POR: Rafael Cienfuegos Calderón

Morena, con apenas 15 años en la vida política de México, tiene vicios, comportamientos y mañas de viejo partido. Es proclive a la antidemocracia, al dedazo, a la violación de la legislación electoral, al tráfico de influencias, al nepotismo, al autoritarismo, al despotismo, al cobijo de políticos corruptos y a tener nexos –supuestos- con grupos del crimen organizado.

Es parecido a los viejos Revolucionario Institucional (PRI) y Acción Nacional (PAN), con los que no se compara porque como dijo su fundador y líder moral “no son iguales”. Aunque, la realidad, lo muestra peor.

A pesar de los pesares, Morena tiene una fuerza política innegable que elimina a los partidos políticos y está a punto de convertirlo en heredero de la hegemonía que ostentó el PRI, el otrora partido todopoderoso.

El joven partido gobernante ha adoptado y acentuado vicios tradicionales de partidos antiguos; replica tácticas del «viejo sistema» político; designa por dedazo candidatos; protege y defiende a gobernadores y miembros distinguidos de acusaciones de corrupción; usa recursos públicos para sus campañas y se vale  del reparto de dinero en efectivo para mantener una clientela electoral.

El partido gobernante y la inventada Cuarta Transformación incurren en las mismas prácticas que prometió combatir y aunque sus dirigentes, militantes, simpatizantes y defensores rechazan ser lo que son y ser iguales a los otros, los electores observan como la excesiva concentración de poder por carecer de contrapesos se plasma en abuso de poder.

Y por más que digan y argumenten que sus candidatos para el 2027 se definen en procesos internos limpios a través de encuestas populares y que las acusaciones de corrupción o vínculos delictivos forman parte de campañas de desprestigio promovidas por sus adversarios, el desprestigio por su antidemocracia y corrupción lo tiene ganado a pulso.

Si no, a qué obedeció el llamado de Alfonso Durazo, presidente del Consejo Nacional de Morena, a sus casi 12 millones de militantes, a no caer “en la vulgar pelea de los cargos” durante la celebración de 15 años de vida en la política mexicana que se realizó el día 7 en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México.

A qué, la petición de que su conducta debe sustentarse en la “congruencia, honestidad, humildad y madurez política”.

A qué, la advertencia de que siendo la fuerza política con mayor escrutinio los errores en que incurran serán amplificados y aprovechados por los opositores.

Morena es el joven viejo de la política contemporánea de México y lo acepte o no nada tiene de extraordinario ni de diferente en comparación con sus opositores PRI y PAN, pues es una réplica de ellos.

Lo diferente es que en estos momentos es un partido exitoso, con amplia presencia territorial, con una maquinaria electoral bien aceitada y con amplias posibilidades de imponer su supremacía sobre la oposición, igual que como por más de 70 años lo hizo el viejo PRI.

Otro aspecto es que siendo mayoría legislativa ha aprobado leyes para favorecerse sin importar que viole la Constitución.

Para esta semana, por ejemplo, tiene previsto aprobar dos reformas: una que crea una nueva Ley de Impugnaciones Electorales y otra para modificar diversos lineamientos sobre la organización de los comicios, aunque la Carta Magna establece que cualquier modificación a las reglas electorales debe realizarse tres meses antes del inicio de cualquier proceso y el actual comenzó el 10 de septiembre.

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