Avanzar hacia una economía circular en México requiere ir más allá de la recolección y el reciclaje para fortalecer la articulación entre los distintos actores que participan en la cadena de valor y generar las condiciones que permitan mantener los materiales en circulación durante el mayor tiempo posible, señaló Mayra Hernández, directora de Asuntos Gubernamentales y Regulatorios de ECOCE, durante su participación en el 3er. Foro Enfoque de Sostenibilidad.
En el encuentro, que reunió a representantes de distintos sectores para analizar los retos y oportunidades de la sostenibilidad, Hernández destacó que la economía circular implica una transformación en la manera en que se producen, utilizan, recuperan y reincorporan los materiales.
“Uno de los retos más relevantes es justamente que los sectores se empiecen a articular de una manera mucho más consolidada para implementar la responsabilidad en diferentes productos que no están al mismo nivel de madurez”, señaló.
Desde esta perspectiva, el desafío para México no consiste únicamente en incrementar los volúmenes de recuperación, sino en construir cadenas de valor capaces de dar un nuevo uso a los materiales recuperados, de acuerdo con sus características, infraestructura disponible y posibilidades de reincorporación.
De la recolección al aprovechamiento
La experiencia de ECOCE durante más de dos décadas muestra la importancia de esta coordinación. La directora explicó que “el modelo desarrollado por la organización comenzó con un esquema voluntario de la industria de bebidas para impulsar la recuperación de envases y empaques postconsumo y, con el tiempo, ha incorporado a empresas de la industria de alimentos y otros materiales, como los empaques de plástico flexible, que son las envolturas, envases y empaques hechos de diversos tipos de plásticos que no tienen una forma rígida.
En este proceso, la organización ha buscado facilitar la coordinación entre empresas y otros actores para fortalecer los mecanismos de recuperación y aprovechamiento.
“Nosotros propiamente articulamos y facilitamos ese aprovechamiento, pero tenemos alianzas para ello; no podemos hacerlo solos”, afirmó Hernández.
Uno de los ejemplos más representativos es el PET, material en torno al cual la creación de infraestructura, sistemas de recuperación y mercados de valorización permitió pasar de una lógica centrada en el residuo a otra en la que el material recuperado puede reincorporarse a nuevos procesos productivos.
El siguiente reto es llevar esta experiencia a otros materiales, considerando que no todos cuentan con el mismo nivel de madurez, infraestructura, demanda o posibilidades técnicas y económicas de aprovechamiento.
“No solamente se trata de infraestructura y de aplicación de política pública, sino también de que todos los miembros de la cadena de valor permitan esa competitividad”, explicó.
Esta evolución requiere, además, la participación de los consumidores. La separación adecuada desde el punto de generación facilita los procesos posteriores de recuperación y aprovechamiento, por lo que la corresponsabilidad debe estar presente a lo largo de toda la cadena.
Así, industria, autoridades, consumidores, organizaciones especializadas y demás actores tienen una función complementaria en la construcción de modelos que permitan recuperar materiales y reincorporarlos a la economía.
El reto de llevar la economía circular a lo local
La articulación también será relevante ante la evolución del marco regulatorio en materia de economía circular. Durante su participación, Hernández destacó que la próxima implementación de la Ley General de Economía Circular representa una oportunidad para consolidar los avances que se han desarrollado en México, pero también plantea el reto de traducir sus principios en acciones aplicables a las distintas realidades del país.
“La Ley General de Economía Circular va a tener que escalarse, pero también va a tener que aterrizarse en lo local, que es muy importante, porque hay sectores que son muy diversos”, apuntó.
México cuenta con experiencias y capacidades desarrolladas durante años en materia de gestión integral de residuos y aprovechamiento de materiales. Sin embargo, las condiciones pueden variar significativamente entre regiones, sectores y cadenas de valor, por lo que la implementación de nuevas disposiciones requerirá considerar las capacidades existentes y las necesidades específicas de cada contexto.
Para ECOCE, esta evolución representa una oportunidad para consolidar los modelos que han demostrado resultados, ampliar el aprovechamiento hacia otros materiales y fortalecer la colaboración entre los diferentes actores de la cadena.
La transición hacia una economía circular, concluyó Hernández, dependerá de la capacidad de cada sector para asumir su responsabilidad y, al mismo tiempo, trabajar de manera coordinada con los demás.
“Todos los que están aquí básicamente van a tener que ponerle un poco de su parte. Entonces, definitivamente, me parece que el reto es seguir consolidando esta articulación”.
