La forma en que los mexicanos imaginan su retiro revela una brecha creciente entre expectativa y preparación financiera. Mientras 67.3% de la población considera que seguirá trabajando durante la vejez, solo cerca del 50% prevé sostenerse mediante una pensión o jubilación, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024.
La situación es más relevante al observar los hábitos de ahorro. Según la Encuesta de Competencias Financieras 2024 del Banco de México, únicamente 15% de los hogares mexicanos tiene como objetivo financiero ahorrar para el retiro, cuatro puntos porcentuales menos que en 2023.
Esta realidad también se refleja en los instrumentos que hoy utilizan las personas para prepararse financieramente para esa etapa. Solo 42.2% de la población cuenta con una Afore y, dentro de ese universo, apenas 7.9% realiza aportaciones voluntarias. Por otro lado, menos de 3% posee un plan privado de retiro.
Para Luis Morales, director técnico y Oferta de Salud y Vida en AXA México, el desafío no radica únicamente en ahorrar más, sino en diversificar las fuentes que sostendrán el ingreso durante la vejez. «Los sistemas de retiro más sólidos a nivel internacional comparten una característica: no dependen de una sola fuente de ingresos. La experiencia de países como Países Bajos, Dinamarca e Islandia muestra que la combinación de pensiones públicas, ahorro laboral y mecanismos individuales complementarios ayuda a construir una mayor resiliencia financiera para la jubilación», explica.
Desde esta perspectiva, el debate sobre el retiro trasciende la acumulación de recursos. También implica evaluar qué tan vulnerable puede ser una estrategia de ahorro ante eventos que alteren la capacidad de generar ingresos durante la vida laboral.
La fragilidad silenciosa de los planes de retiro
 
Cuando las personas diseñan un plan financiero para el largo plazo, suelen concentrarse en variables como rendimiento, plazo o beneficios fiscales. Sin embargo, con frecuencia dejan fuera una pregunta fundamental: ¿qué ocurriría con ese ahorro si una enfermedad, una invalidez o un fallecimiento impidieran continuar con las aportaciones previstas?
Los Planes Personales de Retiro (PPR) pueden contratarse a través de distintos vehículos financieros, como fondos de inversión, bancos o aseguradoras. Aunque todos comparten el objetivo de generar recursos para el retiro, las diferencias entre ellos suelen hacerse visibles precisamente cuando el plan enfrenta una interrupción inesperada.
«La conversación sobre el retiro suele enfocarse en cuánto ahorrar. Pero también debemos pensar en qué mecanismos permiten que ese proyecto financiero continúe incluso cuando cambian las circunstancias de vida de una persona. El riesgo más importante para un plan de largo plazo no siempre es la volatilidad del mercado; muchas veces es la imposibilidad de seguir alimentándolo», señala Morales.
En el caso de los PPR contratados mediante aseguradoras, algunos esquemas incorporan elementos de protección que buscan preservar los objetivos de ahorro ante eventos adversos. Entre ellos pueden encontrarse beneficios como indemnización y exención de aportaciones en caso de invalidez, protección para los beneficiarios por fallecimiento y componentes de ahorro garantizado que ayudan a mitigar la exposición a la volatilidad financiera en los años cercanos al retiro.
Más allá del instrumento elegido, la planeación para el retiro exige responder dos preguntas distintas pero inseparables: cuánto capital será necesario acumular y qué tan preparado está ese plan para mantenerse en pie cuando la realidad no siga el camino previsto.

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