En la industria aeroportuaria, los incidentes relacionados con falta de mantenimiento han convertido la infraestructura en un problema que rebasa el terreno técnico y comienza a ocupar un lugar relevante en la discusión sobre costos, capacidad y continuidad operativa.

En Estados Unidos, por ejemplo, el costo operativo directo de una aeronave de pasajeros alcanzó en 2025 un promedio de 98.41 dólares por minuto de operación, de acuerdo con Airlines for America. Al mismo tiempo, la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) advierte que la industria enfrenta crecientes presiones relacionadas con disponibilidad de equipos, mantenimiento y capacidad.

El problema adquiere otra dimensión por la interdependencia de las operaciones aeroportuarias. Una terminal funciona mediante cientos o miles de activos que deben operar de manera coordinada: bandas transportadoras, sistemas de clasificación de equipaje, escaleras mecánicas, aire acondicionado, plantas eléctricas, pasillos telescópicos y vehículos de apoyo en tierra.

La falla de uno de ellos puede retrasar el abordaje, impedir el movimiento de una aeronave, afectar la entrega de equipaje o provocar que un vuelo pierda su ventana de operación. El retraso puede entonces trasladarse al siguiente vuelo de la aeronave y extender sus consecuencias a otros aeropuertos.

“El mantenimiento aeroportuario suele permanecer fuera de la conversación hasta que algo deja de funcionar. Sin embargo, detrás de cada vuelo existe una infraestructura enorme que determina si una operación puede realizarse a tiempo. El desafío está en detectar una anomalía antes de que se convierta en una interrupción”, señaló Tomás Allen, VP de Fracttal en México, compañía tecnológica especializada en gestión inteligente del mantenimiento.

México ofrece un ejemplo de esta presión. El Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) mantiene oficialmente condiciones de saturación en sus edificios terminales y, en 2026, la autoridad estableció una capacidad máxima de hasta 46 aterrizajes y despegues por hora, sujeta a mejoras de infraestructura y condiciones operativas.

A ello se suma una creciente necesidad de conservación: tan solo entre 2022 y 2023 se destinaron más de 2,069 millones de pesos a intervenciones en pistas, plataformas, calles de rodaje, terminales y sistemas eléctricos y mecánicos, mientras que actualmente continúa un amplio programa de remodelación y mantenimiento.

En julio de 2026, por ejemplo, trabajos de mantenimiento en una sola calle de rodaje provocaron demoras en la salida de 31 vuelos.

La presión sobre estos activos ocurre además en un momento complejo para la industria aérea. IATA estima que los problemas de la cadena de suministro aeronáutica representaron costos superiores a 11,000 millones de dólares durante 2025. De ellos, alrededor de 3,100 millones correspondieron a mayores gastos de mantenimiento derivados, entre otros factores, del envejecimiento de las flotas.

“Aunque buena parte de este problema corresponde directamente a las aeronaves y sus componentes, para Fracttal el escenario evidencia una transformación más amplia: mantener disponible la infraestructura existente se ha convertido en una variable estratégica para la industria”, advirtió Allen.

Tecnologías como sensores conectados mediante Internet de las Cosas (IoT) y sistemas de IA permiten analizar variables como temperatura, vibraciones, consumo eléctrico o comportamiento de motores y bombas. En lugar de esperar a que un activo se detenga, los sistemas pueden identificar patrones anormales y advertir sobre una posible falla.

Plataformas como Fracttal utilizan estos datos para generar alertas y programar intervenciones antes de que ocurra una avería. De acuerdo con datos de la compañía, la aplicación de modelos de mantenimiento predictivo puede reducir hasta 50% los tiempos de inactividad no programados e incrementar entre 20% y 40% la vida útil de determinados activos.

La paradoja aeroportuaria es que no siempre el activo de mayor valor representa el principal riesgo para la operación. Una aeronave valuada en decenas de millones de dólares puede permanecer inmóvil porque un equipo terrestre de una fracción de ese valor dejó de funcionar.

“Cuando una infraestructura trabaja prácticamente las 24 horas, esperar a que algo falle para intervenir deja de ser una estrategia viable. El mantenimiento predictivo permite transformar información técnica en decisiones operativas y financieras”, concluyó el especialista.

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