Los reflectores de uno de los mayores eventos deportivos de escala global ya se apagaron, pero las ciudades que lo recibieron siguen moviéndose. Calles, cruces peatonales, ciclovías y señalización requieren soluciones capaces de mantener su desempeño en el tiempo y contribuir de forma constante a una movilidad más clara, segura y eficiente.
Cuando una ciudad recibe un acontecimiento deportivo de alcance internacional, la atención suele concentrarse en estadios, aeropuertos y sistemas de transporte. Sin embargo, la experiencia de una ciudad también ocurre a ras del suelo. Miles de personas cruzan una calle sin conocerse, pero comparten algo fundamental: la necesidad de entender su entorno en cuestión de segundos. Cruces peatonales, ciclovías y señalización forman parte de esa infraestructura cotidiana que ayuda a orientar y ordenar los desplazamientos.
Cuando los reflectores se apagan, esa necesidad permanece. Los cruces siguen recibiendo peatones, las ciclovías continúan delimitando espacios y las marcas sobre el pavimento siguen expuestas al tránsito, al clima y al desgaste. Por ello, el valor de una intervención urbana no depende únicamente de responder a un momento de alta demanda, sino también de cuánto tiempo puede continuar cumpliendo la función para la que fue diseñada.
El reto cobra especial relevancia en un contexto en el que la seguridad vial continúa siendo una preocupación. En México, durante 2025 se registraron más de 380,000 accidentes de tránsito terrestre en zonas urbanas y suburbanas, 1.4% más que un año antes, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). En este escenario, la señalización deja de ser un elemento meramente técnico: cuando está bien diseñada y aplicada, facilita la orientación, ayuda a reducir riesgos y refuerza mensajes como la prioridad peatonal y la accesibilidad universal. Una ciudad que se entiende es una ciudad que se mueve mejor.
Para que ese lenguaje común siga funcionando, las marcas viales también necesitan mantener su visibilidad y resistir el uso continuo. Una señalización que conserva su desempeño durante más tiempo puede reducir la necesidad de intervenciones frecuentes y contribuir a aprovechar de manera más eficiente los recursos destinados a su mantenimiento.
La ciencia de materiales tiene un papel concreto en este desafío. El reto no es únicamente que una marca vial sea visible cuando se aplica, sino que conserve esa función frente al tránsito, el clima y el paso del tiempo, y que las intervenciones puedan realizarse sin mantener una vialidad fuera de operación más tiempo del necesario. Esta lógica ha impulsado el desarrollo de recubrimientos que buscan durar más, secar con mayor rapidez y facilitar el trabajo de quienes los aplican. Es el caso de DURATRACK, una solución desarrollada por Dow que combina resistencia al desgaste y visibilidad a lo largo del tiempo con tiempos de secado rápidos y una formulación base agua que facilita su manejo y limpieza durante la aplicación.
“La innovación también ocurre a ras del suelo. Una buena señalización no solo mejora la movilidad, sino que ayuda a construir ciudades más seguras, accesibles y preparadas para el futuro”, señaló Iván Trillo, líder de recubrimientos para Dow México.
Los grandes acontecimientos pueden acelerar transformaciones en una ciudad, pero su valor no termina junto con el evento. También está en la capacidad de esas mejoras para integrarse a la vida cotidiana y seguir haciendo más claros, seguros y eficientes los recorridos de quienes utilizan la ciudad todos los días. Desde la ciencia de los materiales, Dow busca contribuir a ese propósito con tecnologías que ayuden a extender el desempeño de la infraestructura cotidiana y acompañar la evolución de una movilidad más segura y eficiente.
