Con la participación de Erica Valencia, directora general de México por el Clima; Clara Brugada Molina, jefa de Gobierno de la Ciudad de México; y Allegra Baiocchi, coordinadora residente de las Naciones Unidas en México, este martes se inauguró el encuentro central de México por el Clima 2026 en Papalote Museo del Niño. La apertura puso en el centro la necesidad de integrar la acción climática con la protección de la naturaleza y transformar la colaboración entre sectores en soluciones concretas.
Durante su intervención, Erica Valencia destacó que los desafíos ambientales están profundamente conectados: hablar de agua implica hablar de bosques; abordar la alimentación exige considerar los suelos; y construir ciudades resilientes requiere proteger los territorios que las sostienen.
“La naturaleza no es un tema más de nuestra agenda de desarrollo, es la infraestructura que hace posible nuestra economía y nuestra vida”, expresó.
Valencia señaló que la sede del encuentro refleja ese propósito: el Bosque de Chapultepec recuerda la naturaleza que sostiene a la ciudad, mientras que Papalote Museo del Niño representa a las generaciones para quienes se construye el futuro. Desde ese espacio, invitó a fortalecer una red de cooperación que permita conectar ideas, capacidades y recursos para impulsar la transformación ambiental.
Por su parte, Clara Brugada destacó la urgencia de convertir los compromisos en acciones y de asumir la responsabilidad de proteger el futuro de las próximas generaciones. “La justicia ambiental es también justicia intergeneracional”, sostuvo, al llamar a transformar las formas de producir, consumir, trasladarse y habitar las ciudades.
La programación de este martes también incluyó el panel “Datos que deciden: de la corazonada al impacto medible”, con la participación anunciada de José J. Reyes, director de Carbono de Toroto. La propuesta del encuentro puso el foco en la importancia de contar con datos rigurosos, fortalecer la rendición de cuentas y aprender del trabajo en territorio para orientar la acción ambiental hacia resultados medibles.
La inclusión alimentaria fue otro de los temas presentes entre las voces participantes. En una conversación durante la jornada, Raquel Picornell Dillon, fundadora y directora de México Sin Alérgenos, compartió el trabajo que realiza la organización en favor de las personas con alergias alimentarias, celiaquía y otras necesidades dietéticas especiales.
Picornell destacó la necesidad de que la industria alimentaria responda a estas necesidades mediante opciones aptas e información clara. Señaló que el etiquetado debe acompañarse de un trabajo constante de educación y capacitación sobre gluten y alérgenos, que involucre a profesionales de la salud, a quienes preparan alimentos y a las personas cuidadoras en los hogares.
Su participación incorporó una dimensión cotidiana de la inclusión: que las personas con restricciones alimentarias puedan encontrar opciones adecuadas y participar en espacios de convivencia. Este enfoque amplía la conversación sobre el futuro de la alimentación al considerar las distintas necesidades de quienes consumen los alimentos y de quienes los preparan. Más información sobre esta labor está disponible en México Sin Alérgenos.
La jornada también abordó el financiamiento de la adaptación en el panel “Del riesgo climático a la resiliencia empresarial: Diagnóstico y acción”, donde representantes de Santander México, FIBRA Macquarie, PNUD, Marsh México y WRI México analizaron la importancia de contar con indicadores verificables, cuantificar los riesgos e identificar proyectos que puedan acceder a recursos.
Entre la medición del impacto ambiental, el financiamiento de la adaptación y la inclusión alimentaria, los distintos espacios reunieron perspectivas que conectan los grandes compromisos con decisiones concretas en empresas, comunidades y hogares.
“Que una idea encuentre financiamiento, que una comunidad encuentre aliados”, expresó Erica Valencia durante la inauguración. Con esa aspiración, México por el Clima 2026 continuará sus actividades para propiciar encuentros que se conviertan en proyectos y alianzas duraderas, con el cuidado de la naturaleza y de las personas como propósito compartido.
