Con la intención de conocer mejor los fetiches, y no quedarse con la idea de que lo que más se comenta es lo que más interesa, JOYclub, la plataforma de contenido que promueve la sexualidad positiva para personas adultas, en colaboración con el Instituto Mexicano de Sexología (IMESEX), llevaron a cabo una encuesta a 7,009 mexicanos de las 32 entidades federativas con edades de entre 18 y 89 años*.
El cuestionario incluyó 33 intereses distintos, desde partes del cuerpo hasta objetos y situaciones o estímulos. El resultado que más sorprende son los sonidos, como la voz o la respiración, los cuales puntuaron más alto que las dinámicas de poder (de las primeras cosas que vienen a la mente cuando se habla de fetiches). Dicho de otra forma, un tono de voz o un jadeo puede excitar más que un juego de dominación.
En partes del cuerpo, destacan la boca, los labios y la lengua, por encima de nalgas y los pies, pese a su fuerte presencia en las conversaciones sobre fetiches. En objetos, los juguetes sexuales le tomaron ventaja a la ropa interior y al látex. De igual forma, dentro de los intereses con mayor puntuación se encuentran los olores corporales, el abdomen y las texturas físicas al tacto.
Las diferencias entre hombres y mujeres fueron mínimas en la mayoría de los rubros. Nalgas, ropa interior, medias, pies y axilas puntuaron más alto entre los hombres; manos, dedos, brazos y antebrazos, entre las mujeres. La orientación sexual sumó otros matices: brazos y antebrazos gustan más entre hombres gay y mujeres heterosexuales, piernas pesa más entre hombres heterosexuales y mujeres lesbianas, y las axilas resultaron más interesantes tanto para hombres gay como para mujeres lesbianas que para sus contrapartes heterosexuales.
El 71.0% de las personas ha incorporado sus intereses fetichistas a su vida sexual real, mientras que solamente el 7.6% los necesita para excitarse. Entre quienes reconocen tener un interés fetichista, 73.4% lo asocia con placer y satisfacción, y apenas 1.1% reporta malestar significativo; casi seis de cada diez dijeron que nunca les ha interferido en su vida cotidiana o en sus relaciones.
Contarlo en pareja funcionó bien para la mayoría: 56.2% recibió apertura y disposición a explorar por parte de su pareja, 20.2% curiosidad sin participar activamente, y solo 4.4% incomodidad o rechazo. La conversación previa, sin embargo, no siempre ocurre: apenas 41.6% dijo que siempre la tiene antes de probar algo nuevo. El consentimiento explícito, en cambio, obtuvo una de las calificaciones más altas de todo el estudio, con un promedio de 4.77 sobre 5.
40.9% ha participado, en algún momento, en una comunidad kink. El beneficio mejor valorado entre ellas fue aprender prácticas más seguras, junto con lo que compartieron sobre consentimiento y negociación en las respuestas abiertas del cuestionario. Esas mismas respuestas dejan ver otra cara del tema: el miedo a que un interés fetichista se lea como enfermedad, trauma o anormalidad, el temor al rechazo, y peticiones repetidas de más información y de espacios con menos juicio social.
Los resultados del estudio buscan abrir una conversación libre de prejuicios. Porque hablar de fetiches también es una parte de construir una sexualidad mucho más consciente.
