La Responsabilidad Extendida del Productor (REP) está tomando distintas formas en Latinoamérica, de acuerdo con las condiciones regulatorias, económicas y sociales de cada país. En el caso de México, el reto no parte de construir estos esquemas desde cero, sino de escalar y fortalecer la experiencia que durante más de dos décadas se ha desarrollado mediante la colaboración entre industria, autoridades y sociedad.
Así lo señaló Mayra Hernández, directora de Asuntos Gubernamentales y Regulatorios de ECOCE, durante su participación en el Foro Clúster de Empaques del Instituto de Capacitación e Investigación del Plástico y del Caucho (ICIPC), donde presentó la charla “Responsabilidad Extendida del Productor en Latinoamérica: Marcos Normativos y su Impacto en el Empaque Plástico”.
El encuentro reunió experiencias de distintos países de la región como Brasil, Chile, Colombia y Argentina lo que permitió analizar las diferencias y coincidencias en torno a los marcos regulatorios, los sistemas de gestión, las metas de recuperación y los mecanismos de cumplimiento asociados con la REP.
México: una experiencia construida desde la colaboración
Durante su participación, Mayra Hernández explicó que la experiencia mexicana tiene una particularidad: muchos de los avances en materia de gestión de envases y empaques posconsumo se han desarrollado bajo esquemas de colaboración y participación voluntaria de la cadena de valor.
“En México no partimos de cero. Durante más de 20 años hemos construido esquemas de colaboración para gestionar los envases y empaques posconsumo. Lo que estamos viendo ahora es la oportunidad de escalar esa experiencia, institucionalizarla y llevarla a otros materiales y sectores”, explicó.
ECOCE inició sus actividades en 2002 con el objetivo de impulsar la recuperación y reciclaje de envases, particularmente de PET. Con el tiempo, su trabajo se ha ampliado hacia otros materiales y hacia una visión de economía circular que busca fortalecer los mercados para los materiales recuperados y su reincorporación a las cadenas de valor.
De acuerdo con Hernández, uno de los principales desafíos consiste precisamente en generar condiciones de mercado que permitan que los materiales recuperados encuentren una demanda suficiente y constante, además de desarrollar mecanismos que hagan más eficiente su trazabilidad y aprovechamiento.
La participación de ECOCE ocurrió en un momento de transformación del marco regulatorio mexicano. La Ley General de Economía Circular, publicada en enero de 2026, establece mecanismos para incrementar la vida útil de los productos, minimizar, recuperar, aprovechar y valorizar residuos, así como para coordinar las atribuciones de los distintos órdenes de gobierno. La legislación incorpora además la REP como uno de los mecanismos para impulsar la circularidad.
La Ley establece que los sectores productivos deberán desarrollar productos con diseño circular cuando sea ambiental, técnica y económicamente viable, así como implementar políticas y mecanismos de economía circular bajo esquemas de REP conforme a los acuerdos generales de implementación y, en su caso, convenios de concertación.
Ante este nuevo escenario, Hernández destacó la importancia de que la implementación de la legislación considere las condiciones reales de cada sector, los mercados existentes y la capacidad de los distintos actores para cumplir con las nuevas disposiciones.
“La regulación es una pieza fundamental, pero para que estos modelos funcionen también necesitamos considerar cómo se comportan la oferta y la demanda de los materiales, qué infraestructura existe, cómo participan los municipios y cuáles son las capacidades de cada región. La implementación tiene que ser viable en términos ambientales, técnicos y económicos”, señaló.
La especialista de ECOCE explicó que México cuenta con antecedentes importantes que pueden contribuir a esta nueva etapa, entre ellos los planes de manejo y distintas iniciativas desarrolladas por la industria para la recuperación y aprovechamiento de materiales.
En el caso del PET, por ejemplo, México cuenta actualmente con alrededor de 30 plantas de reciclaje, reflejo de una infraestructura que se ha desarrollado junto con el crecimiento de los sistemas de recuperación de este material.
El reto ahora es extender esta experiencia hacia otros materiales y sectores, con mecanismos que permitan establecer metas alcanzables, sistemas de reporte y trazabilidad eficientes y esquemas colectivos que faciliten la gestión para los sujetos obligados.
Hernández también destacó la importancia de incorporar a los distintos integrantes de la cadena de valor, incluyendo a los recolectores y recuperadores que forman parte de la economía del reciclaje en México.
“En México tenemos una realidad que debemos reconocer: existe una cadena de valor que lleva años trabajando y que incluye a la industria, los municipios, los consumidores y también a quienes recuperan materiales. Si queremos que los sistemas sean efectivos, necesitamos construir mecanismos que reconozcan esta realidad y que permitan que todos puedan participar”, afirmó.
Otro de los retos identificados durante la participación de ECOCE es la diversidad regulatoria y operativa que existe entre las entidades federativas y los municipios.
La nueva Ley General de Economía Circular contempla la coordinación entre los distintos órdenes de gobierno y establece mecanismos para avanzar hacia una política nacional de circularidad.
En este contexto, Hernández subrayó la necesidad de acompañar a las entidades federativas en la comprensión de las nuevas disposiciones y en la identificación de mecanismos que sean compatibles tanto con el marco federal como con las condiciones locales.
“Cada estado tiene sus propias particularidades y capacidades. Por eso, además de establecer una regulación nacional, necesitamos diálogo y coordinación para entender qué es factible y conveniente en cada territorio”, explicó.
Una agenda que requiere colaboración regional
Para ECOCE, el intercambio de experiencias entre países latinoamericanos permite identificar diferentes caminos para avanzar hacia modelos de REP y economía circular.
El Clúster de Empaques del ICIPC reúne a productores de resinas, fabricantes de empaques y etiquetas, marcas y representantes de la academia, con el objetivo de fortalecer capacidades, transferencia de conocimiento, innovación y sostenibilidad en la industria de empaques plásticos. Entre sus líneas de trabajo se encuentran el ecodiseño, la reciclabilidad y la economía circular.
“La transición hacia la economía circular en México va a requerir participación coordinada. Pero también es importante reconocer que el país ya tiene experiencia, infraestructura, conocimiento y cadenas de valor que se han construido durante años. El siguiente paso es aprovechar lo que ya existe, fortalecerlo y generar las condiciones para que pueda crecer y llegar a otros materiales y sectores”, concluyó Mayra Hernández.
La participación de ECOCE en este foro permitió compartir la experiencia mexicana y, al mismo tiempo, conocer las soluciones y desafíos que enfrentan otros países de Latinoamérica, en una conversación que resulta cada vez más relevante para el futuro de los empaques y de las cadenas de valor regionales.

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