En un momento en el que la inteligencia artificial está transformando la manera en que las personas trabajan, consumen contenidos y se relacionan, las experiencias presenciales están adquiriendo un nuevo valor como espacios de conexión, pertenencia y comunidad.
Este fue el eje de la participación de Omar López Escarpulli, Chief Revenue Officer (CRO) de OCESA, en WIRED Futures 2026, encuentro que reunió en la Ciudad de México a líderes de distintas industrias para conversar sobre el impacto de la tecnología y la inteligencia artificial en el futuro.
Durante la ponencia The Return to Real: por qué la era de la IA está aumentando el valor de las experiencias humanas, López Escarpulli abordó una de las grandes paradojas de la transformación digital: cuanto más digital se vuelve el mundo, mayor valor adquieren aquellas experiencias reales, compartidas e irrepetibles que ninguna pantalla puede sustituir.
La conversación retomó hallazgos de The Return to Real, reporte global de Live Nation basado en investigaciones entre consumidores y fans de distintos mercados. Entre sus principales resultados, 93% afirma preferir las experiencias reales frente a las digitales, 80% elegiría gastar en experiencias antes que en cosas materiales y 84% considera que la música en vivo es una de las experiencias que más lo hace sentirse vivo.
Para López Escarpulli, estos resultados no representan un rechazo a la tecnología, sino una revalorización de la experiencia humana. En un entorno en el que los algoritmos pueden personalizar contenidos y la inteligencia artificial puede generar imágenes, voces y música, la experiencia en vivo mantiene atributos difíciles de replicar digitalmente: presencia, simultaneidad y la posibilidad de compartir un mismo momento con miles de personas.
De las audiencias a las comunidades
La participación abordó también el papel de los artistas como generadores de comunidad. Más allá de producir música, los artistas construyen identidad, significado y cultura alrededor de comunidades que encuentran en conciertos y festivales una de sus expresiones presenciales más poderosas.
De acuerdo con los datos que se presentaron, 85% de los fans asiste a eventos de música en vivo para sentirse parte de algo más grande que ellos mismos, una señal de que el valor de estas experiencias no radica únicamente en el entretenimiento, sino también en la posibilidad de conectar y pertenecer.
Desde la perspectiva mexicana, López Escarpulli abordó cómo esta tendencia se manifiesta también en la relación entre las audiencias y las marcas. Los datos para México muestran que 88% de los consumidores valora los programas de marca que los hacen sentirse parte de una comunidad, 82% prefiere programas de lealtad que pueda compartir con amigos y familiares y 89% de los asistentes muestra mayor lealtad hacia marcas que ofrecen experiencias exclusivas y no únicamente descuentos.
En México, esta tendencia ya puede observarse en las estrategias de distintas instituciones financieras que ofrecen acceso anticipado a conciertos, festivales y recintos como un beneficio para sus clientes, convirtiendo el acceso a experiencias en un elemento de diferenciación y pertenencia.
La ponencia cerró con una reflexión sobre el valor que puede adquirir la conexión humana conforme avance la tecnología. La inteligencia artificial seguirá evolucionando, los algoritmos serán cada vez más sofisticados y una proporción creciente de la vida continuará ocurriendo en entornos digitales.
Sin embargo, cada avance tecnológico también puede incrementar el valor de aquello que no puede digitalizarse: la emoción de estar ahí, la energía de una multitud y la sensación de pertenecer.
“La inteligencia artificial puede personalizar una experiencia, pero no puede replicar la energía que surge cuando miles de personas viven el mismo momento simultáneamente por primera vez. En la era de la IA, la conexión humana puede convertirse en uno de nuestros recursos más valiosos”, señaló López Escarpulli.
