMSS-Bienestar el problema ronda el 70%.

Al desmenuzamiento de datos, Juan Manuel Lira, médico especialista y analista en salud (El Financiero, 02-06-2026) añade que los servicios estatales no federalizados tienen mejor calificación: 7.36 frente a 6.73 del IMSS-Bienestar; lo superan en medicamentos: 47.7% contra 35.3%; en médicos suficientes: 65.5% contra 58.4%; y en satisfacción: 57.3% contra 47%. Además, el pago privado por deficiencias en el IMSS-Bienestar es mayor: 55.7% contra 48.4%.

La narrativa oficial –opina- habla de gratuidad, abasto, médicos suficientes y más infraestructura. La experiencia del usuario muestra medicamentos insuficientes, saturación, gasto privado y satisfacción limitada. Es la distancia entre una política pública anunciada y una política pública vivida.

Este es el diagnóstico del sector salud luego de que se le quiso curar con tratamientos que fracasaron.

El Instituto de Salud para el Bienestar -que sustituyó al Seguro Popular- y ahora con el IMSS-Bienestar que pretende dar atención universal primaria gratuita a toda persona que la solicite a partir de 2027 en 12 mil 750 consultorios de 24 estados del país y proporcionar medicamentos básicos, expediente electrónico y traslado a hospitales en caso de padecimientos graves.

La megafarmacia que implicó un desperdicio de millones de pesos nunca operó y  las compras consolidadas de medicamentos desaparecieron.

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